capítulo 9

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Sasori entra en la habitación donde estaba Deidara, el rubio estaba con él pelo suelto se notaba claramente como estaba sudando, sin duda tenía otra vez una pesadilla. Sasori se acostó a su lado y enseguida notó como el rubio se enroscaba en el como si buscara protección.  El pelirrojo  aceptó más que gustoso el abrazo. Para él era una pareja, quería que fuera su pareja, incluso aun sabiendo que él no lo elegiría a él. El rubio se comenzó a menear estando abrazados parecía que el estar al lado de Sasori yo no le reconfortaba, parecía más como si le molestara su presencia. Sasori no entendiendo sus movimientos lo aprieta más contra él.

                — Vamos, Deidara. Estoy contigo. Soy Sasori —Lo estrujaba más contra él. Quería al rubio, quería alguien así de fuerte para él. Alguien con esa actitud con la que no se pueda dudar.

                Deidara le un buen golpe en la cara con una de sus manos. Sasori se fue a cubrir la herida y después se giró hacía Deidara, había caído al suelo contrario. Fue al lado contraría de la cama para ver cómo se encontraba. Hizo un sonido de asombro. Deidara se estaba retorciendo en el suelo como si su propio cuerpo le quemara. Él sabía a qué se debía eso, ya lo había visto antes. Su madre, ahora mismo veía a su madre en Deidara. Era la misma situación de hace años. No podía acercarse a Deidara pero si no lo hacía este moriría. Como pudo se acercó y le abrazó.

                — ¡Deidara! ¡Por favor, elígeme a mí como pareja! Así se te pasará el dolor, ya ha pasado una semana y no ha acabado de reclamarte. Tienes el  derecho de buscar a una pareja mejor. Yo soy esa pareja —para su total sorpresa Deidara dejó de moverse. Asustado le separó de su lado y comprobó que no tuviera ninguna herida le hizo abrir su boca. No tenía ninguna herida. ¿Había aceptado el ser su pareja?

                — Él es mío —escuchó una voz masculina detrás de él, apretó a Deidara en sí. No sabía cómo pudo meterse en la habitación sin que él lo notara. Siempre se daba cuanta a que distancia estaba todo su olfato nunca le falló. Hizo el esfuerzo de tranquilizarse para localizar que tipo de teriántropos era. A primer olfato cualquiera pensaría que es un león pero sin duda era un cuervo, el aroma a león venía de la capa que llevaba encima, seguramente se la quitó a alguno. Esas mierdas se vendían como churros.

                — No te lo pienso entregar, lo largaste de tu vida como si no te importara aunque lo marcaste. Sabes lo que es vivir estando marcado y tu pareja no. Le has hecho sentir abandonado —le chillaba cada una de la palabra— Lárgate maldito cuervo porque ahora él es mío —el rostro del otro se encontraba sereno hasta el momento pero su rostro pasó a uno de total enfado al oír las últimas palabras.

                — ¿Cómo te atreves? Él es mío y nadie me lo va a quitar. Él es  mi pareja —los ojos volvían de un tono rojizo— Aléjate de él o no saldrás con vida de aquí. Se acerca ambos con paso firme.

                — No te tengo miedo. Solo eres un cuervo mocoso, crees que no sé sobre los ojos. Eres un cuervo de la familia Uchiha, creías acaso que era un secreto muy guardado. ¡JA!

                Aquello no sorprendió a Itachi, él fue a ver los archivos de la biblioteca central, para ver los dados que los otros cambiaformas habían logrado reunir de ellos, los cuervos. Sí, se sorprendió cuando vio que figuraban todos en la lista. Había incluso información de cada tipo de evolución del Sharingan. También investigó sobre su pareja y él porque se encontraba cerca de su nido siendo el del norte, de las montañas a la costa había mucha diferencia.

                — No lo hago para que tengas miedo pienso eliminarte si continuas tocando así a mi pareja —ya se encontraba a menos de un metro de ellos.

Un halcón resentido y un cuervo solitario [Libro 2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora