Capítulo 15

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Había llegado el día. Ese día sería presentada oficialmente como la prometida de Lord Thomas Edward Leinster, Marqués de Dorset.

Estaba nerviosa, por supuesto. Pero también agotada: estos últimos días habían sido una completa locura para ella, puesto que su madre y su futura suegra la habían tenido de un lado a otro con los preparativos del baile para el anuncio de su compromiso y algunos preliminares para la boda que cada día estaba más cerca.

Si así había sido solo para un baile, no quería imaginarse cuando se adentraran de lleno en los preparativos de la boda.

Y ese era el motivo por el que ahora se hallaba recostada en un canapé en la pequeña salita de su habitación en compañía de su querida amiga Alicia y su doncella Ammelie, quienes habían sido su escape de los costantes ajetreos en los que su madre y su suegra la involucraban. No paraban de recordarle que tomara todo esto como una lección para cuando le tocara a ella organizar sus propias veladas de marquesa.

-¿Sabes? Hoy estás muy pensativa, ¿sucede algo? -Preguntó suavemente Alicia a su amiga pelirroja.

-Si, si. Es solo que... a veces siento que esta situación me supera. -Dejó escapar un largo suspiro.

-¿Podrías ser más específica? -Volvió a preguntar la rubia.

La aludida dio una larga respiración antes de comenzar a hablar.

-Es que siento que todo está sucediendo muy deprisa, no se sí me entienden. -Las presentes asintieron por toda respuesta. -Para Thomas todo ha sido más fácil porque el siempre se supo comprometido desde la infancia, pero a mí me ha tomado más tiempo aceptarlo. Yo nunca me he considerado especialmente romántica, pero debo aceptar que en algún lugar muy dentro de mí, esperaba un cortejo algo más... -se quedó en silencio buscando la palabra adecuada. -más...

-¿Lento? ¿Menos forzado? ¿Por gusto propio? -La ayudó Alicia.

-Algo así... y saber de un momento a otro que estoy prometida, que en poco tiempo se realizará la boda... siento que todo está pasando mas rápido de lo que puedo asimilarlo.

La habitación se quedó en silencio por unos segundos, luego, la dama siguió hablando.

-Y también está esta cuestión de que no logro dejar de sentirme forzada a algo que aún no sé si deseo y que además me traerá muchas responsabilidades. No es lo mismo vivir aquí a pasar a tener mi propio hogar y todas las cosas que debe hacer una marquesa y mucho menos una acorde al rango de Thomas.

-Vaya amiga tienes mucho en qué pensar, te envidio porque ese prometido tuyo en verdad es muy guapo y demasiado rico y poderoso, pero tienes razón. Creo que ese es el precio que debemos pagar nosotros los nobles por la forma en que vivimos. -Se encogió de hombros la rubia.

Elise no dijo nada, ni siquiera la miró. En cambio Amelie la miró entendiendo perfectamente esas palabras. Ser un noble, era el sueño de muchos plebeyos, y si era de un rango alto y muy rico, mucho mejor. Pero lo que muchos de ellos ignoraban era lo que realmente sucedía al interior de esas lujosas mansiones y castillos.

Matrimonios forzados, desprecio por no concebir un heredero varón, maridos maltratadores, estar expuesta siempre a la opinión y el desprecio de los demás, fingir simpatía por personas horribles, cumplir siempre con el deber (incluso por encima de la felicidad propia), una vida de apariencias... La lista podía seguir creciendo, pero Alicia tenía razón, ese era el precio que debían pagar los nobles por la forma en que vivían. Y ese era un precio que Amelie no estaba dispuesta a pagar, ni por todos los vestidos, joyas y comodidades que pudieran ofrecerle.

***

-¿Estás lista Marie? 

Lawrence la esperaba recargado en el umbral de la puerta de su habitación, mientras Amelie terminaba de retocar su peinado y darle los últimos toques a su maquillaje.

Una Libertina PrometidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora