Capítulo 13: Giro del destino

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Dulce le dio un sorbo al café que tenía entre las manos mientras Sofía le hablaba animada sobre su vida. Era una chica muy bella, pensó. Su pelo era de un color negro lustroso y largo, el cual contrastaba con el pálido tono de su piel blanca y su rostro ovalado alojaba unas finas facciones, resaltadas por un sutil maquillaje. Con no más de 24 años, la paisajista ya contaba con su propia empresa de diseño, asociada con dos de sus hermanas mayores.

Desvió la vista hacia la terraza de su departamento para ver a Christopher, quien charlaba animadamente con su hermano mientras este último fumaba un cigarrillo. Andrés y Sofía habían visitado la capital un mes después del anuncio de su compromiso, pues él debía concretar unos negocios y su prometida lo acompañó. Al enterarse, Dulce no tardó en proponerle a Christopher que invitara a su hermano a cenar al departamento que compartían y su novio accedió de buen humor.

Aunque al principio de la velada estaba muy nerviosa por encontrarse nuevamente con Andrés y que él trajera a colación a Anahí, ahora que la reunión estaba próxima a terminar podía sentirse tranquila y afirmar que la había disfrutado, ya que en ningún momento el nombre de la rubia fue mencionado. A veces sentía que a su ex-mejor amiga se la había tragado la tierra, pues desde aquella llamada que tuvo con Christopher, en la que afortunadamente no lograron comunicarse bien, Anahí no había vuelto a llamar ni a dar señales de vida, lo cual la aliviaba por un lado, pero también la preocupaba y le hacía preguntarse si ella estaría bien allá en París.

Al sentir la mirada de Dulce sobre él, Christopher miró por encima del hombro de Andrés para encontrarse con aquellos ojos color avellana que lo venían enamorando desde el día que los vio por primera vez. Le guiñó un ojo con picardía y una sonrisa ladeada, logrando que un color tan rojo como su cabello le tiñera las mejillas a su novia y le sonriera también.

—Están muy enamorados —opinó Sofia con admiración.

—¿Disculpa? —respondió Dulce, volviendo a centrar su atención en la chica a su lado, quien sonrió enchinando los ojos.

—Christopher y tú —le explicó—. Se nota que se aman mucho.

Una suave risita se escapó de los labios de Dulce al sentir que lo que escuchaba era cierto y solo asintió con la cabeza.

—Andrés y tú también se ven muy enamorados —dijo finalmente.

—Ahí donde lo ves, le costó mucho conquistarme —dijo levantando el mentón con falsa fanfarronería, logrando que las dos rieran. Luego se retractó—. Bueno, en verdad no tanto, pero sí me rehusé mucho a estar con él.

—¿Por qué?

—¡Porque somos tan diferentes! —le explicó abriendo mucho los ojos—. Él es un hombre estructurado, que planifica, con sus negocios y sus reuniones en grandes salas y oficinas. ¡Yo soy caótica! —rió—. Cada día hago algo distinto, no planeo nada y creo que podría morirme si tengo que cumplir horarios de oficina —suspiró—. Mi familia estaba segura de que no era el hombre para mí. Esperaban a alguien más como yo, un espíritu libre. Y creo que por darles en el gusto a ellos, lo rechacé por mucho tiempo. Pero cada vez que lo hacía sentía que algo estaba mal, ¿sabes?.

—La clave del fracaso es agradar a todo el mundo —dijo Dulce con nostalgia, al recordar que era una frase que Anahí siempre le decía al aconsejarla.

—¡Exacto! —afirmó con emoción y luego se encogió de hombros—. Finalmente me rendí ante mi misma, acepté que Andrés era el hombre de mis sueños y que ningún otro podría hacerme feliz.

—¿Y tu familia? ¿qué pasó con ellos?

—Pues tuvieron que aguantarse. Además, solo hizo falta una cena para que Andrés los conquistara a todos con su simpatía y encanto —rió—. Seguro no tengo ni que explicartelo, ya vi que Christopher es igual. Tus padres deben estar encantados con él.

Ella o yoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora