Eran las siete de la mañana del viernes antes de mi cumpleaños y, como siempre, sonó el despertador. Me levanté con una inexplicable felicidad.
Nai era la única que sabía lo que había pasado entre Christian y yo unos días antes, cuando había llegado a la habitación con una sonrisa de oreja a oreja. Su reacción fue la esperada y recibí brincos y sacudidas como respuesta al entusiasmo que le provocó. En cuanto a Christian, recibía un mensaje de texto deseandome las buenas noches y cada mañana antes de entrar a nuestras respectivas aulas nos saludabamos.
Pero ese día no fue como cualquier otro. Me alisté para ir a clases y me dirigí junto con mi par de amigas al salón de clases, pero al pasar por el lugar donde me encontraba con Christian él no estaba allí. Para ser honesta, había múltiples razones por las que Christian no hubiera podido llegar a tiempo, y aunque tuve un mal presentimiento me dije que seguramente sólo iba tarde. Teníamos planeado ir a comer en grupo al salir de clases y me mantuve el resto del día con la esperanza de que iba a verlo por la tarde.
Sonó el timbre de salida y unos segundos después de que saliera el profesor tuve a Nai sentada en la paleta de mi banca.
- ¿A dónde crees que vamos a ir a comer? - me dijo.
- A ningún lado - respondió Zoé parándose cerca de nosotras. - Comeremos con los chicos en las mesas que están afuera del edificio C.
Había visto aquellas mesas, pero raramente estaban ocupadas. Estaban colocadas al aire libre y siempre me pareció que el objetivo era justamente que grupos de chicos comieran en ellas.
- ¿Chicos? - preguntó Naiara con un gesto de desagrado que no se molestó en ocultar.
-Kenia, dile que en eso habíamos quedado - añadió Zoé dirijiendose a mí. - Rick llevara a un amigo y dijo que toda la comida iba por su cuenta.
- O sea que tu novio quiere hacer un picnic para todos - replicó Nai.
-No es un picnic - le contestó algo irritada.
- Bueno, ya - las interrumpí. - Iremos Nai, ese era el plan.
Unos minutos después ya nos dirigíamos al punto de encuentro, y cuando llegamos Rick y Bruno, su amigo, ya estaban ahí. No había indicios de Christian.
Fuimos a sentarnos y en cuando vi la oportunidad me acerqué a Rick estando los demás distraídos y le pregunté si se había topado con Christian por casualidad.
- No lo he visto en todo el día, puede que esté enfermo y haya preferido quedarse en cama.
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Un minuto de silencio.
Romance"Las historias de amor se escriben sin saber qué se va a decir y se terminan sin saber qué se ha dicho". (Jean J. Rousseau)
