Mi querido Hyunjin:
Una semana después, visité nuevamente tu consultorio. Igual que la vez anterior, me recibió esa alegre secretaria tuya, siempre bien vestida y elegante. Hablamos del tráfico y de ti. Ella me comentó lo gran psicólogo que eres, tu historial, y pronto más pacientes se unieron a la conversación. Pude notar el patrón en la mayoría de tus pacientes femeninas e incluso en algunos varones; cuando hablaban de ti, parecía que suspiraban, y en los más jóvenes casi podía ver el corazón en sus ojos.
Terminé esperando unos 40 minutos, fingiendo que leía un libro de autoayuda del estante. Realmente, no podía dejar de pensar en la idea de volver a verte, y tampoco en que no era el único que lo hacía. En una ocasión, pude escuchar cómo te despedías de una de tus pacientes. Tu tono de voz parecía ser el mismo para todos. Después de cerrar un poco la puerta, seguro para ver tu agenda, llamaste el apellido de una de las chicas que había suspirado mientras hablaba de ti. Era una chica linda, alta y delgada, con un lunar bajo el labio. Le llamaste Ji-Won, con cariño. Me sentí tonto por dos razones válidas, lo juro: Primero, porque quería ser tu paciente favorito, y segundo, porque tu trato era igual con todos. Siempre eres encantador con todo el mundo; yo no era tu excepción y posiblemente jamás lo sería.
Después de la chica del lunar, seguí yo. Me llamaste por mi nombre, no dijiste mi apellido primero, me hiciste sentir especial. Me transpiraban las manos cuando pisé nuevamente tu consultorio, así que me aferré a mi bolso como un salvavidas.
—"¿Cómo has estado? ¿Te fue bien esta semana?" —me dijiste con esa sonrisa tuya. Era tan perfecta que, con el tiempo, pude notar que era falsa, tan meticulosamente practicada.
La verdad era que estar enamorado de tu terapeuta no era una buena idea, ¿sabes? Por más que fueras dulce y amable, había cosas que jamás podrías darme. Lo supe cuando las semanas pasaron; nunca más volviste a tocarme. Te sentabas frente a mí, eras dulce y atento, pero a la vez tan distante.
Empatía cognitiva, lo supe después de que la ansiedad me consumiera por completo. Todo en ti era un trabajo perfecto. Podíamos parecer amigos, pero los amigos se conocen. Tú lo sabías todo de mí, pero yo ni siquiera me acercaba a rozar algo de ti.
—"Me pasó algo parecido, sé lo difícil que es para ti" —decías para conectar conmigo, pero cuando quería preguntarte por ese "algo parecido", siempre cortabas mi oportunidad—. "Pero gracias a eso aprendí..."
Y blah, blah, blah; no podía saber nada de ti. Lo sabía, no era culpa tuya que mi corazón no dejara de pensar en ti, pero era tan doloroso saber que solo era un paciente más de los muchos que suspiraban por ti, pero jamás te tendrían. Tu sonrisa verdadera jamás sería mía, tus "algo parecido" nunca serían compartidos y jamás volvería a sentir el calor de tus manos en mí.
Las semanas pasaban y se hacía doloroso. Verte sonreír era un recordatorio de mi poca importancia, y las preguntas practicadas para todos hicieron que poco a poco dejara de sentirme bien al pisar tu consultorio. Parecía ser el único que se daba cuenta, o tal vez todos lo sabían y lo ignoraban para ser felices, sintiendo que eran los únicos en tu corazón. Tal vez yo también debería fingir demencia y seguir adelante.
—"Félix..." —me llamaste una vez, entre un suspiro cansado. Miré hacia ti, como cada semana, no importaba cuánto doliera, siempre volvía—. "Sabes que estoy aquí para escucharte siempre, con cualquier problema que te aqueje."
Tu expresión era distinta, tus ojos parecían estudiarme en segundos, y la sonrisa fingida y dulce había dejado tus labios. Te habías inclinado hacia mí, un poco más de lo habitual, tu pierna derecha se cruzó sobre la izquierda mientras apoyabas tu brazo derecho en ella. Te observé esta vez, imitando tu acción. Tu mentón descansó en la mano derecha y te imité. Pude ver cómo tu pie derecho empezaba a moverse ligeramente. ¿Acaso te estaba poniendo nervioso?
—"Siento que ya no tenemos la misma confianza de antes" —dijiste cuando notaste que no iba a responder. Tus ojos me miraban fijamente, más libres, menos trabajados y ocultos. Sentí cómo el corazón me empezaba a latir rápidamente en el pecho—. "Dime, si hice algo para incomodarte... Un profesional también puede cometer errores."
Pero no respondí. Sabía que podrías ver el brillo en mis ojos. Me mirabas como si no me pudieras entender, como si quisieras escarbar en lo más profundo de mi mente y encontrar la respuesta a tus dudas. Mi garganta estaba seca y no pude evitar carraspear para quitar la picazón. Tapaste tu boca enseguida y te acercaste aún más. Pude sentirme enrojecer y retroceder un poco. Era muy extraño, parecías haber salido de tu papel de psicólogo, al menos del psicólogo sonriente y precavido. Ahora parecías analizarme sin ningún filtro.
—"¿Algo le aqueja, doctor?" —pregunté sin pensar. Mi voz falló y se entrecortó. Sabía que mi rostro era un desastre de vergüenza. Me observaste, pero no como un psicólogo vería a un paciente, no, ese fue el cambio para los dos, una ida sin retorno.
Tu risa fue música y por primera vez te vi sonreír de forma genuina. Tus ojos se achicaron en medias lunas, tus labios se curvaron, y no, no era una sonrisa perfecta como las de siempre, pero fue tan imperfectamente hermosa que soñé con ella al anochecer.
Empatía cognitiva: Es el tipo de empatía que debe mostrar un psicólogo a un paciente, puede mostrar comprensión de un problema y consolar al paciente, pero siempre desde un ámbito profesional y sin involucrarse más allá de lo permitido como profesional de la salud mental.
Las clases si sirvieron jajaja.
Ando chambeando, ya voy a terminar el tercero, pero la chamba retraso este cap jsjsjsjs.
Happys vacaciones :p
Psdt: Si tu psicólogo te cuenta sobre si mismo, llora o te abraza es una red flag, corranle.
~JJ se despide ;3
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My love
Mystery / Thriller¿Qué pasaría si descubrieras que la persona que más amas es un asesino y su próxima víctima eres tú? -¿Mi amor, en serio creías que eras especial? ~Hyunlix ~Escenas fuerte y/o perturbadoras ~Si no te gusta este tipo de historias te invito a retirar...
