Cuando estábamos de camino a casa se pusieron a caer gotas, ese día según el tiempo decía que iba a hacer soleado, vaya mierda de tiempo. Bueno, por suerte estábamos llegando.
Llegamos a su casa, su madre estaba en la puerta esperándonos, joder esa señora no se fiaba un pelo de mi. Pero, al parecer si que se fiaba de ese tal Josh.
- Ana, hija, ¿estás bien?, te he dejado mil mensajes.
Mientras le decía eso le tocaba la cara a Ana y a mi me miraba con cara de asco.
-Sí, mama, estoy bien, no te preocupes, con Marcus estoy bien cuidada.
En cuanto dijo eso, me hizo una mirada y una sonrisa muy dulces, de esas que te hacen que te se derrita el corazón, ejem que diga, de esas bueno, si, en fin... se entiende, ¿no?, ella és Ana, mi Ana.
-Ana, hija, tu padre esta dentro, quería hablar contigo.
Pero esta señora es tonta, osea no se da cuenta de que ella no quiere ver a su padre ni en pintura y aún así lo trae.
Ana, me dio un beso en la mejilla y me susurro un:
-Espérate, ahora vendré.
Me quede esperando a Ana un buen rato, pude oír gritos y sollozos.
Oí a alguien acercarse a la puerta.
Era Ana, antes de cerrar la puerta en las narices de su madre le dijo con gritos y sollozos al mismo tiempo:
- No pienso irme de ninguna manera, quiero estar con él, aunque no lo entiendas.
Se limpio las lagrimas que cubrían su rostro y... corrió, hacía mi.
Yo me encontraba bajo la lluvia, ya que su madre me había dicho que me mantuviera lejos de la casa; y así lo hice, pero no me dijo nada de que me mantuviera lejos de ella.
Ana me vio, corrió hacía mi y salto encima y me beso.
Un beso, cálido, muy cálido, hizo que me calentara todo, pase de tener frío a calor de un instante a otro.
Cuando terminamos de darnos ese beso, tan... caliente, me dijo:
-Marcus, puedo quedarme en tu casa, no quiero dormir hoy aquí.
-No lo sé, ya sé, nos quedamos en casa de mi abuela.
-Pero...¿vamos en bici?
-Que va, mi abuela tiene dinero, mucho dinero, aunque no lo parezca, le digo que nos pida un taxi o algo.
-No, no hace falta que se lo pidas lo pagamos los dos, la mitad.- me dijo eso y se rio, una risa contagiosa, de esas que solo puede provocar ella.
-Además nos estaríamos aprovechando de la pobre mujer y no quiero.
-Tranquila, soy yo, si fuera mi padre, no creo que le diese el dinero.
Nos reímos y pedimos un taxi.
Buenas, buenas, espero que os haya encantado este capítulo, y si os a gustado, espero que disfrutéis, del siguiente, os amo mis niñes, bye;)
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Mía
Lãng mạnElla es tan distinta a él, ambos se odian pero algo cambiará cuando él se da cuenta que la necesita a ella más que nunca, ese día lo cambiara todo. Esta es la historia de Ana Morgan y Marcus White, ellos dos enfrentaran tristeza, engaños y mucho am...
