La fiesta se alarga tanto que, cuando abro los ojos por la mañana y decido salir de mi habitación para coger algo de desayuno, mis amigos roncan profundamente entre los sillones.Los esquivo como puedo para llegar hasta la cocina, la cual está separada del salón por solo una barra con cuatro taburetes. Mientras preparo una cafetera grande, los observo divertida. Se cómo va a reaccionar cada uno cuando abra los ojos.
Hace siete años que nos conocemos. Siete años en los que hemos compartido absolutamente todo. Emma, Gia, Harper y yo fuimos compañeras de residencia durante nuestro primer año de universidad. Conocimos a Ezra en una fiesta para novatos y, desde que los cinco compartimos resaca y baño para vomitar todo el alcohol, nos volvimos inseparables.
Fue el segundo año de universidad cuando nos fuimos a vivir las cuatro al mismo edificio. Gia y Harper en el piso de abajo, Emma y yo en el de arriba. Y Ezra como ocupante ocasional de nuestros sofás puesto que sus padres le obligaron a seguir en la residencia hasta el último año de carrera. Y Ben, que empezó a salir con Emma y pasó a ser uno más del grupo.
Y así ha sido hasta este momento, en el que todos ocupan mi salón como consecuencia de la borrachera de la noche anterior.
La primera persona en demostrar que sigue viva es Gia, que balbucea algo mientras se incorpora y se frota las sienes con los ojos apretados.
-Si vas a decir que no piensas volver a beber- me adelanto, apoyada en la encimera con mi taza de café entre las manos- ahórratelo, porque sé de sobra que es mentira.
Ella sigue murmurando improperios, mientras camina hacia mí para servirse su propia taza.
-¿Que tal ese... Julian?
-Jules- responde, cambiando repentinamente su mueca a una que se encuentra a medio camino entre la diversión y la maldad- y bastante bien. He de decir, querida amiga, que cada vez disfruto más haciéndote favores. Esta vez creo que sí que has perdido una gran oportunidad.
No puedo evitar una carcajada. Lo sé de sobra. Los intentos de nuestro amigos por emparejarme son cada vez más evidentes y continuados. Y eso, sin duda, favorece totalmente a Gia, que suele ser quien aprovecha la situación para conocer a algún chico al que no vuelve a llamar nunca. Es un pacto que hicimos hace tres años y que, de momento, no tengo ninguna intención por romper.
-Ben hizo un buen trabajo esta vez, sin duda- comenta, dando un trago al contenido de su taza- El chico era guapo, simpático y... para el poco espacio que teníamos en el baño, no lo hizo nada mal.
-¡Gia!- exclamo, intentando parecer escandalizada.
Las dos romepmos en carcajadas, lo que provoca que el resto de ocupantes del salón comiencen a despertarse perezosamente.
-¡No es necesario gritar tanto!- se queja Harper, estirándose lentamente sobre la alfombra- Dios... mi pobre espalda.
-¡Y mi pobre cabeza!- responde Ezra, rodando en el suelo para llegar hasta el sofá más cercano.
Pongo los ojos en blanco mientras les anuncio que el café está recién hecho antes de desparecer por la puerta del baño al final del pasillo.
Después de una larga y relajante ducha, salgo del aseo vestida con mi ropa de deporte y una coleta alta decidida a ir al gimnasio. Necesito un rato de desconexión.
-¿Te vas?- pregunta Harper, con la boca llena de pan cuando me ve coger las llaves de la mesita que hay junto a la puerta de la entrada.
-Voy un rato al gimnasio. ¿Nos vemos a la hora de comer?
-¡Hemos quedado en Ginnos!- grita Emma desde el pasillo al escucharme- ¡Ben entra en un par de horas y ha dicho que nos va a invitar a patatas fritas!
-¡Yo no he dicho eso!- responde la voz molesta de su novio desde la habitación.
Mi única respuesta es una sonrisa divertida y un asentimiento de cabeza.
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INMARCESIBLE
Storie d'amore"Esto es lo mejor para los dos" Fueron las últimas palabras que le dedicó el que, hasta entonces, era el amor de su vida. Morgan ha tenido que recomponer los pedacitos que quedaban de ella después de que su futuro quedase completamente destruido. O...
