第5章

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POV: CHOKO

—¿Usted sentía algo más que una amistad por Sabito? —preguntó Tanjiro con genuina inocencia.

—Supongo que sí, lo amaba—respondiste, dejando escapar una sonrisa triste.

De repente, la puerta se abrió con un golpe seco.

—¿¡___-chan vivió una historia de amor!? —Una chica de voz aguda y dos trenzas entró como torbellino, dejándose caer entre los presentes.

—Kaori-san —dijiste con una sonrisa. La recién llegada saludó a todos con energía, para luego volver a ti con ojos brillosos.

—Y dígame más sobre ese chico. ¿Fue el amor de su vida?

Te pusiste roja de inmediato y negaste rápidamente.

—Era un... amigo cercano.

Mitsuri te miró con una sonrisa pícara.

—¿Y llegó a pasar algo entre ustedes?

—Amm, de hecho estaba contándoles sobre cómo me volví cazadora, entonces...

—P-pero conoció a ese chico en el proceso, ¿no? —te interrumpió Mitsuri. Asentiste—. Entonces cuente esa historia, por favor.

Reíste, sintiéndote ligeramente nerviosa ante tantas miradas curiosas.

—Realmente no pasó nada entre nosotros... Al menos no hasta el final.

—¿Final? —preguntó Mitsuri con el ceño fruncido.

—Él falleció hace varios años... —Los ojos de la de cabellos rosas se llenaron de lágrimas al instante.

—¿F-fue un demonio? —Asentiste en silencio—. ¿Pero pudo decirle lo que sentía?

—Algo así... —dijiste en voz baja. Hubo un momento de silencio—. De hecho, sí tuvimos una cita.

Los ojos de Mitsuri volvieron a brillar.

—¿Podría contar esa historia?

Asentiste con una leve sonrisa.

Asentiste con una leve sonrisa

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El cielo estaba despejado. Los entrenamientos habían terminado, y faltaban siete días para el examen final.

Era temprano... demasiado temprano. Y por razones que no explicó ni bajo amenaza, Sabito decidió llevarte —más bien, secuestrarte— hasta la colina más alta del bosque.

—No es una cita —dijo, sin mirarte, mientras subían tomados de la mano—. Solo... quería que vieras algo.

—Ajá. ¿Y también traes ese pañuelo para “mostrarme algo”? —respondiste con una sonrisa burlona, señalando el pañuelo rosa que sobresalía de su bolsillo.

Sabito se sonrojó apenas, pero intentó disimular.

—Es para limpiar espadas. Obvio.

—Ninguno de los dos trajo espadas —le recordaste, alzando una ceja. Pero no insististe. Solo caminaste a su lado, disfrutando de ese raro momento de paz que escaseaba en su mundo.

Al llegar a la cima, lo entendiste. El lugar era mágico: un campo abierto cubierto de glicinas, donde el viento jugaba con los pétalos como si fueran mariposas. En el centro, un árbol enorme ofrecía sombra como si hubiera estado esperándolos desde siempre.

—Sabito... esto es...

—No te emociones. No soy tan romántico —dijo con tono seco. Pero sus manos temblaban un poco, y tú lo notaste. Siempre lo notabas.

Se sentaron bajo el árbol. Él sacó una bolsita de tela con algunos onigiris.

—¿Tú los hiciste? —preguntaste, medio bromeando.

—¡No! Los encontré en un arbusto. Bueno... tal vez. Pero si están malos, es culpa del arroz. O de Giyuu, por mirarme raro mientras los hacía —dijo rápidamente. Su nerviosismo era casi tierno.

Tú solo sonreíste.

Durante un rato no hablaron. Compartieron comida, miradas furtivas, y ese silencio cómodo que solo existe entre dos personas que se entienden sin decir nada. Hasta que, de pronto, Sabito rompió el silencio:

—Me gusta estar contigo.

Parpadeaste.

—¿Cómo dices?

Lo miraste directo. Él suspiró, torciendo un poco la boca.

—Eso. Que me gusta estar contigo. Aunque me hagas tropezar, aunque me caigas mal la mayor parte del tiempo, aunque seas tú... —hizo una pausa—. Sobre todo porque eres tú. Me gustas.

No respondiste enseguida. Te inclinaste, apoyaste la cabeza en su hombro y susurraste:

—Entonces quédate a mi lado.

Él sonrió. No su sonrisa burlona habitual. Era simple, sincera, como si al fin pudiera soltar un peso que había cargado mucho tiempo.

Y allí, bajo ese árbol, en ese rincón del mundo detenido en el tiempo, el destino les regaló un momento perfecto. Breve. Efímero. Como todo lo bello que no sabe que está por desaparecer.

Antes de bajar de la montaña, le dijiste una última cosa:

—También me gustas, Sabito.

Y justo entonces, se abrió la puerta

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Y justo entonces, se abrió la puerta...

—Mitsuri —la voz de Obanai Iguro se escuchó al entrar al cuarto.

Ella se puso de pie de un salto, como si la hubieran atrapado robando mochi.

—¡Obanai! Eh... estaba justo por volver a mis deberes. Solo me... caí en este cuarto. Por accidente. Y la escuché. Por accidente también.

Él no respondió. Solo extendió una bufanda hacia ella, cubriéndola con ese gesto silencioso tan suyo.

—Gracias por contarme tu historia —susurró Mitsuri mientras salía—. Fue como una cita doble... ¡pero fantasma!

Y se fue, arrastrada con delicadeza por el Pilar Serpiente, que parecía tener un GPS interno para localizarla.

Mientras tanto, los que quedaban en el cuarto soltaron una risa ligera, dejando que el aire se llenara con la calidez de los recuerdos.

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¡Hola! ¡Choko reportándose! Espero que te esté gustando la historia. Gracias por comentar y votar en cada capítulo <3

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𝒟ℯ𝓈𝓉𝒾𝓃𝓎 [𝖲𝖺𝖻𝗂𝗍𝗈 𝖷 𝖫𝖾𝖼𝗍𝗈𝗋𝖺]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora