CAPÍTULO PRIMERO

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-¿No vas a venir? ¿En serio?

Levanto la mirada de mi libro el tiempo suficiente para mostrar la mirada más aburrida que puedo enseñarle a mi mejor amiga.

Ella me observa desde la puerta, colocándose un precioso abrigo negro sobre su vestido de fiesta y esperando a que su novio (nuestro tercer compañero de piso en cuestión) salga del baño.

-Venga ya, Morgan. Tienes seis días a la semana para leer libros y tumbarte en el sofá. ¿Por qué tienes que hacerlo la noche del sábado? Venga, por fa. ¡Estaremos todos!

Vuelvo a levantar los ojos en su dirección, esta vez arqueando una ceja en señal de lo poco que está contribuyendo a convencerme con su argumento.

-Si tú mejor argumento es que voy a tener que aguantar toda la noche a ti y a Ben morreándoos por todas partes como cada vez que probáis una gota de alcohol, a Harper buscándome tíos con los que tener una "noche loca" y a Ezra obligándome a beber todo tipo de bebidas asquerosas... deberías probar con otra cosa.

Ella suspira, agotada. Sabe que es difícil hacerme cambiar de opinión, pero aún así lo intenta. Siempre.

-También estará Gia. ¿No te sirve?

La cara angelical de Emma suele conseguir que todo el mundo acepte sus peticiones.

Excepto yo, que la conozco desde hace tantos años que hemos perdido la cuenta y me he vuelto totalmente inmune a sus ojos de cordero degollado.

-¿Por qué es tan importante que salga justamente hoy? ¡Está todo nevado! Y aquí tenemos la chimenea encendida. ¿No te parece mucho mejor plan?

-No- contesta Ben por ella, saliendo del baño en ese preciso momento- porque hoy por fin conocerás a mi querido compañero de prácticas y dejarás de estar tan sola y amargada.

Respiro hondo dos veces evitando lanzarle el libro que tengo entre las manos a la cabeza. Se que Ben no lo dice en serio. Pero si que ha estado un poco pesado el último mes demostrando sus intenciones de emparejarme con ese chico. Lo cual hace que, el plan de ir con ellos de fiesta, sea aún peor.

-Ni me importa estar sola, ni quiero conocer a nadie. No pienso ir. Es mi última palabra.

Emma cierra los ojos, exasperada, antes de abrir la puerta y coger su bolso.

-Algún día, te arrepentirás de no haber venido esta noche de fiesta con nosotros y entonces solo te diré una cosa.

Reprimo como puedo una sonrisa antes de preguntar: -¿Qué cosa?

-Te jodes- es su respuesta, haciendo una mueca despectiva y sacándome la lengua cuál niña pequeña.

No puedo evitar reírme cuando salen por la puerta, segundos antes de volver a meterme de lleno en la lectura.

Pierdo tanto la noción del tiempo que no soy consciente de lo tarde que es hasta que escucho pasos inestables resonando por el pasillo seguidos de risas y algún que otro golpe. Después de varios intentos en la cerradura, la puerta se abre mostrando a Emma seguida de todos nuestros amigos.

Genial, han decidido trasladar la fiesta a nuestro piso
-¡Morgan!
La voz estridente de Harper llega justo antes de sentir su cuerpo caer con fuerza sobre el mío para estrujarme en un fuerte abrazo.
-¡Ah! Vale, ya, ya. ¡Suéltame!
Me ignora, como es de esperar y sigue apretujándome la cara como si no me hubiese visto en años.
-¡Te echaba tanto de menos!
-Nos vimos ayer- respondo, intentando zafarme de su agarre.
-¡24 horas sin ver tu preciosa cara es mucho tiempo, mi querida Mormor!
-¡No me llames así!
Las risas son generales y todos empiezan a canturrear ese estúpido mote como niños de 5 años.
Resoplo cuando Harper finalmente me suelta y dejo el libro sobre la mesa.
-¿Os han echado de la discoteca?
-No
-Si
Las respuestas de Gia y Ezra llegan casi al mismo tiempo.
-No nos han echado- aclara Harper, tomando asiento frente a la chimenea que ya solo conserva las brasas- Nos han invitado cordialmente a irnos.
-Técnicamente- aclara Ben, sentándose en el otro extremo del sofá con Emma en su regazo- te han invitado a irte a ti.
Mi ceja arqueada es gesto suficiente para que empiecen a contarme los acontecimientos.
-¡Es que Gia se ha liado con Jules!
Debo de poner mi mejor expresión de no entender absolutamente nada porque, acto seguido, Ben se mete en la conversación para aclarar todos los puntos.
-Jules es mi compañero, el chico que quería presentarte. Pero... bueno, en un dramático giro de los acontecimientos, resulta que le ha gustado Gia y que...
-Morgan no iba a tener nada con él. Le he hecho un favor porque así no volveréis a darle la brasa con ese chaval- completa la aludida, cogiendo una cerveza del frigorífico.

