Uno

1.7K 131 13
                                        

 Mi querido Hyunjin:

Nos conocimos cuando yo tenía 25 años, acababa de postular a un trabajo como cuidador para recaudar algo de dinero. La madre de los niños fue muy amable, dijo que le gustaba mucho mi sonrisa y mi voz suave, pero cuando pensé que tenía el trabajo, ella me dijo que no podía dejar a sus niños con cualquier persona.

Me tragué una charla de al menos 30 minutos sobre por qué era importante conocer cada cosa de la persona que cuidaría a tus hijos. Ella me comentaba casos terribles, donde los cuidadores terminaban siendo ladrones, pedófilos, incluso asesinos. Después de escucharla parlotear tanto, por fin llegó al punto de su relato:

—"No me tomes a mal —me dijo con una sonrisa apenada—, pero estaría más tranquila si te haces un examen psicológico, así sabré que eres de fiar."

Y así fue como llegué a ti. Accedí al examen porque no tenía nada que perder ni esconder. Le había preguntado a la señora si tenía alguna recomendación, y tu nombre fue rápidamente pronunciado. Hwang Hyunjin era tu nombre, se me hizo llamativo y pronto supe más de ti. Un psicólogo reconocido, el mejor de Seúl, los comentarios eran positivos.

Terminé en tu consultorio una semana después, eras muy cotizado. Me encontraba un poco nervioso, rodeado de tanta gente, hasta que fui llamado por una señorita de linda sonrisa. Cuando abrí la puerta y te vi, quedé congelado. Dijiste mi nombre y creí que me perdía cuando me miraste a los ojos. Me sonreíste como si vieras a alguien querido y me ofreciste sentarme. El lugar era cómodo, se sentía íntimo, no era lo que esperaba. Pensé encontrar una vieja oficina, un escritorio de metal viejo y un hombre frío; en su lugar, tu consultorio era acogedor, había dos sillones, uno frente al otro, no muy lejos, pero tampoco tan cerca, era la distancia perfecta. Había muchos libros, plantas y figurillas, parecía una cómoda sala.

Me senté frente a ti y la práctica fue amena, me ofreciste agua y hablaste de cualquier cosa menos la razón por la que había venido. Eso me hizo sentir de alguna forma especial. Me preguntaste por mi día y, de alguna u otra forma, llegamos a una charla sobre mi primer año en Corea. Tu carisma me quitó el miedo y pronto estuve resolviendo la prueba con una sonrisa. Me da vergüenza admitirlo, pero fui muy lento al dar esa prueba. Me había sentido importante por unos momentos, tu mirada atenta siempre sobre mí, tu interés. Hace mucho tiempo no era interesante para nadie y no quería dejar el consultorio para no verte de nuevo; la idea me daba náuseas.

—"Félix, quisiera hacerte unas preguntas, ¿me dejarías?" —preguntaste en el momento exacto. Estaba pensando en soltar algún problema mío que quisieras ver en otras consultas, cualquier cosa para volver a verte.

—"Claro, no hay problema" —dije con una sonrisa mientras dejaba el lápiz a un lado. Me habías dado un lugar junto a una mesa para dar la prueba. Estabas muy lejos de mí ahora, pero cuando la respuesta fue pronunciada, te pusiste en pie y caminaste hasta mí en silencio.

Eras muy alto. Tomaste una silla frente a mí y te sentaste cruzando las piernas, tus manos siempre estaban al frente, a la vista. Eso me generaba confianza, pero al mismo tiempo, la forma en la que alzabas la cabeza y me mirabas me hacía sentir diminuto. Meses después me enseñaste lo importante que era incluso la forma en la que te sentabas en la silla para un paciente.

—"Me dijiste que estás estudiando y por esta prueba puedo ver que también trabajas, eso debe robarte mucho tiempo, ¿es así?" —si por un momento creí que eras demasiado amable y distraído, me callaste la boca en unos segundos. En tan solo una plática de dos minutos lograste descubrir muchas cosas sobre mí.

La prueba quedó en segundo plano, comenzamos por mi vida universitaria, pasamos por el trabajo y finalmente llegamos al tema que querías abordar desde el principio: mi ansiedad. No fue difícil para ti notar ciertos patrones en mi forma de actuar o hablar que revelaban los problemas que tenía y, en el momento crítico de la consulta, me preguntaste si me había autolesionado alguna vez. El consultorio quedó en silencio. Me perdí en tus ojos bicolores y, por un momento, pensé que rompería a llorar, pero pronto esa sonrisa amable, que en algún momento me pareció cínica, se transformó. No sabía decir exactamente cómo, pero sentía que todo se había tornado más melancólico junto a tu sonrisa.

—"Entiendo que esto puede ser muy difícil de compartir, y está bien si no te sientes listo para hablar de ello ahora" —tu voz fue calmada, sentía el dolor en tu voz, pero no como si sintieras lástima por mí, era como si entendieras lo que sentía—. "Si en este momento prefieres no hablar, eso está bien. Podemos seguir adelante con otro tema. Estoy aquí para escucharte cuando estés preparado."

Sentía que podía llorar. De alguna forma, nunca había sido escuchado por nadie, nunca alguien se había preocupado por mi estado de salud, por lo que estaba pasando o sintiendo. Y aunque una vocecita me decía que era tu trabajo escucharme, preferí creer en un consuelo falso y rompí en llanto frente a ti. Había sido muy vergonzoso. Hace mucho tiempo no lloraba. Me había prometido no hacerlo, tal vez los últimos días fueron muy pesados o había pasado mi límite por completo, pero llorar después de tanto tiempo se sintió liberador, como si una carga dejara mi pecho.

—"Lo siento" —había llegado a murmurar con vergüenza. Realmente me ponía mal llorar frente a una persona que quería impresionar, pero no hiciste una cara de asco, tampoco te quejaste por mi llanto como otras personas.

—"No debes pedir perdón, Félix. Es completamente válido que estés llorando. A veces, las emociones pueden ser tan fuertes que necesitamos liberarlas. No hay prisa, tómate tu tiempo."

Pronto todo estuvo en su lugar, a pesar de que nunca te acercaste a abrazarme como lo haría alguien más. Con tan solo tus palabras y apoyo lograste más de lo que un abrazo podía hacer. Terminamos la prueba y, en lugar de temer no volver a verte, tus palabras me llenaron de esperanza y un agradable calor se instaló en mi pecho.

—"Fue un placer conocerte, Félix. ¿Te veo la próxima semana?" —ahora podía sentir tu sonrisa genuina, tu voz era mucho más delicada y afectuosa, o tal vez era mi mente en el comienzo de un enamoramiento.

—"¿Por la prueba?" —forcé una sonrisa, aunque mi corazón había empezado a latir por la pregunta. Seguía siendo demasiado pesimista y no quería hacerme extrañas ilusiones.

Tampoco dejaste que mis pensamientos intrusivos escalaran a más. Sonreíste mientras abrías la puerta y, por primera vez, pude sentir el calor de tus manos tocar mi hombro para indicarme la salida. En ese momento no podía creer que un toque tan superficial pudiera hacer latir de tal forma mi corazón.

—"No, quiero que vuelvas, sin pruebas de por medio."

No sabes cuántas ganas de vivir me diste ese día, pero puedo decir firmemente que me salvaste la vida.














✫ꕥ✫














Pasaron muuuchas cosas, mi casa se inundo jsjsjs, por cosas como esas no les traje los capítulos antes, pero aquí están los primeros dos capítulos reescritos, díganme como los ven, realmente espero haber mejorado TT.

¡Feliz año nuevo!

~JJ se despide ;3

My loveDonde viven las historias. Descúbrelo ahora