—Gracias por las galletas, Eli.
—Oh, cariño, sabes que adoro hornearlas para ti.
Además—comienza nuevamente a hablar mientras su figura se pierde rumbo a la cocina— sé que a zayn también le encantan— regresa con un taper repleto de más galletas por las que su amigo babearia al verlas.
—No te equivocas, me recuerda que le lleve algunas cada vez que me invitas a merendar.
—Entonces será mejor que también venga la próxima vez— propone Eli, emocionada por que a más personas le gusten sus galletas.
Louis está seguro que el morocho no dudará en venir la próxima tarde que su vecina hornee aquellas masas dulces que tanto le gustan.
Pero la única duda que daba vueltas en la cabeza del ojiazul era ¿la próxima vez vería de nuevo al rizado?
(...)
Había pasado una semana y dos días desde aquel día.
Nueve días en los que Harry y Louis únicamente se habían cruzado en los pasillos del edificio y no hacían más que saludarse desde lejos con tan solo una sonrisa o un asentamiento de cabeza. Las inseguridades del ojiazul le imposibilitaban acercarse al rizado mientras que la timidez de Harry lo acobardaba a último momento y se conformaba con verlo tan solo unos segundos por los pasillos.
Pero esa mañana fue distinta porque el despertador de Louis se averió y no sonó a la hora que debía, y ninguno de sus amigos había pasado la noche en casa como para despertarlo antes de irse a la universidad.
Sus pequeñas piernas corren de un lado a otro sin parar intentando atar los cordones de sus zapatillas mientras cepilla sus dientes, debe apresurarse para llegar a tiempo a su primera clase del día. Ni siquiera ha desayunado pero poco le importa en estos momentos, se promete a sí mismo que comerá algún bocadillo rápido en el transcurso de la mañana.
Si Liam estuviera aquí en este momento y viera como Louis se está yendo sin desayunar, probablemente lo regañaría como una mamá a su hijo pequeño y le daría un sermón explicándole porque el desayuno es la comida más importante del día y no se la debía saltear.
Se asegura de guardar en uno de los bolsillos de su mochila el dinero suficiente para ese prometido bocadillo y mientras se termina de acomodar las azas en los hombros, sale disparado por las escaleras del edifico rumbo a la salida. Baja apresurado sin prestar mucha atención a su paso y el choque contra el cuerpo de otra persona frente a él lo desorienta por completo, provocando que pierda el equilibrio y casi se caiga de bruces al suelo si no fuera por unos agiles brazos que lo sostuvieron por la cintura antes de que eso pasara.
—Ey, ey, con cuidado— las mejillas de Louis se encienden al escuchar la voz grave del rizado, quien se asegura de que los pies del ojiazul estén firmes en el suelo antes de soltarlo.
—S-sí sí, lo siento. Es que me quedé dormido y mi primera clase empieza en veinte minutos, se me hará tarde si pierdo el metro— explica atropelladamente.
El chico de ojos verdosos no lo piensa dos veces— Si quieres puedo alcanzarte hasta la universidad, mi amigo tiene auto y está esperándome abajo. Yo solo volví a subir por unos libros que olvidé.
—Eso sería estupendo, ¿estás seguro que a tu amigo no le importa? quiero decir, es su auto— duda unos segundos.
—No, claro que no— le asegura Harry antes de subir de dos en dos los pocos escalones que le faltaban para llegar a su departamento y recoger los libros que había olvidado.
Bendito sea el maldito despertador que había decidido averiarse esa mañana y la mente olvidadiza de Harry.
Quizás el destino había hecho de las suyas.
(...)
Mientras Harry le pregunta a su amigo si podían llevar al ojiazul hasta su universidad, Louis se esconde tras el cuerpo del rizado.
—Ey, ven— se da vuelta su vecino, quien le ha abierto la puerta trasera del auto y con un gesto de cabeza le indica que suba.
Tímidamente se sienta detrás del asiento del conductor y mientras se abrocha el cinturón, saluda— Hola, hum, s-soy Louis.
—Ey, hola. Soy Niall— se presenta el rubio, aunque sus raíces delatan su castaño natural— ¿estudias en la facultad de medicina, cierto?
—Así es, estoy haciendo la rama de pediatría— el ojiazul supuso que Harry se lo había dicho anteriormente cuando le preguntó si podían llevarlo.
—¿Estudias en la Queen Mary?— pregunta Niall, a lo que Louis asiente tímidamente— ¡yo también estudio allí! entonces dejaremos primero a Harry en su facultad, ¿o tienes prisa?
—No, no. Claro que no— miente.
—En realidad, las clases de Louis comienzan en veinte minutos— se apresura a decir el rizado.
El ojiazul siente hasta el borde de sus orejas calentarse cuando el rubio se da vuelta para mirarlo— ¿por qué no me avisas, tonto? iremos primero a nuestra universidad y le dejaré el auto a Harry para que vaya a la suya— sin dar tiempo a objeciones pone en marcha el auto y comienza a conducir.
(...)
—A las dos en punto te quiero aquí, Harry ¡y cuida a mi bebé!— Niall se baja de un portazo que aturde a Louis, quien se toma unos segundos más para bajar del auto.
—Gracias por traerme, has salvado mis clases— el ojiazul comprueba en su celular que aún faltan cuatro minutos para que empiecen.
El rizado solo sonríe en respuesta— ¿A que hora terminan?
—Mi última clase termina dos y media— hace una mueca, odia los jueves. Se sienten interminables y pensar que mañana también debe madrugar lo pone de mal humor.
Un par de segundos después, finalmente se despide del rizado. Toma coraje y se inclina hacia el asiento del conductor, donde Harry ya se había acomodado, y besa rápidamente su mejilla. El portazo que da Louis al bajar, lo hace reaccionar y observa como la pequeña figura del castaño se pierde entre la multitud de alumnos, quien avanza entre codazos hacia su salón con las mejillas levemente sonrojadas.
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El sobrino de la vecina
FanfictionEN PROCESO | Fanfic Larry Stylinson. Es en un departamento del centro de la ciudad de Londres; donde Louis vive junto a sus dos mejores amigos. Luego de que sus papás lo echaran de casa hace cinco años, cuando tan solo era un niño de diecisiete años...