Capitulo 30

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Collar en multimedia

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Alexey

Tiene la cara roja de enojo una vez más.

Igual que sus zapatos.

Igual que sus uñas.

Y más importante: igual que esos labios que le quiero arrancar a punta de mordidas de placer.

Se ve como la digna gatita que es tan preciosa que hace que mi verga se ponga como una barra de hierro de lo dura que está. Las pelotas me pulsan de sufrimiento y mi boca saliva por probar su néctar una vez más. Aún recuerdo como me comí su coño y me veo impaciente por hacerlo de nuevo.

En este momento dudo que me permita subirle la falda del vestido y bajar un poco la de tensión que la consume. La haría gozar del más puro gozo del placer, pero es obvio que no estamos en la mejor situación.

Me jode un montón que no podamos volver a la tranquilidad que teníamos antes porque me deja un mal sabor de boca que estemos peleados cuando desde que nos conocemos nunca hemos tenido malos momentos ni silencios incomodos como hasta ahora.

No provoqué que me mirara con reticencia e irritación como lo hace ahora y tampoco que quiera escapar de mí. Sé muy bien que debe estar estructurando un plan para marcharse y dejarme en la mierda.

Debí de verme patético al casi rogarle que se quedara. No me importa. Si ligar un poco de mentira con la verdad es lo que necesito para que se relaje pues eso hare todas las veces que sean necesarias. Lo único que quiero es tenerla a mi lado y que no se valla nunca porque esa cara inocente que oculta tanta perversidad me vuelve loco.

No tiene que saber que nunca la soltaría.

Posiblemente lo sospeche, pero su mente débil debe tener esperanzas de todas maneras.

Sé que será difícil que me perdone en su totalidad sin embargo tiene que entender que no funciono de otra manera. Me enseraron que las cosas siempre que las haga a mi manera y crea que están bien no tiene ningún fallo. Puede haber mil personas que me digan que la respuesta que tengo es incorrecta y siempre que mi instinto piense diferente pues yo tengo la razón.

Si, una completa estupidez, pero gracias a eso he llegado a donde estoy.

Puedo ser un maldito cabrón que es bueno para coger y malo para el amor. Puedo ser la parca de quienes joden con mi organización y tolerante con quienes me interesan que se pueden contar con los dedos de la mano. Sin embargo, no he dado pasos en falsos que me lleven a la quiebra o me dejen mal parado ante la mafia.

Me jode bastante sentirme obligado por una fuerza que no sé de donde viene, para querer acariciar a esta mujer con mis dedos en vez de exterminar su vida o con mi mente maquiavélica llevarla hasta ponerla de rodillas y que me ruegue que la desaparezca por no obedecerme de buena gana. Sé que no haría ninguna de esas cosas aun si me traiciona con mi peor enemigo porque para lo único que me inspira es besarla y cogerla hasta cansarme.

El Contrato ©  (Sin Editar)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora