LIBRO I DE LA TRILOGÍA «CADENAS»
El padre de Willow está enfermo de cáncer y necesita dinero para la operación. Desde pequeña le enseñaron que la familia es una de las cosas más importantes que existen y es por eso que ayudadarlos en uno de los mome...
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Willow
-¡Will!-escucho a Morganllamarme desde su habitación.
-¡¿Qué?!-respondo y paso la página de la novela que estoy leyendo.
Pocos segundos pasan antes de que se pare en el marco de mi puerta.
-¿Sacas la basura por mi?-pregunta con un lápiz colgando detrás de la oreja y un cuaderno en sus manos-Estoy tratando de aprender las respuestas para el examen del lunes y no quiero ocuparme de esa tarea y perder el hilo de esto-alza el cuaderno.
Con mucho pesar dejo el libro de lado y me levanto a socorrer a mi amiga. Se cuanto le cuesta concentrarse en sus deberes universitarios.
-Ya, vete. Lo haré.
Sonríe y me lanza un beso.
-Eres la mejor-dice y luego se retira.
Saco la basura y bajo al primer piso sintiendo el arduo trabajo de tener que bajar de un quinto piso por las escaleras. El edificio es viejo, muy bonito-humildemente-pero, viejo al fin.
Los dueños son unos señores que no les interesa gastar su dinero en un ascensor por lo que ya te puedes imaginar lo que los inquilinos tenemos que pasar todos los días,
Amo los deportes, lamentablemente lo que no amo es hacerlos. Por suerte tengo un metabolismo rápido, de no ser así tendría las golosinas y toda la grasa que me gusta ingerir marcada por todo el cuerpo. Tener unas libritas de mas no está mal, al contrario, nos vemos más mamacitas, pero como dice mi mama, mejor controlar la salud ahora para no arrepentirnos después.
Tristemente hoy papá está pagando su mal manejo de salud y es algo que cada uno en mi familia a sufrió de la peor manera.
-¿Como estas, Will?-saluda el agradable portero.
-Todo bien, señor Miguel-respondo y sonrío al amable hombre.
Ha trabajado aquí desde mucho antes de que yo me mudara y desde siempre a sido muy cordial conmigo y con Morgan. A diferencia de nuestros vecinos que a veces dicen que somos lesbianas y otras veces compañeras de mundo.
Creen que nos creemos santas cuando en realidad le quitamos el dinero a los hombres.
Todo el rumor empezó por nuestra vecina Carmela que vio que el señor Facundo del segundo piso nos ayudaba a subir las fundas de la compra. Ese día Miguel no estaba de guardia sino otro chico que no tiene nada de amabilidad. Carmela lo confundió todo cuando vio al del segundo piso salir de nuestra casa acalorado por subir las escaleras con el tremendo peso de las fundas de la compra y dijo que lo estábamos engatusado para que nos pagara la mensualidad del apartamento.
Ni que dos amigas viviendo solas fuera algo que nadie puede imaginar.
-Will, ya te he dicho que dejes los formalismos-reprende el señor canoso y de barriga prominente-Sino tendré que dejar de tu tutearte. Mira que eso me lo pediste por mucho tiempo.