Capítulo 13

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Alba:
Después del día en el que decidí acabar todo lo que no empezó, me pasó los días como un alma en pena, dejando que la culpa me consuma en mi habitación poco a poco, mientras sobrepienso si fue la mejor opción o solo la más fácil. Aún sabiendo perfectamente la respuesta, pero negándome a decirla en voz alta.

Lo peor no es haber dejado que las dudas y el miedo me ganarán, o que me cegaran lo suficiente como para bloquearme y no poder hablar con Liam, lo peor no fué la ansiedad que tuve durante esa tarde antes de la discusión, ni lo que pasé esa noche después de tenerla. Ni el sentimiento de odio hacia mi misma. Tampoco han sido todas las noches de esta semana en las que tenía que ver cómo se iba y volvía con marcas en su cuello y pintalabios corrido por su ropa. Lo peor no ha sido preocupar a mis amigos y sentirme culpable porque también se estaban preocupando por Liam.

Lo peor ha sido romperle el corazón a Liam, ver cómo le iba hiriendo poco a poco con mis palabras y saber qué no había vuelta atrás, porque ya lo había jodido todo con mi miedo, porque ya lo había traicionado al usar sus miedos en su contra.

Mientras intento maquillarme, tengo que respirar hondo y limpiar con papel mis lágrimas antes de que se derramen para que no me arruinen el maquillaje de nuevo.

Está noche iremos a una fiesta en la playa y a pesar de que no me apetece ir, Tyler prácticamente me ha obligado a salir de casa y disfrutar del verano. Aunque creo que solo intenta distraerme para que no piense mucho más en el tema, pero no sirve de mucho, porque por más que esté rodeada de gente, voy a seguir pensando en eso una y otra vez.

Cuando alguien toca mi puerta, respiro hondo y me obligo a no llorar para así aparentar que estoy bien y que todo está bien, a pesar de no ser así. Respiro hondo una última vez antes de dejar pasar a quien tocaba; cuando la puerta se abre, Adrián entra, cerrando de nuevo la puerta.

–¿Qué te está ocurriendo, hada?–pregunta preocupado–Llevas unas semanas mal y no me creo que sea porque tú periodo te vuelve más sensible y extrañas a Hailey.

–Estoy bien–aseguró, con un nudo en mi garganta.

–No tienes por qué decirme qué pasa, ni voy a insistir, pero no es bueno que te lo guardes para tí, Alba–suspira–Tienes el ejemplo de lo que puede destruirte no hablar con nadie en tus narices. Liam solo pide ayuda cuando ya es tarde y está totalmente destrozado. Ahora mismo le está pasando algo, no sabemos qué, pero lo está consumiendo poco a poco y no dice absolutamente nada. Se ha aislado–explica–Alba, por favor, hagas lo mismo que él, no esperes a ahogarte para pedir un salvavidas.

La mención de Liam y las palabras de Adrián hacen que mi corazón se encoja y las lágrimas de nuevo lleguen a mis ojos, ni siquiera me molestó en limpiarlas antes de que caigan, simplemente dejo que se derramen por mis mejillas mientras suelto un primer sollozo.

Ahora mismo le está pasando algo, no sabemos qué, pero lo está consumiendo poco a poco y no dice absolutamente nada. Se ha aislado.

Las palabras de Adrián son como un balde de agua fría, y solo me hace reafirmar mi teoría; he dañado a Liam, he terminado de destrozar un corazón que solo necesitaba un último golpe, una última grieta para romperse del todo. Y yo he sido la que ha dado ese golpe para que empezara la época autodestructiva de Harrison, de nuevo.

Adrián se acerca a mí para abrazarme con fuerza mientras acaricia mi cabello para tranquilizarme, pero sé perfectamente que una vez empiezo a llorar, voy a tardar en dejar de hacerlo.

–¿Tú crees que soy mala persona, elfo?–mi voz se apaga, asustada por su respuesta.

–¿Qué? Claro que no, Alba. ¿Por qué creerías eso?

–Es que… he dañado a una persona que quiero y no sé qué hacer.

Admitir en voz alta que quiero a Liam es malditamente aterrador.

–¿Qué tanto crees que le has dañado?

–Mucho–sorbo mi nariz–Dije cosas que no creo solo para herirle y hacer que se alejara.

–¿Por qué?

–Tenía miedo de que me hiciera daño.

–Así qué decidiste hacérselo tú antes–concluye–¿No puedes recular?–pregunta con tranquilidad.

–No serviría de nada–sollozo.

–¿Qué tan segura estás de eso?

–Mucho, pero aún así decidí tomar esa decisión...

–¿Estás así porque esa persona es un chico que te gusta?–pregunta. Me limité a asentir.

–¡Alba baja ya, por favor!–exclama Rayan exasperado, desde el principio de las escaleras.

Adrián se separa de mí un momento para abrir la puerta y avisar de que iremos más tarde y que ellos se pueden ir perfectamente ya. Después se vuelve a acercar a mí y a abrazarme.

–Ningún error es tan grande como para no tener solución, hada.

–Este sí lo es–sorbo mi nariz.

–¿No puedes intentar hablar con él?

–No me quiere ver ni en pintura. Estoy segura de que me odia.

–Eso es imposible, nadie podría odiarte, Alba.

–Pues él lo hace–le aseguro–Y me lo merezco por haberme comportado como una niñata.

–Puedes intentar hablar con él y explicarle por qué reaccionaste así. Es mejor intentarlo y fallar, que quedarte con la duda de lo que podría haber pasado si hubieras hablado con él.

Sus palabras hacen que sollocé aún más, ya que debería de haber pensado eso desde un primer momento y no en que al final del verano, Liam acabaría rompiéndome el corazón. Y mucho menos tendría que haberle mirado el teléfono o haberme enfadado por algo que hizo cuando ni siquiera nos hablábamos.

–Adrián–murmuro–¿Alguna vez has sentido tanto miedo de tomar una decisión que has acabado haciendo lo contrario?

–Sí–responde en un suspiro.

–¿Y te arrepientes?

–Creo que me voy a arrepentir toda mi vida–suspira de nuevo–Te prometo que, si pudiera volver atrás en el tiempo, no hubiera dejado que el miedo decidiera por mí. Hubiera sido mucho más valiente.

–¿Es demasiado tarde para cambiarlo?

–Sí, para mí es demasiado tarde, pero puede que para tí no lo sea, Alba. Así que habla con esa persona y explícale tus sentimientos y miedos, hazle saber que no hablabas tú, sino tú miedo, y pídele perdón. Si es para tí, deberá entenderte, y si no es el indicado, solo te intentará dañar.

Asiento decidida a hablar con Liam sobre el tema y sobre todo decidida a pedirle disculpas y explicarle todo, sin dar pie a justificaciones o excusas. Me separo de su camisa—ahora mojada y manchada—limpio mis lágrimas y dejo un beso en su mejilla, que acompaño de un fuerte abrazo. Entonces me pongo a retocar un poco mi maquillaje mientras que él me da un tema de conversación diferente para entretenerme.

Una vez acabo, me levanto de mi tocador, agarro su mano para bajar a la cocina, de donde agarro una botella de vodka y bebo un buen trago, después se la paso a Adrián para que haga lo mismo. Cuando salimos de casa, vamos directamente por la playa en traje de baño, ya que con los shots nos has parecido buena idea ir quitándonos prendas de ropa para ir directamente sin ella.

Contigo [EDITANDO]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora