Capítulo cuatro

31 1 0
                                        

Despertamos a las siete de la mañana, ya que al parecer los despertadores estaban programados para sonar a esa hora. Un rato después anunciaron a través del altavoz que los primeros años debíamos ir sin falta al auditorio a las nueve en punto. Las tres nos bañamos y nos arreglamos para después dirigirnos a donde nos habían ordenado.

Llegamos al auditorio a las nueve. Estaba ya casi lleno. Tomamos un lugar. En cuanto me senté comencé a observara todos ahí. La mayoría se veían (o nos veíamos) asustados. Otros pocos ya se habían hecho "amigos" en un día. Los miré a todos detalladamente, hasta que me topé con alguien diferente. No se veía nervioso. En realidad se veía muy seguro, hasta podría decir que reflejaba que esa situación le parecía aburrida. No paraba de verlo, era inevitable. Cabello castaño, ojos  color miel; nada fuera de lo común. Noté que era alto y entallado. Pero había algo en él que no me permitía apartar mi atención de sus ojos. 

De la nada, salió el director sobre el escenario dando los buenos días. Nos explicó el plan de estudios de la escuela, y esas cosas. Pero la verdad no recuerdo nada de lo que haya dicho, estaba demasiado distraída con el chico que acababa de "descubrir".

El día continuó bien, creo. Los primeros años no iniciábamos clases hasta el día siguiente, para adaptarnos y ese tipo de cosas. Estábamos Zoé, Naiara y yo en la cafetería tomando frappé y hablando acerca de nuestras vidas anteriores a la CEO.

-Pues yo vengo de Montreal. Allí nací y nunca antes había salido de mi hogar. Mi papá nos abandonó cuando yo era pequeña. Tengo dos hermanos, uno mayor y otro menor. Mamá trabaja todo el día para mantenernos, solo a mi hermano menor y a mí. No sé de mi hermano mayor hace tiempo. Mi mejor amiga se llama Tamara y la conozco desde hace mucho. Es la única amiga mujer que tengo. Todas las demás personas a las que podría llamarles "amigos" son hombres. El rap se convirtió en mi todo desde que tenía ocho o nueve años. Creo que por eso me hice así, como soy ahora. No me gusta ser igual al resto. Dejé de ir a clases por largarme a las retas de rap y ya se imaginarán que pasó cuando mi madre se enteró. Ella empezó a hartarse de mí, ya ni siquiera me dirigía la palabra. Así es que la mejor decisión que pudo tomar fue enviarme a un puto internado. Eso es todo, creo- nos contó Naiara. 

Hubo un par de minutos de silencio, hasta que habló Zoé.

-Yo nací en Estados Unidos. Los Ángeles para ser específica. Soy hija única. He vivido en muchas partes del mundo gracias al trabajo de mi mamá. Mis papás están divorciados. Todas mis casas son temporales, así es que cuando tenía ocho años decidí no tener amigos. Para no tener que perderlos. Y por azares del destino ya llevo casi dos años aquí. Vine por decisión propia, al menos así estaré un año entero con las mismas personas. No hay mucho que contar.

Menos de cinco minutos después ellas ya sabían mi vida también. Después hubo un silencio profundo. Estábamos casi solas en la cafetería, hasta que entró un grupo de chicos riendo ocasionalmente. Las tres volteamos a verlos al mismo tiempo. Entre ellos estaba aquel que había visto hacía unas pocas horas en el auditorio, y aun no sacaba de mi mente. Pero esta vez lo vi más guapo que la primera.

-¿Alguien quiere más frappé?- dijo Naiara haciéndome reaccionar.

-Yo -le dije. –Pero te acompaño.

Me levante de la mesa junto con ella, pero no dejaba de mirarlo. Habían tomado una mesa no muy alejada de la nuestra.

-Te gusta ¿verdad? No dejas de mirarlo.

- ¿Por qué dices eso?

No contestó. Aunque la respuesta ya me la había dado. No podía dejar de verlo. Solo deje salir un suspiro. Cuando íbamos de regreso a nuestra mesa Naiara me puso el pie para que cayera justo en frente de él. Debí darme un buen golpe, porque de pronto tenía a todos en la cafetería alrededor de mí. Pero él fue el único que estiró su brazo para ayudarme a ponerme de pie.

-Hola- dijo cuando yo ya tenía ambos pies en el suelo. Me tenía tomada de las manos. Lo miré fijamente a los ojos. Sentí como el estomago se me bajo hasta los pies. Mi corazón palpitaba rápido, parecía estar a punto de salir volando de mi pecho. Casi puedo asegurar estar sosteniéndome a varios centímetros del suelo. Mi mente pudo reconocer su saludo, pero mis labios no parecían moverse. De un momento a otro me importaba mi apariencia. La forma en que lucía mi ropa y esas cosas. Estaba paralizada. Era...

 -¿Te sientes bien?

-Sí- le dije mientras soltaba sus manos. Salí a prisa de la cafetería. Nai y Zoé me persiguieron hasta la habitación.

-¿En serio estás bien? No quería hacerte daño. Solo que es muy obvio que te gusta más de lo que esperaba. Nada más quería llamar su atención. Lo siento – me dijo Naiara cuando estábamos dentro.

- Pero ¿Qué fue lo que paso?- preguntó Zoé.

- Nada. Estoy bien- por fin pude decir.

Ese chico en serio causó que sintiera más cosas de las que pudiera esperar cualquiera. ¿Era eso el "amor a primera vista"? Leí muchos libros acerca de ello. También vi algunas películas. Jamás había sentido algo parecido. Él se veía tan... perfecto. En serio me gustaba, y al parecer no disimulaba muy bien.

-¿Sabes cuál es su nombre?- dijo Zoé.

-No.

-Deberías averiguarlo- añadió Naiara.

-Gracias. Ya fuiste de demasiada ayuda por hoy- le dije con todo el sarcasmo que pude. Hice una pausa. -¿En serio se nota mucho?

-Naaahhh- respondió con el mismo sarcasmo que yo.

Hubo un par de minutos de silencio. Aunque por mi mente pasaban muchísimas cosas.

-¿Y qué tal si yo no le gusto a él?

-Tendrás que arriesgarte.

La imagen de tenerlo frente a mí, tan cerca, dio vueltas por mi cabeza todo el día. 


Un minuto de silencio.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora