Capítulo 2: El viaje

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—¿Ya estás lista? —preguntó papá mientras terminaba de meter una maleta en el baúl del auto—Debemos recoger a Erika, así que, apresúrate.

—Si, solo deja subo por mi cangurera, papá.

Subí las escaleras rápidamente y tomé lo último que debía llevarme para mi viaje.

Estaba echándole un último vistazo a mi habitación que extrañaré mucho en los próximos años. Sobre todo echaré de menos a mis padres, a mi abuela, a mis cuatro bellas tortugas, a mi perrito Panchito y a mis amigas Nora y Becca, de quienes nos despedimos una noche antes.

Quisimos hacer un pequeño almuerzo de despedida con nuestras familias para celebrar y pasar un buen tiempo juntos, probablemente el último en mucho tiempo.

Los padres de Erika tenían unos trámites especiales el día de ahora en su empresa, lo que dificultaba poder ir a dejarla y el día de ayer mi padre dijo que él nos llevaría a ambas.

Salimos temprano con mis padres y luego de acomodarnos en el auto con Erika dentro, nos dirigimos al aeropuerto, para no retrasarnos con todos los trámites y el vuelo.

Antes de poder ingresar al período de revisión y trámites respectivos para el vuelo, caminamos hacia uno de los restaurantes dentro del edificio, el Pollo Campero. Una de las tradiciones de los salvadoreños, antes y después de un viaje, es comer en el lugar. Así que, como todas buenas chicas, orgullosas de sus raíces, y amantes de la comida del establecimiento, habíamos planeado comer ahí con mis padres.

Luego de que mis padres pagaran la cuenta, bajamos hacia la zona donde debíamos ingresar para los procedimientos previos al viaje.

—No olvides avisarnos cuando aterricen y cuando estén instaladas en algún sitio. Estén alertas y presten mucha atención a su alrededor. — Me suplicaba mi madre.

—Además, estaremos buscando otros lugares para que ustedes puedan rentar. Intenten consultar a la Universidad si aún tienen cupos para la residencia en el campus. —comentó mi padre.

—Prometemos hacerlo. Los voy a extrañar mucho —Comencé a llorar.

Nunca me había separado de mis padres y esta vez sentía mucho miedo de hacerlo. Nos abrazamos por un rato y ellos también se despidieron de mi amiga, la querían como si fuese otra hija. A decir verdad, yo la quería como la hermana que nunca tuve. Ella también estaba triste. Lloramos juntos antes de despedirnos por completo.

—¿Lista amiga? —Le pregunté a Erika mientras tomábamos las maletas para ingresar al aeropuerto.

—Lista. —Suspiró, tomó mi mano derecha y juntas caminamos hacia la entrada.

Hicimos nuestras paradas respectivas. Pasamos por todas las revisiones del equipaje, control de documentación y aún con lágrimas en los ojos seguimos caminando tomadas de la mano.

El pasillo para abordar el avión, era extenso. Cada paso que dábamos era un nivel de nerviosismo que atravesábamos.

Buscamos nuestros asientos luego de los procedimientos de rutina. Abordamos el avión con un poco de tiempo de sobra. Una vez sentadas en nuestros respectivos lugares, charlamos un poco, sin embargo, nos vimos interrumpidas por una linda chica de cabello castaño.

—Número veintitrés, —dijo en voz baja—, ¡si este es! —dirigió su mirada hacia nosotras y saludó— ¡Hola!, al parecer ustedes serán mis compañeras de viaje.

—¡Hola! —saludamos al unísono con Erika.

—Sí, eso parece, acomoda tu maleta y siéntate. —Le sonreí.

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