2

11.2K 668 86
                                        

El molesto ruido del despertador hizo que saltara de mi cama, me acerque corriendo a él y lo apague antes de que siguiera sonando, es un ruido irritante.

Me dirigí al baño y me di un breve baño. Al salir, solté mi cabello rubio para dejarlo secar con el aire ya que me molesta un montón tener que usar secador por la mañana. Abrí la puerta de mi armario y me puse lo primero que encontré, unos jeans ajustados pero cómodos, unas ballerinas negras, una blusa blanca y un simple suéter negro. No me maquillo porque me gusta estar siempre natural, además siempre que me maquillo se me olvida que lo estoy y me lo arruino todo estrujándome la cara.

Tomé mi bolso, mis llaves y mi teléfono celular. Salí de mi departamento.

Me fui caminando hasta la universidad que no quedaba muy lejos, pero luego me arrepentí ya que todos en la calle, principalmente los hombres, se quedaban mirándome.

Al llegar a la universidad me dirigí a mi primera clase, diseño gráfico, hicimos lo básico, presentarnos lo que somos nuevos y etcétera. Todo fue normal hoy, nada estaba fuera de lo normal, aunque las personas no eran tan amables.

Me pare frente a la universidad esperando a que un taxi pasara, no quería regresar sola no mucho menos a pie a casa después de lo que paso esta mañana.

Sentía el extraño presentimiento de una mirada sobre mí, pero no hice caso, eso había sido normal el día de hoy, pero eso fue hasta que me encontré con los ojos de esa persona, de un hombre. Estaba del otro lado de la calle sentado en un muro mirándome, aparte la mirada ya intimidada por los ojos de aquel enorme hombre de cabello desordenado. De repente vi como el castaño se paró y cruzo la calle sin mirar a los lados, sentía un extrañó estremecimiento en mi interior con cada paso que daba, se paró frente a mí y puede sentir como los pelos de mi nuca se erizaron, era un hombre increíblemente guapo.

– ¿Estas esperando a alguien? – Hablo con voz ronca y provocándome un cosquilleo en mi estómago.

– Si, bueno, eso creo – Balbucee y mire brevemente todo su cuerpo. Era enorme, llevaba unos pantalones de chándal negros y un simple abrigo del mismo color de sus ojos ajustado a su cuerpo que marcaban unos enormes y fuertes músculos.

– ¿Eres nueva por aquí? – Hablo relajado, enarco las cejas. Sentía como mi corazón de aceleraba con cada palabra que este extraño decía.

– Sí, me mude hace una semana – Subí la miraba y vi como sus ojos grises miraban los míos analíticamente.

– Por este sector no pasan taxis, preciosa – Hablo sonriendo de costado con cierta pizca de ironía en su voz.

– Oh – Baje la miraba incomoda. Sentía sus ojos clavados en mi pequeña anatomia – No sabía ese dato – Jugué con mis dedos.

– Vives muy lejos?

– No, a unas ocho cuadras – No me atrevía a mirarlo a los ojos, era intimidantes.

– ¿Y por qué no te vas a pie? No está lejos – Hablo irritado – Mírame a los ojos – Me ordenó con voz firme provocando que mi cuerpo se estremeciera de pies a cabeza, no tuve más remedio que mirar sus grises y penetrantes ojos. No reflejaban nada de dulzura, ni mucho menos buenas intenciones. – No bajes la mirada cuándo te hablo – Dijo entre dientes.

– Lo siento – Pestañe. Sus ojos se habían oscurecido, pero solo fue por un momento, luego volvieron a ser los mismos que los del principio.

– Te acompañare a tu casa – Dio media vuelta y miro atrás brevemente – No sé dónde vives, preciosa – Sonrió sarcástico.

– Oh, cierto, perdón – Balbucee. Escuche una risa ronca a mis espaldas. Perfecto, había quedado como una estúpida frente a él.

Este hombre me incomoda, no podía evitar la sensación de nerviosismo y miedo estando frente a él. Me sentía estúpida y estaba actuando como estúpida, es algo que es inevitable una vez miras esos ojos, te sacan de órbita, hacen que te pierdas en ellos y te olvides de todo lo demás, y eso no me gusta.

– ¿No es aquí? – Hablo haciendo que saliera del trance que estaba teniendo, voltee, estaba parado frente a un pequeño edificio de cuatro pisos, y lo peor de todo es que era el mío. Fruncí el ceño.

– ¿Cómo sabes que este es mi edificio? – Camine hacia él y lo miré confundida. Sus ojos se tornaron divertidos y una sonrisa se asomó por sus labios.

– Conozco este estado como la palma de mi mano – Unos tiernos hoyuelos aparecieron en sus mejillas.

– Bueno… Muchas gracias – Di media vuelta dispuesta a entrar al pequeño edificio cuando su ronca voz llamo mi atención.

– Hunter – Pronunció. Lo miré confundida – Mi nombre es Hunter, ¿Tu cómo te llamas, preciosa? – Sonrió de costado.

– Brooke – Sonreí o eso intente.

– Hasta luego, Brooke – Me guiño un ojo y comenzó a caminar hacia la dirección por donde vinimos.

Con los pies temblorosos me acerque a la entrada del lobby y obviamente entre, al llegar a mi piso que era el último, metí la llave en la cerradura con la mano temblorosa, me veía patética, al entrar a mi piso recargué mi cuerpo en la puerta, dando un gran suspiro me deje caer hasta el piso.

Ese chico me había robado el aliento, me había dejado atontada. Quería saber más de él. Dios mío, es  hermoso, había visto hombres hermoso y sexys en mi vida, pero este rompió el hielo, joder, su cabello castaño desordenado, sus labios rosados y rellenos, ojos grises, enigmáticos y distractivos, sonrisa seductora y espantosa, es intimidante y sexy, una mezcla explosiva. Necesitaba volverlo a ver, y lo volveré a ver, era un hecho, pero tengo pocas probabilidades, aunque nadie sabe si le intereso y venga a verme (Sueña Brooke).

El ruido de la puerta hizo que saliera de mi trance y me espantara, rogué para que sea el diciéndome que quería una cita o algo por el estilo. Abrí la puerta y desafortunadamente no era el, era un mensajero con un gran paquete detrás de él. Fruncí el ceño.

– ¿Señorita Brooke Johnson? – Pregunto el viejo gordete viendo unos papeles en su mano.

– Si – Dije confundida e intente sonreír, estaba enojada porque no era Hunter.

– Firme aquí – Me extendió un bolígrafo y una hoja de papel con muchas letras. Lo firme y le devolví la hoja y el bolígrafo.

– ¿Puedo pasar? – Preguntó poniéndose detrás del gran paquete.

– Claro – Me hice a un lado y abrí la puerta de par en par para que el paquete entrara sin problemas.

– ¿Quién ha enviado esto? – Pregunté admirando el gran paquete.

–  Matt Lewis – Dijo mirando otra vez las hojas.

Sonreí, Matt era mi novio, tiene veintitrés años, es actor y vive en Los Ángeles.

–  Tome – Me entrego un papel y se dirigió a la puerta.

– Gracias – Le dedique una sonrisa, este hizo lo mismo y dio la vuelta para dirigirse a los ascensores.

Rápidamente cerré la puerta y me dedique abrir la caja. Era un gran oso de peluche y en una de sus manos sostenía una bolsa de regalo. Tome la bolsa y mire su contenido. Una caja de zapatos y dentro de ella unos tacones negros con incrustaciones de diamantes falsos, eran hermosos. Dentro de la caja había un sobre, abrí el sobre y leí el escrito.

Perdón por no visitarte ni llamarte, he estado muy ocupado con un nuevo libreto, estaré en la nueva película de Jerry Hart, prometo llamarte cuando no esté ocupado. Espero que te gusten estos hermosos regalos, te los he comprado con mucho amor. Te ama… Matt x.

Senti en mis mejillas algo quemándolas, sonreí de oreja a oreja y abrace el sobre. Amaba tanto a Matt, era tan caballeroso y romántico. Mire el gran oso de peluche y con un gritillo salte a él, cayéndole encima, es tan suave y olía al perfume de Matt, seguro él lo había abrazado. Me reí al imaginarme un chico como Matt abrazando un oso de peluche.

Damnific ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora