CONFUSO SENTIMIENTO

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El bosque estaba sumido en una inquietante oscuridad.

Las copas de los árboles bloqueaban gran parte de la luz del sol, creando un escenario sombrío donde cada sombra parecía esconder un peligro.

Entre aquellas sombras, oculto por completo de cualquier percepción, Issei observaba.

Su misión aquel día era sencilla.

Encontrar información sobre Draig.

El Dragón Carmesí.

El legendario Emperador Rojo.

Sin embargo...

El destino parecía tener otros planes.

Sus ojos se estrecharon al observar una escena que hizo que una desagradable sensación naciera en su pecho.

Dos Maou.

Leviathan.

Asmodeus.

Y frente a ellos...

Tres mujeres.

Gabriel.

Penemune.

Y una joven demonio de cabellos plateados que apenas podía contener el llanto.

Serafall Sitri.

La situación era evidente.

Demasiado evidente.

Gabriel descendió desde los cielos como una estrella dorada.

Sus alas blancas iluminaron el bosque entero mientras una lanza celestial aparecía en su mano.

-¡Déjenla en paz!

Su voz retumbó entre los árboles.

La lanza salió disparada.

El espacio mismo pareció desgarrarse.

Pero Leviathan sonrió.

Una gigantesca serpiente de agua emergió del suelo y bloqueó el ataque.

La explosión sacudió el bosque.

-Vaya...

rió Leviathan.

-Miren quién vino.

Gabriel.

Y Penemune.

Qué nostalgia.

Asmodeus soltó una carcajada.

Una de esas risas capaces de provocar náuseas.

Tenía a Serafall sujetada por el cuello.

La muchacha lloraba.

Temblaba.

Y apenas podía respirar.

-¿Acaso quieren unirse a la diversión?

preguntó.

Gabriel sintió hervir su sangre.

-¿Qué están haciendo?

-¿No es obvio?

respondió Asmodeus.

Su mano descendió.

Rasgando la ropa de Serafall.

La joven soltó un grito.

Penemune intentó lanzarse sobre él.

Pero una enorme serpiente apareció alrededor de su cuerpo.

Apretándola.

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