Capítulo 10

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Alba:
–Me aterra pensar en que podría perder absolutamente todo por tí, Alba–murmura, haciendo que pare en seco en mitad del salón—Y no hablo de mi amistad con tu hermano, o de cómo afectaría al grupo, si no se como afectaría a nuestra familia–suspira. 

Me giro para mirarlo. Una de sus manos despeina su cabello como respuesta a su nerviosismo. Esa misma mano acaba pasando a su cara, frotándola, y después vuelve a su cabello. 

–¿Nuestra familia? ¿Qué tienen que ver ellos aquí?–frunzo mi ceño.

–Si te hago daño, o si la relación sale mal, ¿A quién crees que culparían y a quien crees que arroparían, Alba? ¿A quién crees que dejarían de lado por haber sido un imbécil contigo y por quién estarían totalmente preocupados? Ambos sabemos la respuesta a estas preguntas, y quizá creas que estoy exagerando y que la situación no sería así, y puede que tengas razón, pero no lo sabemos con seguridad y me aterra–murmura.

»En el caso de seguir con esta locura y acabar rompiendo, tú acabarías con un corazón roto al que tanto temes volver. Y yo… Joder, no se puede romper un corazón ya roto, pero la idea  de saber que te perdería me mata. Por no hablar que tendría que aprender a vivir con tu ausencia, la de mi mejor amigo y seguramente la de mis amigos y familia porque ellos te eligirían a tí. Y no me malinterpretes, entiendo su elección, yo tampoco me elegiría a mí, pero prefiero seguir engañándome a confirmar que nadie me elegiría. 

Mis ojos se humedecen ante sus palabras y el sentimiento de culpa me golpea con fuerza, ya que no me había parado a pensar en esa posibilidad. Si bien Liam tiene razón y no creo que lo dejarían de lado, no puedo culparlo por tener a esa posibilidad, ya que a pesar de ser baja, no es nula. 

–Liam…–murmuro bajo, sin saber que decir.

–¿Pero sabes qué es a lo que más temo? A saber que no me importa una mierda perderlo todo con tal de estar contigo, Alba. Y no sabes cuánto me aterra ese pensamiento.

Acorto la distancia entre ambos y lo abrazo con fuerza, apoyando mi mejilla en su pecho y rodeando su torso con mis brazos. Durante unos instantes se queda paralizado, sin saber si corresponderme o no, pero finalmente lo hace, abrazándome con fuerza. Nos mantenemos así por un rato, hasta que me separo de él—manteniendo nuestros cuerpos cerca—y rompo el silencio que se había formado entre nosotros.

–Siento haberte presionado para que hablases–susurro–No creo que seas un cobarde. Solo lo dije porque estaba frustrada.

–Y yo siento haberte hecho creer que te había usado por aburrimiento –susurra de vuelta.

–Nada tiene que cambiar en nuestro entorno. Durante el verano en Miami no veremos a nuestros padres, así que ni lo sospecharía. Y los chicos están tan absortos en embriagarse que tampoco lo harán.

–¿Y qué propones? ¿Salir solo durante el verano y cuando volvamos a California volver a detestarnos?–ironiza.

Considero su opción un momento. Suena bastante tentador, ya que creo que sería la única solución para que él y yo pudiéramos dejar el miedo atrás y estar juntos, aunque no sé qué tanto merezca la pena empezar una relación sabiendo que tiene fecha de caducidad.

–¿Te lo estás replanteando?–alza una ceja.

–¿Se te ocurre algo mejor?–es mi turno de alzar una ceja.

–Sí, que me sigas detestando–responde obvio.

–Eso va a ser prácticamente imposible, Liam–suspira.

–¿De verdad quieres intentarlo?–cuestiona, por lo que asiento–¿Sabes que será un maldito desastre, verdad? Mira mi fama, quien soy, los problemas en los que estoy envuelto o mi pasado. Joder Alba, soy un maldito desastre.

–Pero serías mi maldito desastre–sonrío a medias.

–No tengo ni idea de cómo querer a una persona, ni sé cómo tratar a una chica. Y mucho menos sé cómo funcionan las relaciones o lo que implica que salgamos…

¿Por qué se intenta autosabotear? No entiendo por qué cree que diciéndome directamente que es la primera vez que tendría una relación cambiaré de opinión. 

–¿Por qué intentas cambiarme de opinión?–frunzo levemente mi ceño–Yo tampoco sé lo que es una relación sana, o ser amado de esa manera. Estoy llena de inseguridades, miedo y créeme que nos afectarán en la relación. Si tú crees que eres un desastre, entonces yo…

–A mis ojos eres la chica perfecta, Alba–susurra contra mis labios.

–No tienes que mentirme para hacerme sentir mejor, Liam, sé perfectamente que estoy repleta de imperfecciones.

–El día que veas lo increíble que eres, Alba, te comerás el mundo–murmura bajo, con voz calmada mientras que su mirada oscura corrompe mi mirada miel.

–Si empezamos a salir, ¿Que día acabaríamos rompiendo? 

–No lo sé, supongo que el día que llegáramos a casa, a mediados de agosto–murmura él.

–Así que estaríamos juntos por dos meses.

–Un rollo de verano–bromea. 

–Suena mucho más bonita si lo llamas amor de verano–le aseguro. 

–Voy a necesitar que tengas paciencia conmigo Alba–me pide–Muchas veces voy a querer huir, me encerraré en mí mismo, lo arruinaré y me querrás matar, a pesar de todo, no pienso rendirme, solo te pido tu tu tampoco te rindas.

–No pienso rendirme, Liam–le aseguro–No importa que tan mal se pongan las cosas, voy a luchar por nosotros, al menos el tiempo que podamos estar juntos. Lo único que te pido, es que cuando me tengas que romper el corazón, no lo hagas de forma cruel, no me destroces, no me hagas odiarte.

–Seguramente acabarás tú rompiéndome el corazón a mí–asegura, con voz baja y calmada. 

–¿Por qué dices eso?

–Porque no voy a ser capaz de romper contigo y tendrás que hacerlo tú.

–Podríamos hacerlo de mutuo acuerdo.

–Para hacer eso tendría que estar de acuerdo y no lo estaré si significa perder lo que quiero.

–Tampoco será fácil para mí, pero es mejor que no nos adelantemos y pensemos directamente en el momento en el que acabe, cuando ni ha empezado todavía.

–Tienes razón–concuerda–¿Estamos saliendo?–alza una ceja, mientras que sus manos se posan en mi trasero, sujetándome para no caerme.

–No–respondo, haciéndolo fruncir el ceño–Que nos conozcamos no significa que vayas a tenerlo fácil, Harrison. 

–¿Qué tan difícil me lo vas a poner, Williams? Sabes que soy bueno en los retos complicados.

–Solo espera a que me ponga creativa con las reglas del juego, Harrison. 

–Yo juego con mis propias reglas, Williams. 

–¿Ah, si? ¿Y cuáles son tus reglas?–sonrío levemente.

–La primera dice que me tienes que besar. Justo ahora mismo.

–¿Quieres saber qué dicen mis reglas?–susurro, rozando mis labios contra los suyos.

–Sorpréndeme.

–Las mias dicen que eres tú quien me tiene que besar–murmuro

–Creo que eso es jugar sucio–sonríe.

Contigo [EDITANDO]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora