Celos

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Fukuzawa llegó cansado a casa, los casos que habían llegado a la agencia últimamente habían sido agotadores, el estrés y la presión que provocaba trabajar de la mano con los policías y sus trámites burocráticos siempre le drenaban la energía.

-¿Cómo te fue?-pregunto Mori saliendo de bañarse.

-Por fin termino la tortura- dijo desde la cama, acostado boca abajo- Los policías tienen su propia manera de actuar, no son nada sin sus protocolos y escritos.-girándose para quedar boca arriba- Algo que se podría solucionar simplemente entrando a una casa sorpresivamente, no se puede hacer con ellos, si no tienen una hoja de papel aprobada por sus jefes no pueden hacer nada-suspiro- las ventajas de ser detective es que tienes más libertades que ellos.-mirando a Mori, ponerse su pijama- ¿y a ti?.

-Ahora que has estado muy ocupado y tuve que ser quien recogiera a los niños de la escuela he podido conocer mejor a los padres de los compañeros de nuestros hijos.- sentándose en la cama- algunos son agradables.

-¿quieres seguir con esa rutina?-el albino enarco una ceja.

-Si-sonrio- salirnos de ella puede ser beneficioso, además eso significa que te tocaría cocinar- dándole un beso- y tu eres muy bueno eso.

-¿halagandome?-Con su mano lo jalo provocó, quedando el pelinegro sobre de él-¿tanto quieres seguir recogiendo a los niños?.-sus ojos azules parecieron brillar- intenta persuadirme un poco más.

-Creí que estabas cansado

-No, para ti.

A la mañana siguiente iniciaron con su rutina nueva rutina, siendo el pelinegro el encargo de llevar y traer a los niños, actividad que Mori disfrutaba, pasar tiempo con los niños le encantaba.

-Hola, nos vemos de nuevo- saludo una voz a su espalda.

-Hola-girándose para saludar, al reconocer la voz- parece ser que ya estás acostumbrándote a tu nueva vida.

-Solo han sido unos días, pero ya me siento que me estoy adaptando bien, el lugar bonito y agradable.

-Te entiendo a la perfección-sonrió- hace unos años, cuando viví en el extranjero me tomó tiempo adaptarme a todo.

-Si no mal recuerdo, ¿viviste en Alemania, verdad?- preguntó el hombre rubio.

-Si, estudie y trabaje ahí por un tiempo, después decidí regresar a casa...

-¿Ya no ejerces como doctor?- cruzándose los brazos

-Ja,ja,ja, ya no- negó con las manos- tuve unos conflictos con el gobierno y decidieron quitarme la cedula profesional.

Fukuzawa ya estaba en estrés, el trabajo que antes se le juntaba en el escritorio ahora se había esfumado, con el tiempo de sobra decidió por regresar pronto a casa, pero no sin antes querer pasar a la escuela de los niños, si se apresuraba podía llegar antes de su salida y regresar todos juntos a casa. Llegó a la escuela y pudo notar que en el área de padres estaba Mori, conforme se fue acercando noto que hablaba con alguien más, más se acercó, sus pasos ligeros se transformaron en unos más directos y firmes.

-¿Creí que irías directo a casa?-hablo Mori al notar la presencia de Fukuzawa.

-Decidí mejor acompañarte-se acercó y le dio un beso a modo de saludo-espero no interrumpir tu conversación-miró de reojo al rubio.

-No te preocupes, te presento a Francis Scott Key Fitzgerald.-dirigiéndose al rubio- y este es Fukuzawa Yukichi, mi esposo.

-Mucho gusto- ambos se estrecharon las manos.

La guardería fukumoriHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora