LIBRO I DE LA TRILOGÍA «CADENAS»
El padre de Willow está enfermo de cáncer y necesita dinero para la operación. Desde pequeña le enseñaron que la familia es una de las cosas más importantes que existen y es por eso que ayudadarlos en uno de los mome...
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New York, Distrito metropolitano de Manhattan
Alexey
La esperanza de ser salvados por otros es lo que nos hace débiles.
Incapaces de entender que el fin ha llegado, nos llenamos la mente de pensamientos de autocompasión y de que Dios permitirá que algo pasara para que los verdugos no hagan de las suyas.
Sonrío al hombre frente a mí. No es más que un pedazo de estiércol que no es capaz de mantener la boca cerrada para ganar un poco más de tiempo respirando y para que yo pueda dejar de escuchar sus asquerosas disculpas.
Día tras día me topo con gente como ésta. Mierdas humanas que deben dinero y esperan ser recompensados con una linda sonrisa y un plazo para cumplir. Todos creen que tienen salida hasta que se ven en el callejón estrecho y lastima para él, porque este verdugo quiere sangre y no descansará hasta sacarle la última gota.
«Zhalkiy»
-Amigo, te juro que pagaré, solo tienes que darme un poco más de tiempo... -se calla cuando dejo mi preciado cuchillo en la mesita de hierro frente a él.
-Shhh-susurro posando el dedo-He sido muy piadoso contigo, Javier. Te he dado mucho tiempo para que consigas mi dinero, pero no veo que lo hagas. Sabes más que nadie que nosotros no perdonamos fallas, ¿Me equivoco? -meto las dos manos en los bolsillos de mi chaqueta e inclino la cabeza a un lado estudiándolo.
Su cuerpo tiembla, no sé si es por el frío de la habitación-apodada cariñosamente la cueva-o por los nervios de saber que pronto morirá y que no será con piedad. Nunca es con piedad. Cuando te metes con gente de la mafia debes estar preparado para morir de la peor forma porque todo cuelga de un hilo.
-Un poco ma-más, tengo una familia que mantener-tartamudea y su cuerpo gordo se balancea. Las cadenas que lo sostienen del techo chirrían y lo hacen gritar cada vez que se mueve.
Una sonrisa se pinta en mis labios, porque, mientras más tira, más aprieta.
Siempre quieren poner de excusa que tienen familia. La familia. La familia. La familia. ¿Cuántas almas inocentes han dejado de existir por cabrones como él?, muchas. Uno de los trabajos que más me gusta emplear en la organización es cobrar con sangre a los que prometen con palabras y fallan con acciones.
El estúpido no solo incumplió los plazos que se le dio para pagar, sino que estuvo haciendo desorden en los casinos vociferando mierdas de la Bratva. Como dije antes, no te metes con la mafia y sales ileso.
«Lo último es lo divertido de todo»
Unos pasos se escuchan y pronto la puerta se abre dándole paso a mi hermano mayor, Anton. Es una montaña de músculos. Mide un metro noventa, piel bronceada, barba de algunos días y un rostro neutro en el que le resaltan los ojos azules de nuestra familia materna.