Capítulo 19

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Liam:
Cuando estoy en mi habitación, recién salido de la ducha y cambiado, me tiro en mi cama revisando mis mensajes hasta que Alex entra y se tumba a mi lado, llevándose mi atención una vez me quita el teléfono.

–¿Estás bien?–pregunta directamente.

–Si ¿A qué viene esa pregunta?

–Desde que hemos llegado no has estado con ninguna chica.

Mierda.

–¿Cómo estás tan seguro de eso?

–Siempre eres el primero en estar en casa cuando siempre has sido el último–alza una de sus cejas.

–Solo he llegado pronto un par de días, dramático.

–Y tampoco sé te ve hasta tarde en las fiestas. Es como si desaparecieras…

–Sabes que voy de aquí para allá…–me alzó de hombros.

–Joder Liam, si no tienes ni una marca en el cuello.

–Sabes que no me gustan–frunzo mi ceño.

–Y ninguna chica ha comentado por las fiestas que haya estado contigo…

–¿Y eso debería de ser algo negativo porque…?

–Porque te está pasando algo. No sé el qué, pero algo te ocurre y no me lo dices.

–Alex, no ocurre nada, estoy bien–le aseguro–Simplemente no me apetece estar al borde de la inconsciencia y acostarme con una chica diferente cada noche para olvidarme de mi vida.

–¿Y dices que no te ocurre nada? ¿Pero tú acabas de escuchar lo que acabas de decir?

–Me he cansado de eso–murmuro.

–¿Quién es la chica?

–¿Eh?

–La chica que tienes en la cabeza ¿Cómo se llama?

–No hay ninguna chica–miento.

–Si, claro. Te conozco mejor que a mí mismo, Liam. Si no quieres, no tienes porqué decirme quién es o su nombre–asegura–Pero necesito una explicación del por qué de este cambio tan repentino.

Joder, no me gusta preocuparle y mucho menos mentirle, me hace sentir jodidamente mal saber que le estoy mintiendo y preocupando en bano, porque no le puedo decir que la chica que me vuelve loco es su hermana pequeña.

–Solo estoy cansado y con algo de estrés encima por mi padre–murmuro finalmente.

–¿Quieres hablarlo? Sabes que siempre te voy a escuchar.

–No me apetece–murmuro–Pero estoy bien, Alex.

–¿Solo es eso? ¿No hay ninguna chica que haya robado tu corazoncito?–bromea. Aunque sé a la perfección que sólo intenta que afirme sus sospechas.

–¡Bajad ya, pesados!–exclama Adrián desde las escaleras.

Ambos salimos de mi habitación para bajar las escaleras e ir hacia el jardín, donde nos sentamos en los sofás de lino que hay en la terraza, sobre la mesita de cristal hay varios objetos, entre ellos un aparato de juguete que te da calambrazos cada vez que mientes, dos montones de cartas, una roja que dice verdad y otra azul que dice retos.

–La noche va a empezar con un verdad o verdad–comienza Adrián–Si no os gusta, no me importa ni lo más mínimo–avisa.

–¿No se te ocurría nada mejor?–vacila Ray.

–¡Es mi juego, yo decido!–se queja Adrián–Como decía, cada uno puede hacerle una pregunta, para reafirmar las verdades usaremos este aparato muy fiable, en caso de que alguien mienta y le pillemos, tendrá que tomarse un chupito–saca su juguete.

Contigo [EDITANDO]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora