Capítulo 2

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Notita: Hoy he actualizado 2 veces, si wattpad te trae a este capítulo regrésate al anterior.
Te quiero 🥰

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La siguiente chica llegó el dos de febrero...

El día anterior, Sofía estaba muy nerviosa pues iba a cumplirse un mes de su estancia en aquel sucio lugar.

Estaba hambrienta, sedienta y deseosa de salir, lo que más le dolía era el engaño de quien creyó llegaría a ser su novio.

Mientras los días pasaban, se sentía peor, tenía ganas de morir, y estaba intentando hacerlo, pues no había vuelto a comer nada desde hacía 2 días.

Había aprendido a ocultar la comida detrás de una jaula aledaña, porque si Stefan se daba cuenta de que estaba dejando de comer, la obligaba a tragárselo todo de una vez.

¿Y cómo lo hacía?

De la peor manera, metía su mano por entre los barrotes, la agarraba por el pelo y bajaba su cabeza hasta el pozuelo para perros en el cual le servía la comida, ahí la hacía comérselo todo, y si no masticaba la golpeaba contra el piso o contra las rejas.

Por eso no se atrevía a dejar que ese monstruo la alimentara, que Stefan le diera la comida suponía una tortura doble, porque tragarse aquella asquerosidad ya era la primera.

Los días se hicieron eternos para ella hasta la llegada de Alma aquel 2 de febrero.

Sofía se despertó al escuchar un fuerte ruido proveniente de lo que ella suponía era el exterior de la bodega, su corazón comenzó a latir con rapidez, estaba muy asustada, temblaba y lloraba desconsoladamente.

En ese momento se abrió la puerta y vio que Stefan entraba cargando el cuerpo de una chica, a la cual colocó en la jaula que estaba frente a la de ella. Esta también estaba desnuda, era gorda y tenía el cabello castaño y bien recogido; parecía estar sedada.

Cuando el joven se marchó, Sofía se dio cuenta de que la nueva víctima tenía un golpe muy fuerte en el abdomen, había moretones en sus brazos y se percató de que poco a poco empezaba a abrir sus ojos.

-Hola- susurro Sofía

- ¿Quién eres?, ¿Dónde estoy?- respondió la muchacha con temor

-Mi nombre es Sofía, no sé dónde estamos, llevo un mes y un día aquí, no tengo idea de que está pasando. Stefan es un monstruo, me hizo creer que era diferente y luego me encerró aquí, he tratado de salir de muchas formas, le rogué por quince días consecutivos que me liberara, pero nunca me escuchó, y ya no soporto vivir así -le respondió mientras lloraba.

-Yo soy Alma, no conozco a este chico, estaba visitando el cementerio, cuando todo se volvió oscuro y desperté aquí. Ayúdame por favor

-No hay nada que hacer, no entiendo sus motivos, ni porqué hace esto, solo sé que prefiero morir

Los ojos de Alma se abrieron de par en par, al darse cuenta de que ambas estaban desnudas.

- ¿Dónde está mi ropa?, ¿qué hago así? -le preguntó haciendo una mueca de desconcierto mientras cubría su cuerpo con sus manos, sus labios temblaban y empezó a llorar.

Pasaron un buen rato hablando, Sofía le contó parte de lo que había vivido en ese tiempo, le dijo que la había traído el primero de enero y que Stefan la torturaba de muchas formas diferentes.

Ese día a la hora de servir el agua y la comida, el psicópata solamente le trajo alimento a Sofía.

Alma lo miró extrañada y le pidió miles de explicaciones, pero como de costumbre, este chico no decía una palabra.

Sofía le cedió su comida a Alma y le explicó que quería dejarse morir.

Alma por su parte le devolvió las esperanzas y la convenció de comer algo, y le aseguró que ambas saldrían de ahí.

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Pasaron dos semanas en las que Stefan le traía comida cada dos días a Alma, y diariamente a Sofía. Ellas no entendieron su comportamiento al principio, pero después se dieron cuenta de que era una manera de hacer sufrir a la gordita, pues él suponía que lo que más amaba era comer, y no estaba equivocado del todo.

El próximo mes llegó una nueva inquilina, fue el tres de marzo, tenía el pelo corto y teñido de azul, parecía una de las tantas jóvenes que se aventuraban en el mundo de las subculturas, sus brazos estaban llenos de cortes tenía dos piercings en las cejas, un arito en la nariz y varias perforaciones en sus orejas.

-Hola soy Alma, y esta es Sofía, sabemos que debes estar asustada, no te preocupes, vamos a salir de aquí. -le dijo la gordita amablemente.

No hubo respuesta, la nueva miró a su alrededor, todo le daba asco, y vomitó.

- ¿Quieres agua?- pregunto Sofía

- No, quiero irme, ¿qué hacemos desnudas y quien me trajo aquí?- dijo muy molesta

Nuevamente empezaban las preguntas.

Luego de tratar de responder y explicarle todo a la nueva, se presentaron.

-Soy Britney, no me gusta hablar, cuando sepan cómo salir me avisan, mientras traten de ignorarme para no volver a vomitar al escuchar sus voces, odio todo de aquí, y eso las incluye a ustedes. -les dijo con el ceño fruncido y muy enfadada, casi gritando.

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El tiempo era otro que las hacia sufrir a todas, el maldito parecía detenerse, no avanzaba, nadie las encontraba, estaban solas aunque hubiesen llegado cuatro chicas más.

Las fechas de sus llegadas, ya eran predecibles para Sofía, Alma y Britney, la cuarta presa llegó el 4 de abril; la quinta, el 5 de mayo y la sexta, el 6 de junio.

Había un patrón en eso, Stefan no las traía cualquier día del año. Y aunque no le hacía falta, en sus jaulas decidió colocar un cartelito para tenerlo todo aún más controlado.

Sofía 1/1/2012
Alma 2/2/2012
Britney 3/3/2012
Rebeca 4/4/2012
Irenia 5/5/2012
Némesis 6/6/2012

Sí, al muy psicópata le gustaba tener las cosas al detalle. No pasaba mucho tiempo dentro del cuarto en el que estaban las doce jaulas, en realidad solo entraba ahí para darles sus comidas y llevarles agua, el resto de sus locuras, las hacia afuera.

A ninguna le gustaba salir, era mejor quedarse ahí dentro a ser la escogida del maniático, como le llamaban.

Porque cuando salían, todo era peor...

¿Qué tenían estas mujeres de importante?

¿Por qué eran ellas las escogidas?

Eso solo lo sabía una persona... Stefan

Flores Marchitas de un Psicópata © [COMPLETA]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora