Planes macabros

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Damián
Nunca en mi vida he sido un niño normal. De pequeño me gustaba torturar las lagartijas que cazaba. Con siete años mis padres me regalaron mi primera mascota, un gato negro con las patas y el hocico gris, según ellos porque un perro era muy peludo y había que cuidarlo más. La cosa es que nunca quise un gato, ni siquiera un perro pero decidieron que sí por mi. Así que un día mis padres encontraron el gato destrozado en la alfombra de mi cuarto.

Lleno de sangre y con todas las tripas afuera, la cabeza separada del cuerpo igual que las patas y yo me encontraba sentado al lado sentado jugando con su corazón como si fuera una de esas esferas para desestresarce.

A mis padres no les hizo mucha gracia mi desastre como lo llamaron ellos pero se lo atribuyeron a que era un niño y no sabía lo que hacía. Pero la verdad es que si era consciente, no soportaba ese gato y cada vez que maullaba me sacaba de las casillas. Decidí acabar con él ese día y luego de eso no tuve más animales.

Pero no quedó ahí, cada día soñaba con el animal chillando mientras lo despedazaba vivo. Cuando crecí ya no solo fue el gato empecé a soñar con personas aleatorias con las cuales hice atrocidades.

Traté de contener el instinto por muchos años y hacer una vida normal pero este volvió a aparecer el día que descubrí la traición de mi ex novia.
Después de pasar ese límite ya no hay vuelta atrás, todo el tiempo deseo matar.

Con Alexa desarrollé una especie de obsesión desde la primera vez que la vi. Es como si me perteneciera y todo el que se le acerca quiero matarlo, quiero cortarle las manos a quien la toca y sacarle los ojos a todos los que la miran.

Llego el momento de poner en marcha el plan que llevo en mente desde hace más de un año.

En las vacaciones fui a la isla La Palma y adquirí una casa que estaba abandonada encima de las montañas. Lejos de la civilización y sin señal perfecto para tener a alguien secuestrado.

Conseguí en una farmacia de hospital suficiente formol para dormir a un elefante. Pasé por una tienda y adquirí sogas, cinta y bridas que camuflé con kit de escala montañas para no levantar sospechas.

Compré comida para todo un mes y preparé la casa para tenerla lista para mi invitada.

Desde que apareció Fabio Alexa se ha entretenido con los problemas que este trajo y se ha olvidado de mi lo que me ha servido para organizar todo en las sombras. He mantenido un perfil bajo para que no me presten atención y ser solo un fantasma.

En este tiempo pude obtener una muestra de la letra de Alexa. Me escabullí por el colegio en la oscuridad y robé un examen del año pasado para poder escribir una carta que pareciera hecha por ella.

Lo primero que hice cuando me levanté fue comprar dos billetes de avión a nombre de Alexa y mío para Barcelona. Los cuales no serán utilizados sino que solo será para despistar y que piensen que salimos de la región cuando en realidad viajaremos en barco hasta La Palma y luego en auoto hasta las montañas.

Pretendo usar la pequeña lancha que mi padre no usa desde hace años para no dejar rastros y luego alquilar un carro no muy llamativo.

Voy a ver a la psicóloga bien temprano para la última cita. Hoy será la última vez que la veré.

Entro y me recibe con una sonrisa.

- Que temprano has venido hoy.

- Sí, es que tenía ganas de verla

- Vaya, veo que estás muy contento hoy. Nunca te alegras de verme. Así que dime a que viene tanta alegría.

- Tienes razón, hay un motivo - me moví por toda la sala.

Me acerqué y me paré detrás de la silla giratoria en la que estaba sentada la giré para que estuviera de frente a mi y me agaché hasta que nuestras caras quedaron a la misma altura.

- Lo que pasa es que hoy será la última vez que me verás - sonreí macabramente - mi cara es lo último que verás antes de cerrar los ojos.

Ella no entendió a que me refería, se le notaba la cara de desconcierto y miedo en los ojos.

Saqué el tenedor que me había llevado del comedor ayer y antes de que reaccionara le tapé la boca con una mano y con la otra encaje el tenedor con todas mis fuerzas en su mano derecha. Soltó un grito agudo ahogado en mi mano. Luego repetí el proceso en la otra mano y después le rraje el cuello de un lado al otro. Sus ojos se agradaron de la impresión y cinco minutos después su cuerpo queda sin vida.

Mi ropa sigue limpia pero mis manos estaban llenas de sangre hasta las muñecas. Me marché de ahí hasta los baños para limpiarme las manos y después pasé por el comedor donde todavía quedaban personas que habían faltado al primer turno.

Choqué con uno de los chicos haciendo que su bandeja callera y cuando lo ayudé a recoger le deje el tenedor. Pedí perdón y me fui a esperar el horario de merienda que es el momento en que me llevaría a Alexa.

Cinco minutos antes de que suene en timbre ya estaba parado al lado de la puerta con el pañuelo con formol. Sonó el timbre y los pasillos se llenaron de estudiantes esperé pacientemente a que saliera y cuando lo hizo la jale por el brazo y justo cuando fue a abrir la boca le puse el pañuelo en la boca.
La pegué a la pared y me puse delante para que pareciera que éramos una pareja dándose el lote.

Conté cinco segundos y calló desmayada encima mío. La cargé y me marché hasta mi auto, la acosté en el asiento trasero y fui por mi maleta y la de ella.

En estos momentos nadie estaría en su habitación así que entré usando una tarjeta para abrirla, hice una maleta pequeña y dejé la carta donde decía que se fugaba conmigo porque estábamos enamorados y que no quería que la busquen.

Salí de ahí y al llegar al auto busqué su teléfono, mandé un mensaje a su amiga Samy para avisarle que no iría a merendar porque tenía que ir a la biblioteca. Y luego lo tiré en el contenedor de basura juto con el mío.

Arranqué y me fui en dirección al muelle sin parar. Cuando llegue lo primero que hice fue llevarla a la lancha, luego la amarre y la amordace. Busque las maletas y las puse también en la embarcación. Fui al auto y conducí hasta un poco más adelante donde encontré un joven me bajé y le pagué mucho dinero para que llevara el auto a el parqueo del aeropuerto.
Si lo hacía o no me daba igual. Caminé hasta la lancha y la puse en marcha rumbo a la isla.

En el sitio asegure la lancha bien y fui en busca de un auto y un teléfono desechable. Volví media hora después y Alexa ya estaba despierta forcejeando.

- Ni lo intentes son bridas, irrompibles.

Me miró con odio, eso hizo que sonriera. La cargé en mi hombro y la subí al coche. Luego hice lo mismo con las maletas y empecé nuestro recorrido por carretera.

Como es obvio ella no sabe dónde estamos ya que en el camino estuvo dormida y no pudo ver a dónde me dirigí. Además ella nunca ha venido a esta isla lo que lo hace difícil de reconocer.

Después de tres horas de viaje llegamos a la casa en la montaña donde la vuelvo a cargar y la introduzco a la habitación que preparé para ella.

- Estamos a kilómetros de la ciudad, aquí nadie te oirá gritar así que no te desgastes. - le informo antes de quitarle la cinta de los labios. - ¿Tienes hambre? Puedo prepararte algo.

- Tengo sed - fue su respuesta - y hambre.

- Bien, ya vengo.

Empieza nuestra travesía, trataré de conquistar su corazón poco a poco hasta que se olvide de mi primo para siempre y después lo mataré delante de ella.

Ya solo quedan tres capítulos 🥺🥺
Se acaba este libro pero empezaré a actualizar "Relatos de una Ninfómana" y prepárense para el final.
Les espera una gran sorpresa 😁
                                    Besos Sheila 💋💋

Perdida en el mundoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora