Capítulo 9

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Alexey

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Alexey

Miro mi reloj una vez más y ruedo los ojos al ver que tengo media hora esperando y que aún no la veo salir entre tanta gente. Prometí a mi madre llegar temprano por lo que quince minutos antes de su aterrizaje ya estaba en la sala de espera.

-Ve a ver que puede estar pasando para que se retrase tanto-le ordeno a David. Pero no es necesario que obedezca mi orden ya que la rubia se hace notar a kilómetros.

Viene sacudiendo la mano y dando brinquitos llamando la atención de todos y con al menos cinco guardaespaldas. Cada uno lleva dos maletas y me pregunto cuanto tiempo es que piensa que se quedara conmigo.

-¿Mama te dijo que solo acepte que vinieras un mes no una década?-pregunto al instante en el que se detiene frente a mí.

-Hermanito, hermanito. Yo también me alegro de verte. Y no exageres, cuando de andar a la moda se trata, nuca es una exageración-su voz cantarina y por momentos chillona me recibe.

Niego con la cabeza y me coloco los lentes de sol.

-Ya vámonos de aquí. No soporto estar junto a esta gentuza.

Camino hacia la salida, pero cuando no siento su presencia detrás de mí me detengo.

-¿Que mierda pasa contigo?-frunzo el ceño.

-No me moveré hasta que me saludes como es debido-se cruza de brazos y pone la típica cara de póker de los Müller.

No podíamos salir buenos, aunque quisiéramos. La familia paterna de mama puede llegar a ser igual o más venenosa que los Volkov. Sus jodidas mentes inteligentes y jugadoras les permite estar en boca de todo el reino unido y más allá, ya que son dueños de empresas petroleras que generan millones de dólares que mi carroñero abuelo Morel y la tía Florencia no pierden el tiempo en exhibir. Mi querida prima, Reina, es un plato aparte ya que por ahora no le sale la vena jodida de nuestra familia más sin embargo no dudo que pronto le salga. Pero, en fin. Ese es un tema aparte.

Ruedo los ojos y la rodeo con mis brazos, la aprieto contra mí y hundo la nariz en su cabello. Mamá me contaba que cuando era pequeño no me separaba de la bebe Natalya porque me gustaba su olor a bebé recién nacido y el shampoo que ella usaba para lavar su cabello.

La separo de mi cuando el acto se va volviendo sentimental y sonrío para aminorar el golpe. Natalya fue siempre una de mis grandes debilidades solo que con el tiempo fuimos creciendo y mi trabajo como bratva fue demandando más mi tiempo.

Incluyendo unos cuantos sucesos de mierda en mi vida que me hicieron limitarme a muchas cosas.

Comienzo a caminar una vez más esta vez con la seguridad de que ella me sigue. Cuando llego a donde deje mi auto parqueado encuentro a Dmitri que se adelanta a abrirnos la puerta. Inclina la cabeza en señal de reconocimiento a mi hermana y ella sonríe alegremente besando su mejilla en el proceso.

Así es ella. Un rayo de luz que se hace sentir donde valla con todo el mundo. Es algo que le agradezco e incómoda a la vez. Mijaíl se ocupó arduamente de que su niña nunca sepa lo que es el sufrimiento y la maldad de la gente. Igual que Morel lo hizo con una Reina adolescente. Los dos criaron a chicas de mentes débiles que cualquiera puede romper con una palabra. Por eso mi prima sufrió tanto y no dudo que aún lo haga. Lo bueno es que ahora entro en cabeza y sabe a qué atenerse. O eso es lo hace creer a algunos.

En el mundo que nos movemos es necesario saber utilizar desde un palito de fosforo hasta un misil. Nunca sabes cuando vendrán por ti y aunque mi prima está excluida del mundo mafioso, el abuelo no desconoce lo que es tener enemigos y los difuntos padres Reina en su momento tampoco lo hicieron.

Prendo el Porche 1989 rojo y hago rugir el motor. Lo gané en una apuesta que hice con un imbécil en una carrera de autos. La victoria me costó dos semanas de discusión con mamá, pero valió la pena. Es una belleza que cuido como lo más preciado y por el que me iría a los puñetazos con cualquiera.

Nat ríe y se abrocha el cinturón.

-No te cohíbas a la hora de mantener una velocidad adecuada-dice emocionada.

Sonrío de lado y hago rugir el motor por última vez antes de arrancar.

-No lo iba a hacer.

Ella se queda encantada mirando a todos lados y cuidando de que su ridículo sombrero no se vuele de su cabeza.

Acelero y paso de largo algunos semáforos recordando mi tiempo de rebeldía en la adolescencia. Creo que esa parte todavía vive en mi aun cuando me he esforzado por matarla.

No era precisamente el orgullo de mi familia y aunque padre hiciera de todo para mantener la compostura frente a la bratva su cara de decepción nunca me pasaba desapercibida.

Decido detener el auto en el último semáforo antes de llegar a casa para tener un poco de prudencia. Me distraigo mirando la fachada del café de Peter e imaginando la expresión distraída de Willow. Así fue como la vi por primera vez. Llegando a mi pent-house luego de tener una larga noche.

-¿Que miras?-pregunta Natalya antes de seguir la dirección de lo que causa distracción en mí-¿Quieres entrar?, bueno, no importa porque lo haremos. Llévame a tomar una taza de chocolate caliente y a comer algo de pastel.

Parpadeo y sacudo la cabeza para salir de mi estupor y la miro como si le hubieran salido dos cachos en su frente.

-Claro que no.

El semáforo cambia a verde y los cláxones suenan desesperados detrás de mí. Un hombre con pinta de crakero pasa por mi lado y me saca el dedo del medio. Si no anduviera con el copo de azúcar de mi hermana ya lo hubiera seguido para darle una paliza.

-Sí, iremos-dice poniendo esa cara de póker otra vez.

Al final me veo en la obligación de complacerla. Estaciono el auto en la orilla de la calle donde varios autos también ocupan un espacio y voy hasta su puerta para abrirla con molestia.

-Ves, sí que puedes ser un buen chico-aprieta uno de mi mejilla y ruedo los ojos avanzando sin ella hasta la entrada.

Escucho sus pasos apresurados tras de mí y cuando me alcanza entrelaza nuestros brazos.

-Ya no te enojes, hermanito lindo-dice besando donde antes apretó.

Me detengo y entrecierro los ojos mirando sus risueños ojos.

-No me vuelvas a decir lindo. Eso está prohibido mientras te quedes conmigo, ¿está claro?-asiente de acuerdo pero la risa la delata.

Entramos al local y nos sentamos en una de las mesas al fondo que queda pegada al vidrio que nos separa de la ciudad.

-Buenas tardes, soy Morgan. ¿Qué desean tomar? hemos incluido una deliciosa tarta de mora al menú que estoy segura les gustara-la amiga de Willow nos recibe con un tono de voz cordial pero tenso a la vez.

Su voz se pierde dentro de mi cabeza ya que ella no es la que me interesa y como un adolescente que tiene un flechazo miro detrás de ella buscando a mi objetivo. Es cuando me encuentro con una muy descolocada y no muy contenta Willow que me mira a la distancia.

Mmm, creo que estoy en problemas con la lindura.

***

Holaaaa

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Hasta el próximo capítulo

El Contrato ©  (Sin Editar)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora