✨historia original.
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En la familia xiao hay una maldición cada 100 años su familia debe entregar a un desendiente Omega , al dios wang Yibo ....
El momento llegará cuando e...
Pasaron seis años de una manera tan rápida que parecía que apenas ayer Zhan y Yibo sostenían entre sus brazos a los tres pequeños recién nacidos.
Ahora la rutina era un poco más relajada que en aquellos hermosos pero caóticos tiempos de la crianza triple, aunque para Xie Yun y Tang San la vida era todavía más caótica, pero igualmente hermosa.
Yibo convenció a Zhan de ir a visitar a su familia en el mundo humano. Hacía varios meses que los pequeños habían comenzado sus primeros entrenamientos para aprender a manejar sus poderes de dioses. Aunque sus dones aún eran incipientes, ya demostraban capacidades muy adelantadas para su corta edad, ya que la energía de una deidad se va forjando y consolidando conforme avanzan los años de inmortalidad.
Últimamente, Zhan terminaba estresado por todos lados; los pequeños adoraban teletransportarse de un rincón a otro, convirtiendo en un verdadero desastre el intento de atraparlos. El omega se veía obligado a utilizar la habilidad de enredadera que brotaba de sus manos para poder controlarlos. Eran unos niños hermosos, pero idénticos de traviesos a como era Zhan cuando era un niño; un detalle que Yibo se encargaba de recordarle a cada momento.
Debido a que los niños aún no lograban dominar sus poderes por completo, todavía no era seguro que viajaran al mundo humano. Por esta razón, Tang San y Xie Yun se ofrecieron amablemente a cuidarlos durante unos días. Para sorpresa y gracia de Zhan, sus hijos se portaban muchísimo mejor con Tang San que con él, que era su propia madre.
Con todo listo, la pareja emprendió el viaje. Al abrir los ojos, Zhan se topó con la sorpresa de que Yibo lo había llevado a un paraje lejano y paradisíaco, justo a la orilla del mar, donde las cálidas olas golpeaban con suavidad sus piernas. El pelinegro sonrió dulcemente y, contagiado por la emoción, comenzó a correr por toda la orilla de la playa como si fuera un niño pequeño.
-¿Te agrada el lugar?... -preguntó Yibo, contemplándolo desde la distancia.
El paisaje era idílico. El sol poniente se reflejaba con destellos dorados en los ojos de Zhan, quien todavía vestía su túnica blanca tradicional. Con su cabello semiestilizado por la brisa marina y su enorme sonrisa, Yibo tuvo la certeza de que lo más hermoso de ese ecosistema era, sin duda, Xiao Zhan.
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-Sí, ¡me fascina! ¿Pero cómo supiste que moría por venir al mar? -preguntó Zhan, sumamente sorprendido.
-Los niños me lo mencionaron en secreto. La próxima vez que vengamos los traeremos con nosotros; se pondrán completamente felices.
-Sí, vengamos a celebrar nuestros futuros aniversarios aquí, la vista es sencillamente espectacular.
-Sí, es hermosa... -aseguró el alfa, aunque sus ojos no miraban el horizonte, sino el radiante rostro de Xiao Zhan.