Capítulo 20: ¿De quién te escondes?

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Baham

¿Cómo se cura un corazón roto? ¿Cuánto tiempo tarda en hacerlo? ¿Qué pasa si se intenta de todo para curarlo, pero aun así no se logra?

Uno... dos... tres días habían transcurrido desde el incidente con Selien. Baham no había abandonado su habitación desde entonces y tampoco cumplía sus deberes de Estrella. Día y noche, encerrada en esas cuatro paredes pensaba en todas las cosas que había hecho mal. Nunca debí hacerme ilusiones, nunca debí haber insistido, nunca debí besarlo.

¿Lo peor de su encierro? Sus hermanas. Compartía habitación con tres de ellas; Alya, Amaltea y Adhara. Todas insoportables a excepción de la última, con quien Baham compartía litera. Cada vez que Baham discutía con ellas, Adhara era quien intervenía antes de que pudiese cortarles las lenguas.

La mañana en que Baham volvió desde el Palacio de la Luna, después del rechazo de Selien, en la oscuridad de su habitación no notó la presencia de ellas. Baham cerró la puerta y sollozó. Nunca se había sentido tan mal en toda su vida. Hubiera seguido llorando de no ser por las risas, parecidas a las de una hiena, que escuchó desde el otro extremo de la habitación.

- Mira nada más, Amaltea. Nuestra querida hermana Baham llorando desconsoladamente desde el suelo - dijo Alya con voz burlesca.

Al darse cuenta de que no estaba sola, rápidamente secó sus lágrimas y se levantó.

- No estoy llorando - respondió a la defensiva.

- Déjenla tranquilla - terció Adhara. - Vuelvan a dormir, en la noche tenemos que estar bien descansadas para nuestro turno.

Al llegar la noche, todas estaban listas. Todas menos Baham, quien a pesar de haberle asegurado a Selien que se reunirían en los establos, no quería enfrentarlo. No aún.

- ¿Acaso no vas a venir, Baham? - preguntó Amaltea, altaneramente.

- No, me duele la cabeza - mintió ella.

- ¿De quién te escondes?

Silencio. No sabía qué decir, aunque la respuesta era obvia. Cuando se fueron, Baham se pasó toda la noche recostada mientras observaba las blancas paredes de la habitación. La rutina se repitió la noche siguiente.

Luego de la segunda noche de su encierro, Adhara había escapado de su puesto unas horas antes del amanecer y le había pedido a Baham hablar en privado.

- Iremos a dar un pequeño paseo - anunció ella.

- ¡Adhara! - se quejó Baham, escondida tras sus sábanas. - No quiero salir.

- Si no quieres salir, está bien. Pero no te salvarás de una charla conmigo - advirtió mientras la destapaba. - Te la has pasado días encerrada aquí, ya casi no hablas y siempre estás con la mirada pérdida. ¿Qué te pasó?

- Nada.

- Esto tiene que ver con Selien, ¿Cierto? - preguntó con voz inquisitiva. Al igual que todas las Estrellas, a Adhara no le agradaba Selien.

- No.

- Si lo es de él, ¿De quién te escondes?

- No necesito tu ayuda, Adhara - respondió Baham mientras se volteaba para evitar la mirada de su hermana.

Pasaron varios minutos en los que ninguna de ellas soltó palabra. Simplemente se quedaron en silencio, probablemente pensando en quien de las dos rompería el ambiente de tensión. Finalmente, fue Adhara quien lo hizo.

Atardecer en el Palacio del SolDonde viven las historias. Descúbrelo ahora