Esa mañana sonó el teléfono mientras mis padres no estaban en casa y Shei, la chica que nos ayudaba a hacer la limpieza "cuidaba de mi".
Era mamá.
– ¿Bueno?- contesté.
– Kenia, habla mamá. Tengo una buena noticia... para ti- me dijo entre contenta y no tanto.
-¿Qué pasa mamá? Dime- la apresuré.
- Hablé con el director de la secundaria local. Le conté de nuestra "situación", y me dijo que tienen un sistema de internado...en Ottawa.
- ¿Internado? ¿En Ottawa?
-Sí. ¿Te gustaría ir a vivir a Ottawa?
-¡Claro!- le respondí entusiasmada al pensar en todas las posibilidades que tendría de solo ir a una escuela. Aunque fuera a un internado. De hecho, hasta podría ser mejor. No vería a mis padres más que en las vacaciones (y eso no sería muy diferente a como ha sido hasta ahora). Todo esto lo pensé en un segundo, y decidí.
-¡Bien! Pues las clases inician el lunes siguiente. Mañana llegaremos tu papá y yo para ayudarte en todo lo que necesites.
Colgué. Estaba realmente feliz. Y aunque no me interesaba mucho mi apariencia física, ese día decidí probar con algo nuevo. Me alacié el cabello, me ricé las pestañas y les puse un poco de rímel. Realmente me sorprendí al verme en el espejo. Me veía en realidad diferente. Comencé a empacar. Tenía hambre. Decidí bajar a la cocina por algo de comer. Shei estaba cerca de allí.
-Shei, ¿crees que podamos pedir una pizza?- le pregunté. Despegó los ojos de lo que estaba haciendo y los puso en mí. Se quedó pasmada- ¿Shei? ¿Te pasa algo?
-No, señorita. Es solo que se ve muy bien
-Gracias- le dije – pero ya te he dicho muchas veces que me hables de tú.
- Discúlpame. Pero volviendo a lo de la pizza, a mí tampoco me vendría nada mal probar una rebanada.
Llamé a la pizzería. Era una de esas en las que si tu pizza no llega en menos de 30 minutos, es gratis. No tardo en llegar. Me senté en la mesa de la cocina a comer. Shei seguía haciendo cosas. Cuando le metí la primera mordida a mi segunda rebanada sonó como alguien abría la puerta. Era mi mamá.
-¡Mamá! Me sorprendí.
Se quedó pasmada al verme. Era la segunda vez en 30 minutos que tenia a alguien pasmado frente a mí.
-Wow, en verdad te ves muy linda, Keni- reaccionó después de unos segundos.
-Ma, te he dicho muchas veces que no me llames "Keni". Me siento mascota.
-Lo siento, lo siento. Veo que están cenando- dijo observando la caja de pizza- Hola Shei.
Le devolvió el saludo.
-Sí, pero no hay tiempo para comer ahora. Debes ayudarme a terminar de empacar.
Esa noche, me di cuenta de que extrañaba a mi madre. Hablo de que extrañaba pasar tiempo con ella.
A la mañana siguiente cuando desperté bajé a la cocina. Shei estaba ahí, como siempre. Había una nota en la mesa. La tomé y la leí:
"Kenia, tuve que ir al trabajo de improvisto. Espero que no te molestes, pero Shei va a llevarte a comprar los útiles escolares que te hacen falta.
Mamá."
-Shei, buenos días- le dije dejando la nota de nuevo sobre la mesa. Al parecer ella no se había percatado de mi presencia.
-Buenos días señorita. Su madre le dejó una nota esta mañana, tuvo que irse.
-Aja- le dije - ¿Me acompañaras, entonces?
-Sí.
Me bañe y me arreglé para salir.
Al regresar ya estaba cansada. Caí dormida en el sillón de la sala, a la mañana siguiente era mi primer día de clases.
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Un minuto de silencio.
Romance"Las historias de amor se escriben sin saber qué se va a decir y se terminan sin saber qué se ha dicho". (Jean J. Rousseau)