Intento reprimir una carcajada pero fallo estrepitosamente. Tiene razón y ellos lo saben. De hecho, no es la primera vez que ocurre. Gia siempre ha sido un espíritu libre pero me conoce mejor que nadie. Suelen darme por perdida en cuanto al tema sentimental la mayoría de los días pero, cada cierto tiempo, sobre todo si se cercan fechas señaladas, insisten mucho en presentarme a algún chico. Todavía no he llegado a conocer a ninguno y, sin duda alguna, se lo debo a Gia.

-¡Pero era para Morgan!- vuelve a quejarse Harper, cruzándose de brazos- Era alto, moreno, ojos azules... ¡Podría haber sido el amor de su vida!

Esa última frase es más que suficiente para saber que, efectivamente, no quería conocerlo. En absoluto.
Algo se remueve en mi interior ante esas palabras. Se perfectamente lo que es, llevo lidiando 3 años con la misma sensación. Y la única forma de conseguir que vuelva al pozo oscuro donde lo tengo escondido todo es salir a fumar y tomar un poco de aire fresco.

En cuanto cojo mi paquete de tabaco y una manta para salir al balcón, Emma se pone de pie, dispuesta a seguirme y acompañarme.
Una vez fuera, le ofrezco fuego y espero a que hable ella primero.

-Han pasado casi 3 años, Morgan. ¿No crees que ha llegado el momento de, al menos, intentar conocer a alguien?
Suelto todo el humo de mis pulmones antes de responder.

-No. No lo necesito. Estoy bien así, soy feliz. ¿Por qué voy a volver a pasar por lo mismo otra vez?

-Nunca será igual- responde ella, mirando hacia el horizonte.
-Exacto. Nunca será igual, con nadie, porque no pienso dejar que vuelva a ocurrir. Así que no. No quiero conocer a ningún chico. Aprecio vuestro interés pero...
-Si, si. Lo que tú digas. Pero el hecho de que una vez saliera mal y te partieran el corazón, no quiere decir que siempre vaya a ser así- sentencia ella, mirándome fijamente.

Suspiro, dando una última calada a mi cigarro.
Muy en el fondo, supongo, tiene razón.
Pero no es tan fácil para mi.
Nunca lo será, porque si abro la caja de Pandora, saldrán todos los recuerdos y todas las emociones y sentimientos que he guardado bajo llave para poder seguir adelante.

"Esto es lo mejor para los dos"

La frase se repite una y otra vez en mi cabeza, como un soniquete que no acaba nunca.

El primer mes había sido el peor. Apenas conseguí levantarme de la cama. Me costaba comer y seguir con mi día a día. Había suspendido exámenes finales, faltaba a clase y estuve a punto de perder el último curso de universidad entero por culpa de eso.
Necesité una buena dosis de realidad por parte de mis amigos para decidir qué no podría seguir así siempre.Durante los primeros seis meses después de la ruptura, empecé a hacer deporte. Salía a correr, me apunté al gimnasio, di un par de clases de yoga... pero nada funcionaba realmente.

Hasta que, sin querer, descubrí el boxeo.

Fue justo lo que necesitaba. Golpear, esquivar, calcular las distancias. Concentrarme por completo en lo que estaba haciendo y olvidarme del resto del mundo.Así que, durante los últimos tres años, he estado asistiendo con regularidad a un gimnasio que queda relativamente cerca de nuestro apartamento para aprender a liberar todas mis tensiones por medio de la violencia y los golpes.

Y, sinceramente, me siento mucho mejor.

Soy plenamente consciente de que no me estoy enfrentando a mis problemas. Que he elegido el camino fácil. Pero no me siento preparada para hacerlo, no todavía.

También se que, cuanto más lo posponga, más difícil será para mí asumir todo lo que tengo dentro, pero evito pensar en ello.

Me va bien así. De momento.

-No, no  tiene por qué volver ser así- respondo, incorporándome- pero siempre hay una posibilidad.

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