Capítulo siete.

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Estaba terminando la tarea sentada en el pasto, recargada en uno de los árboles de las áreas verdes que hay en cada edificio. Llevábamos poco más de un mes en el CEO. Las cosas iban bien. cada vez me acoplaba mejor a ese nuevo medio en el que nunca antes había estado. Y bueno, a Christian no lo había visto desde el día en que huí de la cafetería. Nos topábamos de vez en cuando, y aunque no le hablara, él estaba en mi mente todo el tiempo. Era irresistible.

-Vamos a comer, ¿vienes?

La voz de Naiara interrumpió mis pensamientos, y al parecer eso comenzaba a hacerse una costumbre.

-Siempre estas pensando en comida y ¡mírate! Estas como quieres - hice una pausa, analizando lo que Nai acababa de  decir. - ¿Vamos? Yo solo te veo a  ti-.

-Ricky Ricón y Zoé están esperando. Es posible que Ricardo invite toda la pizza que queramos, anda - insistió.

-No tengo apetito, en serio. Pero gracias. Mejor ve tu sola a hacer mal trio - le dije y solte una risita.

-Bueno, como digas. Pero yo no me pierdo pizza gratis - dijo mientras de daba meia vuelta y se iba.

-Nos vemos - le grité y ella solo hizo una seña con la mano.

Naiara empezó a llamar "Ricky Ricón"  a Rick cuando se enteró de que tenía una familia adinerada. Zoé y él ya llevaban un par de semanas saliendo pero no era nada formal todavía.

Estaba cansada, llevaba casi una hora sentada en la misma posición. Decidí que era tiempo de estirarme y tal vez ir por algo de comer. Guardé los cuadernos que estaba ocupando en mi mochila y me puse de pie, estirando las piernas. Aunque tenía hambre, no me apetecía ir con Zoé y Naiara. Quería seguir sola, acompañada de mis pensamientos. De pronto, unas manos estaban sobre cubriéndome los ojos, evitándome la vista. eran suaves al tacto y tenían un aroma agradable. 

-Nai, ya te dije que no iré a comer con ustedes hoy - dije.

Creí que habría vuelto para convencerme. Conocía el juego; cuando te tapan los ojos debes averiguar quien lo hace. Pero aquellas manos eran demasiado grandes para ser las de una mujer, y aunque no llegaron bruscamente, no eran de Naiara. Eran de un chico.

Lo tomé del antebrazo para quitar sus manos de mi. Pestañeé mientras me daba vuelta para recuperar por completo la visión.

Christian sonrió al tenerme de frente. Aunque de momento me pareció que ya sonreía desde antes. Me quede pasmada. Él me había buscado.

-Hola - dijo expandiendo su sonrisa aún más.

Cuando me di cuenta yo también estaba sonriendo. Se me revolvió el estómago y estaba casi segura de que mis mejillas habían enrojecido.

-¿Cómo has estado? - dijo al ver que no respondía.

Lo pensé. ¿Cómo había estado todo ese tiempo? "Pensando en ti", quise decir.

- Bien, gracias - respondí. Hubo unos segundos de silencio.

-Kenia, tenemos una comida pendiente, ¿recuerdas? - me dijo casi en un susurro cerca de mi oreja.

-Eso creo - dije en voz igual de baja que la suya.

-¿Tienes tiempo ahora?

Lo tenía. Pero no quería que él supiera. Además, acababa de rechazar la oferta de Naiara. ¿Cómo no ir con mis amigos pero si con un chico que apenas conocía? Me agaché para levantar mi mochila y me la colgué en ambos hombros. Me le quede viendo; pensativa. 

-Anda, yo pago. - insistió.

¿Quién podría resistirse a una mirada como la suya? 

Nadie.

Un minuto de silencio.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora