Capítulo 2: Héroe Byroniano vs Edipo

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Capítulo 2: Héroe byroniano vs Edipo

No seas un fastidio,

Se mi amor secreto, cariño.

Lana Del Rey; Summer Bummer

Eran casi las dos de la mañana e Ichiji supuso que todos habían decidido ir a dormir, pero él no, su garganta estaba seca y picaba por un poco de agua, así que se encontró bajando las escaleras de pizarra mientras miraba su reflejo por las interminables paredes de vidrio. No se preocupaba por hacer silencio, los pasillos eran amplios y el espacio entre las habitaciones también lo era.

A Niji le gustaba la casa de Katakuri por la piscina, Sanji decía que una cocina era el corazón de una casa, y por la sonrisa que tenía mientras se hacía un emparedado, la casa de Katakuri tenía un enorme y saludable corazón rojo.

A Reiju le fascinaba sentir que vivía en uno de esos lugares de sus películas del Hollywood dorado, Yonji tenía un espacio enorme para ejercitarse y su madre...Su precioso jardín. Todos tenían algo, todos menos él.

Por un momento se quedó mirando el cuadro principal del pasillo de las escaleras. Se llamaba Ofelia y se suponía que era la Ofelia de Hamlet cuando se ahogó en el rio en el acto cuatro. Rodeada de vegetación, azul, verde y lila, su rostro era placido; en la superficie parecía pacifica, con su pequeña boca abierta como si todavía hubiese algo que quisiera decir, pero el agua la estaba sumergiendo y los árboles la atrapaban.

Tenía un poco de curiosidad por saber que había llamado la atención de Katakuri de esa obra, si había algún valor simbólico, si le gustaba Hamlet, o si le entristecía mirar a la joven liberarse de su pequeño hálito de vida de esa forma.

Las flores blancas alrededor de Ofelia no se veían dulces o pastorales; parecían ojos, siempre en ella. Eran espeluznantes y preciosas al mismo tiempo. Ella permanecía acostada allí, flotando, ajena al hecho de que se estaba muriendo. El agua la estaba llevando hacía el fondo y no había nada que pudiera hacer contra eso, excepto flotar y observar el cielo.

Flotar, Ichiji creía que tenía un apego especial con esa palabra, siempre sentía que estaba flotando. Lanzó un suspiro y continuo su camino hacia la planta baja.

Entro a la cocina, sirviéndose agua en una taza, después de beberla y volverla a llenar, siguió caminando por la oscuridad, hasta que una luz al final del pasillo llamo su atención.

Se acerco para mirar por la puerta entreabierta lo que era el despacho de Katakuri, fue tan silencioso como un fantasma hecho de carne, que el suelo ni siquiera hizo el mínimo sonido de crujido bajo sus pies descalzos.

——¿No deberías estar durmiendo? ——la voz de Katakuri lo hizo detenerse en el marco de la puerta. No hizo ningún ruido. ——Se que eres tú, Ichiji.

Donas de fresa [KataIchi] [Otras]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora