IV

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Las primeras semanas de vuelta en Inglaterra no fueron nada de lo que esperaba pues todo ese tiempo se mantuvo en la cama a orden de Molly Weasley que se tomó muy en serio el reposo absoluto.

Y en esos momentos de soledad se ponía a pensar en que todo lo que había pasado y veía todo eso como señales del mundo, diciéndole que debía volver a Gales, que retomara su vida justo en el punto donde la había dejado, pero aunque lo hiciera las cosas no volverían a ser iguales por arte de magia y de todos modos aun ignorando todo eso, hacerlo no haría que Dick regresara a ella.

Su amado Dick parecía haberse olvidado completamente de ella y eso dolía más que una daga atravesando su pecho pero por suerte la familia Weasley la había colmado de amor y esa calidez reforzó esas ganas de quedarse.

—¡¿Tanto te cuesta bajar la tapa del retrete?! —exclamó Ginny antes de abrir la puerta de la antigua habitación de Bill— ¡Vaya inútil cerebro tienes!

—¡Tan inútil como tu! El día en que la coladera del baño esté sin un solo cabello tuyo aprenderé —respondió Ron, desde el piso de abajo

Ginny dio un pisotón tan fuerte que el sonido llegó hasta el primer piso donde estaba Ron que soltó un quejido. Abigail soltó una risita y se giró hacia la pelirroja que tenía el ceño fruncido mientras se paseaba a lo largo de la habitación con los brazos cruzados y sosteniendo la varita arriba.

Siendo hija única y viviendo solo con su madre se dio cuenta que la convivencia de una familia monoparental era bastante diferente a la de una gran familia pues en la suya sí, había desacuerdos pero no eran tan frecuentes como en la madriguera.

Claro que tenía una imagen en mente sobre lo que enfrentaría pero aquella se había quedado corta. En toda su vida pensó en que habrían tantas formas para enfadar a alguien aunque las discusiones mayormente eran entre Ginny y Ron.

No quiso imaginar cómo habrían sido cuando todos los hijos del matrimonio vivían juntos, especialmente cuando eran niños.

—Estoy en mi propio camino, estoy en mi propio camino —repitió estas palabras como si fuese su mantra— ¡Oh, vaya Abby luces hermosa!

Ella sonrió mientras miraba su imagen en el espejo una vez más. Se sentía bonita después de mucho tiempo sin arreglarse de ese modo tan simple, probablemente era porque se sentía cómoda con el lugar al que iría.

Anteriormente había tenido varias citas con Dick en las que ella había invertido horas en verse elegante y a la altura y sin embargo jamás logró sentir esa seguridad que tenía ahora y era extraño y nuevo para ella, un extraño agradable.

Fleur y Bill había sido muy agradables al haberla invitado a esta cena Weasley y eso también la impulsaba a hacer su mayor esfuerzo para que de su parte las cosas marcharan bien pese a que los sorprendería verla llegar sin la compañía de su novio, el cual también había sido invitado pero que por supuesto no informo porque sin importar cuanto lo extrañará, ella no sería la primera en dar ese paso.

—Tú también Ginny —caminó hacia la cama donde su prima estaba recostada, tomando la nueva publicación de corazón de bruja— Hermione no ha llegado por lo que creo

—Estas en lo correcto —respondió ojeando la revista— Si Hermione estuviera tendría a Ronald mejor portado ¡Tiene 20 años y se porta como si tuviera 15! ¿Cómo logra soportarlo?

Abigail rio entre dientes mientras miraba a través de la ventana el cambio de color del cielo a un azul profundo salpicado de pequeñas estrellas, lo que la tranquilizo.

Cuando era una niña creía que su padre pintaba el cielo con pequeñas manchas brillantes para decirle cuánto la quería, tanto como ella lo hacía a pesar de solo tener los recuerdos de su madre y tía que le aseguraban que desde el momento en que la tuvo en sus brazos la amo con todo su ser y la creencia de la noche hecha por su padre se convirtió en sus fuerzas en los momentos que más necesitaba apoyo.

SERENDIPITY | Cedric DiggoryDonde viven las historias. Descúbrelo ahora