Mucho tiempo ha pasado desde que Tanjiro se alejó de sus vidas. Las hermanas Kocho y el Cuerpo de Cazadores de Demonios deben seguir con la lucha de los demonios y la amenaza de las Doce Kizuki, sin embargo más allá de todos esos problemas un peligr...
Era una sensación bastante extraña, el miedo desde que empezó a cazar demonios desapareció pero en lo que vio de forma reciente volvió a surgir.
Ignoró el echo de que seguía en la escuela. Fue a las escaleras para llegar a la azotea. La caída sería larga pero debía salir ¿Tenía algún motivo para hacer eso? No, su cuerpo solo se movía por instinto así que saltó sin miedo alguno.
Cuando necesitaba aclarar sus pensamientos lo único que le ayudaba era entrenar así que tenía que volver a casa por sus espadas.
Haciendo uso de su Danza del Dios del Sol estilo Relámpago no tardó mucho en llegar a casa. Subió apresurado hasta su habitación y se acostó en la cama.
No había echo memoria de todo lo que ocurrió ni pensado en que eran las lunas intermedias.
Aunque quisiera tener una vida normal no podía y lamentablemente iba aceptando el echo de que olvidaba que su hermana era un demonio, el también lo era, no tenía brazo izquierdo y que los demonios seguían ahí, escondidos sin mostrarse.
—¡AAAAAAA!–
Gritó por frustración al no saber lo que quería o que debía hacer, parecía que perdió el camino y su destino.
¿Sería algo por la pubertad? Era todo tan confuso para él.
—Ya me duele la cabeza...
Sin ganas se levantó y buscó entre su armario ropa para vestirse. En su mochila guardó sus espadas y bajó con dirección a la cocina.
—Tu eres la única droga que consumo.
Comenzó a beber del bote de leche saborizada para después ir a la puerta.
—El abuelo Urokodaki enserio estaría muy molesto conmigo, me salto las clases, ya casi no le hablo, ni a Makomo ni a Sabito... ¿Porqué todo es tan diferente ahora?–
Ya no era ese pequeño con mente de niño que hace un año llegó a la ciudad, ahora era un hombre el cual ya tenía muchas preocupaciones que antes no pensó tener.
Kanae, Kanao, Nezuko y sobre todo Shinobu. A pesar de amarlas con todo su corazón olvidó por completo su principal objetivo...
—Qué hago ¿Debería ir a hablar con Shinobu San acerca de que me siento muy confundido y celoso?–
Que complicado era ser casi un adolescente...
Cerró la puerta tras de el para ir a caminar por las calles de su ciudad sin rumbo alguno.
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La música era un excelente medio para aclarar todo en sus pensamientos. Aislado de los sonidos exteriores y moviendo las piernas por instinto.
Vueltas y vueltas, los colores del panorama variaban hasta que aquel cielo azulado se iba degradando a uno color negro el cual venía acompañado con unos infinitos puntos blancos muy brillantes.