El penultimo rehen lV

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Desperté en una sala putrefacta.
Aroma...olor a hospital y sabanas vencidas.
Durante mi sueño, escuché a mi madre y a Vona. Pero quise seguir con mis ojos cerrados.

Me levante y sentí escalofrío por el color tan pálido que tenia todo.

Tenia sed.

Había una puerta en la esquina derecha. Era efectivamente un baño.
Entré y olía horrible. Era pequeño e incómodo. Recordé los baños de avión.

-Haaa...- Deje de respirar por un segundo tras verme en el espejo. Por un segundo...por un horrible segundo juré haber visto mi cabello teñido de blanco, como una anciana. Pero al parpadear volví a verlo negro. Mi color.
No mucho cambio eso si.
Tenia mi rostro hinchado, muy hinchado. Y mi boca tenia heridas por dentro y por fuera. Este era el lugar que mas horrible se veía y se sentía...mi boca estaba hecha un desastre y quise llorar.
Toque mi cabeza y la recorrí con mis manos. Note lo grasiento que estaba mi cabello.
No fue hasta ver mis heridas que sentí un inmenso dolor en mi cuerpo entero y comencé a retorcerme como un feto.
-ahh-hhh- Grité ahogadamente y cerré mis ojos violentamente mientras me quejaba. Una de mis piernas dolía demasiado y parecía estar quebrandose, derritiendose y suprimiendo dentro de mi piel.
No quise subir mi ropa, porque pensé que podría encontrar algo así como un agujero negro naciendo allí.
Trate de incorporarme, pero en vez de volver a mi cama, abrí la puerta de salida.
Por desgracia encontré a mi madre. Estaba sentada y hablaba con un hombre de ropas formales.
Me miró y se incorporó de inmediato corriendo hacia mí.
-Mi amor, vamos, vamos a la cama- Delicadamente me dio unas palmaditas llevándote dentro otra vez.
Era obvio que no era una niña pequeña pero si hay algo que mi madre podía saber de mí mas que nada en el mundo, era mi miedo a estos lugares. Así que le hice caso como nunca antes.

Minutos u horas después el doctor me revisó otra vez. Solo para ver cuan estable estaba para charlar.
-¿Charlar?- Miré a mi madre.
-Yo me quedare aquí mi amor, no te preocupes- Dijo ella con esa voz pasiva que me irritaba.

-Con su permiso- Entró un hombre...el que había visto antes con mi madre.
-Mucho gusto-Dije al apretar su mano y sentir cuan secas estaban.
-Espero esté bien despierta señorita Helia- Dijo mientras sacaba algo de su abrigo- Jacob E. Roche, pertenezco al departamento de policía.-
Miré su placa hasta que la guardó.
-Ire al grano, señorita Helia.- Corrió una silla e hizo ruido hasta que se acomodó- Dada las desgraciadas circunstancias vividas por usted el pasado Lunes.

¿Pasado Lunes? ¿Cuanto habrá pasado?

-Quisiera hacerle la siguiente pregunta: ¿Que la impulsó a usar un arma de fuego en contra de su agresor, efectuando su inmediata muerte?

¿...Eh?

El penúltimo suicidioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora