- Capítulo 18- La pelea

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Llegue a mi casa con Marcus, Josh me esperaba en la puerta todo dispuesto a hablar, pero no se espero para nada que Marcus hubiera venido conmigo. 

- Josh, ¿ que quieres?- dije cortante, ya que no tenía muchas ganas de hablar con él-

- Anita, hubiera preferido que estuvieramos solos.

- Como le vuelvas a decir Anita te parto la cara, capullo.- Marcus se acerco a él estaban a centímetros, tuvo que agachar la cabeza él, ya que Josh era más bajito-

Me puse entre en medio de los dos para que no se dieran a golpes y mucho menos en la calle, ya que nos podrían oír los vecinos.

- Ya, los dos, pasemos adentro.- dije señalando la puerta que ya la había abierto yo, mientras los dos se peleaban como leones-

Nos sentamos los tres en el sofá y Josh nos empezó a contar.

Cuando Josh se fue me gire a ver a Marcus, estaba dormido, cogí una manta y lo tape, él se despertó.

- ¿Ya se ha ido ese idiota?

- Sí, bueno al parecer estará en nuestra clase una temporada, ya que- suspire- sus padres se van a divorciar, y bueno su padre estará en esta ciudad.

- Ah, y,¿ porque coño te lo cuenta a ti?

- Porque al parecer soy su única amiga- hice una sonrisa de lado-

- Ya, una amiga, ¿algo más?

- ¿ Qué?, no, porque.. espera estas insinuando- empecé a procesar todo-

- Sí, si te gusta, eso quiero decir.

- ¿Cómo me iba a gustar?- dice confundida-

No sabia porque me estaba hablando de esa forma.

- Me había equivocado contigo Ana, te gusta, por eso os besasteis, todo encaja, eres..

- Termina la frase, joder, soy una mentirosa, una falsa y...- me fallo la voz, empuje a Marcus hasta afuera-

- Vete.- dije entre lagrimas que me nublaban la vista-

Subí a mi habitación llorando, me mire al espejo y pude ver en el reflejo a mi misma, me veía, joder no otra vez, desde que había estado con Marcus no me había preocupado la comida, pero joder ahora me veía como antes, gorda.

Cogí la cinta de embalaje y me lo puse en los muslos mi mayor defecto era ese, mis malditos muslos los odiaba, me cerré en el baño y empecé a llorar desconsoladamente.





















Nenis, hasta aquí el capítulo, he llorado escribiendolo, así que no me imagino vosotrxs, nos vemos en el siguiente, bye.

MíaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora