CAPITULO 38

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Siempre he defendido la idea de que el cerebro es, sin duda alguna, el sistema más interesante, complejo y complicado del organismo humano. Es poderoso y a la vez tan frágil, está tan lleno de misterios y al mismo tiempo ha sido el que más se ha encargado de darles respuestas a la ciencia. 

Fascinante, sí. Hermoso, obviamente. Pero tenerlo como enemigo, es lo peor que te puede pasar. 

Tener de enemigo a tu cerebro es traer el infierno a la tierra. Pactar con el diablo. Hipotecar tu casa a un banco. Osea, es lo peor. 

Yo atravesé por estas pequeñas grandes guerras mentales al momento en que le sugerí a Lalisa que siguiera viviendo conmigo, a pesar de que nuestra relación había terminado.

Me había prometido demostrarle a Lalisa que podía dejar mi obsesión con perderla y mis celos extremos, como ella los llamaba, pero mi cerebro no me ayudaba pues de manera incesante me repetía "VE Y ARREGLA LAS COSAS DE OTRO MODO". 

Luego de esos pensamientos empezaba el debate mental de "Pero si lo hago...", "Pero y si no...", "¿Lalisa ya no me ama?", "¿Si pago a un sicario para que asesine a Nayeon, mis problemas terminarán?" y yo sólo quería que mi cerebro se callara. 

Sin embargo, frente a Lalisa yo sentía que estaba actuando bastante bien. 

Los primeros días fueron los más difíciles. Era extraño no besarnos, ni toquetearnos durante el desayuno, no ducharnos juntas o evitar llamarnos de formas amorosas. 

Y aunque eso de por sí sonaba mal, cuando regresamos a clases sobrellevar el tema se hizo más complicado. 

Las pocas personas de nuestro círculo social estaban casi tan acostumbradas como nosotras mismas a nuestra relación. Me preguntaban por Lalisa cuando no estábamos juntas, o me comentaban lo tiernas que les habían parecido las fotos, que yo había publicado en las redes sociales, de nuestro paseo por Disney. 

No sabía cómo responder a aquellas cosas sin revelar que en realidad ya no estábamos juntas, y un día simplemente, estando prácticamente a mi lado, Lalisa lo dijo. 

De una forma natural. 

Sin detenerse a explicar, sin hacer pausas al hablar, como si estuviera dándole la hora a alguien. 

Señalando al final que estábamos "tomándonos un tiempo". 

Yo alcancé a mover la cabeza en señal de afirmación y sumirme en un sofocante silencio. 

Tampoco podía reclamárselo, se suponía que estábamos en buenos planes y lo último que quería era empezar una discusión que terminara por arruinar las ruinas de nuestra relación.

Así de trágico como eso suena. 

Ya había pasado más de un mes cuando Lalisa empezó a salir con otras personas. No lo hacía en plan amoroso, pero sus citas no eran precisamente chicas que sólo buscaban su amistad. 

Sí, Nayeon era una de ellas. La pesada de Nayeon, por supuesto, había que hacer enojar realmente a Rosé. 

Y Rosé realmente se enojaba. 

Sí, la frustración del recuerdo me obliga a narrarme en tercera persona. 

Jennie era mi informante sobre Lalisa, sobre sus citas y sobre lo que sentía por mí. Ella siempre me repetía "Ella te ama Roseanne", "Sólo ten paciencia", "Entiendo cómo te sientes"...

Algo interesante pues ella, inicialmente, no apoyaba demasiado nuestra relación y ahora prácticamente estaba actuando de mediadora. 

Ryujin no comprendía lo que pasaba, no entendía la decisión de Lalisa, pero tampoco la cuestionaba. 

COLORS (Chaelisa)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora