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Bien, Yoongi había estado exactamente las últimas diez horas pensando en la mejor cita junto a sus amigos.

Vamos, no era un tema extremadamente difícil, solo debía asegurarse de que Hoseok pasara el mejor tiempo de su vida, ¿no? ¡Pan comido! Intentó convencerse internamente el viernes por la noche, pero le fue imposible conciliar el sueño aún así. De cierto modo se sentía nervioso de terminar arruinando el ambiente o acabar por incomodar al chico que le gustaba, pero por otra parte pensaba que sin duda él estaría agradecido de cualquier cosa porque Hopie tenía un corazón de oro.

Si bien Yoongi hace un tiempo tuvo la osadía de poder coquetearle al chico más lindo que había visto hace mucho, no era difícil comprender que en el fondo era tímido, muy tímido. O quizás todo le causaba mucho pánico, y es que solo quería ver en aquellos labios de corazón una sonrisa el mayor tiempo posible porque lo merecía sin lugar a dudas. Quizá no conocía de toda la vida a Hoseok, o probablemente ni siquiera eran novios aún, pero por alguna extraña razón se volvió el mayor deleitador de la alegría de aquel chico, porque aquello le agitaba el corazón a más no poder.

Quizá era una especie de amor joven, pero no podía evitar en pensar todo tipo de cursilerías si se trataba de Hopie, porque aquel chico parecía una caja llena de sorpresas que llegó a cautivarle de la nada. Así que sin más, aquel día le dio un aviso por la mañana para mostrarle todo lo que tenía preparado durante la tarde.

Yoongi tomó el auto de su mejor amigo prestado y fue por Hoseok a eso de las seis de la tarde en un día de invierno. Ese día vestía con una de sus tantas chaquetas de cuero y su cabello rubio hacía contraste con toda su ropa negra; incluso le robó algo de productos a su hermana y tapó un par de imperfecciones en su rostro porque realmente quería verse bien. Sin más, tomó el volante entre sus manos y esperó a ver la silueta del chico de sus sueños tras la puerta luego de mandarle un mensaje. Minutos después allí estaba Jung con sus preciosos cabellos rosados como el algodón de azúcar, con su característica vestimenta de tonos claros y la sonrisa radiante y llena de vida que no podía sacarse de la mente las últimas semanas.

El rubio suspiró y se apresuró a salir del auto nada más para saludar a Hoseok de una forma más acorde a la situación, así que se acercó a él y sin decir nada le robó un beso de los labios, abriendo la puerta del vehículo para él. Una vez estuvieron dentro, Hopie habló.

— ¿Dónde iremos? —preguntó con ciertos nervios (de los buenos), mientras jugaba con sus manos.

— Es una sorpresa, pero siento que te gustará —respondió Min mientras encendía el auto y daba el arranque.

La verdad es que su panorama no era para nada de otro mundo, pero sentía que en el fondo, había algo muy especial para demostrar aquello que sentía. A pesar de ser un amor joven, Min quería ser alguien bueno desde el principio porque Hoseok lo merecía sin lugar a dudas.

Luego de un par de minutos manejando, llegaron al centro comercial, de allí, a un lugar de patinaje sobre hielo, se podía leer desde afuera en un gran letrero.

— ¿Patinaje sobre hielo? —inquirió el pelirosa con una gran sonrisa en el rostro—, nunca he patinado en hielo, ¡de seguro será tan emocionante!

— ¿Te gusta la idea? —Hopie asintió frenéticamente, mirándole a los ojos—, entonces vamos antes de que se agoten los lugares, lindo.

Hoseok pretendió no escuchar aquel último apodo y sonrió, bajándose del auto. Seguido de eso caminaron hombro a hombro en dirección a la entrada, donde habían algunas personas. El lugar tenía decoraciones en colores vibrantes y mantenía luces claramente para llamar la atención de quienes pasaran por allí. Yoongi compró dos entradas y fueron a pedir patines de su talla. Él había ido un par de veces antes con su hermana, así que al menos sabía cómo mantenerse en pie.

suavecito | yg + hsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora