Capítulo 6: El Plan

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Selien

Selien llevaba varias horas en el cielo nocturno cuando escuchó a alguien acercándose.

Al principio creyó que podría ser Baham ya que llevaban semanas sin hablarse. Él no entendía que le pasaba. De la nada ella había decidido dejar de hablarle y se alejó sin dar explicaciones. Intentó varias veces acercase, pero ella solo lo evitaba una y otra vez. Aparte, ¿a que se refería con que las otras Estrellas tienen razón?, ¿razón en que ella es solo una Estrella? Baham sabe muy bien que ella más que eso, que ella es su confidente y su mejor amiga. Para él no es solo una Estrella más.

“¿Por qué lo defiendes tanto, hermanita? ¿Te gusta acaso?”

No, no puede ser eso…

En el momento en que Selien se dio la vuelta, con la esperanza de ver a Baham, se encontró con una completa desconocida. Su cabello era cobrizo y usaba vestimentas de tonos verdes. Su rostro no reflejaba amabilidad.

-          Tu – dijo con voz fría mientras se acercaba cada vez más.

-          ¿Te conozco?

-          Soy Ceres, diosa de la agricultura. Asumo que tu eres el dios de la Luna.

-          Selien. Mucho gusto – dijo él mientras le extendía la mano a Ceres. Ella no la estrechó.

-          ¿Se puede saber que es lo que quieres lograr con Helia? – preguntó con desesperación.

-          No se a qué te refieres – mintió Selien, nervioso. – Escucha, no te conozco y aun me queda una hora para volver a mi Palacio. ¿Por qué no vas allá y hablamos con calma? Aparte, la presencia de una diosa llama demasiado la atención…

-          Está bien - respondió irritada. Dicho eso se fue.

Selien no entendía estaba pasando. Primero, las Estrellas insinuaban que él estaba enamorado de Helia y ahora una diosa irritada llegaba en medio de su viaje a hacerle preguntas. Solo esperaba que una vez él volviese a su palacio, ojalá, Ceres se hubiese perdido en el camino y que no hubiese llegado.

El Palacio de la Luna era su hogar. Era bastante parecido al de Helia, el Palacio del Sol, pero mientras aquel poseía tonos cálidos, el de Selien poseía todos fríos. Su palacio no era su lugar favorito en el Universo, pero al menos era medianamente acogedor.

Cuanto Selien cruzó sus puertas, se encontró a Ceres esperándolo. En cuanto lo vio, su semblante de endureció. Era obvio que él no le agradaba. Otra persona más a la lista.

-          Tenemos que hablar – dijo la diosa mientras se paseaba de un lugar a otro. Selien optó por sentarse.

-          Está bien.

-          ¿Qué pretendes con Helia? Y no te hagas el que no sabe. Se muy bien que algo tramas.

-          No tramo nada, Ceres. Ella es el Sol y yo la Luna. Más allá de eso, no tenemos ningún tipo de relación.

-          ¿Entonces como explicas el hecho de que ella siente que la observas?

-          ¿Cómo es eso de que ella me siente? – preguntó Selien, analizando aun las palabras de la diosa.

-          Ella dice que siente una mirada especial cada atardecer. Una mirada no humana. Además, dice soñar cada noche con unos ojos azules. Y tú, dios de la Luna, eres el único ser divino que tiene ojos de ese color. ¿Por qué tan sorprendido?

Atardecer en el Palacio del SolDonde viven las historias. Descúbrelo ahora