Año 2002 – Acapulco:
Después de que se presentaron, Martin y Alicia se sentaron en la arena y platicaron durante horas, como si se conocieran de toda la vida.
Alicia, quien prácticamente no tenía amigos, se sintió tan en confianza con él que le contó su historia de vida, le comentó que durante muchos años se había dedicado solamente a cuidar a su mamá y que ahora estaba sola y sin tener adónde ir.
Entonces Martin le dijo que su mamá tenia un pequeño restaurante en la playa y que justo estaba buscando una mesera y que él haría lo posible para que ella la contratara, también le dijo que, si todo salía bien, había un cuartito en la parte de atrás del lugar donde ella podía quedarse.
También contó un poco de su vida, dijo que su mamá, doña Maruja, era muy estricta y que, aunque él ya había cumplido los 18 años, aun lo veía como un niño, pero estaba empezando a trabajar en la administración del restaurante para demostrarle que podía hacerse cargo de cosas "de adultos".
Cuando empezó a oscurecer, Martin llevó a Alicia allí y le presentó a Maruja. El chico tuvo que mentirle a su mamá, le dijo que conocía a Alicia porque la morena había trabajado en su colegio hace algunos años y ahora se había quedado sin trabajo. A Maruja le pareció un poco rara la explicación, pero por el pequeño sueldo que podía pagar, hasta el momento Alicia era la única que había estado realmente dispuesta a aceptar el trabajo, así que la contrató.
Con el paso de los días, la amistad entre Alicia y Martin fue creciendo. En los ratos libres del trabajo se ponían a platicar de muchos temas, ella siempre se sentía contenta cuando estaba con él, además de estar agradecida por lo que Martin estaba haciendo por ella.
Alicia se empezó a dar cuenta de que Martin le gustaba más de lo normal y muchas veces sentía que ella tampoco le era indiferente. Pero luego trataba de quitarse estas ideas de la cabeza, Martin apenas había salido de la adolescencia, nunca se fijaría en ella teniendo tantas chavas guapas de su edad con las que podía tener una relación.
Sin embargo, un día, mientras servía las mesas, vio a Martin platicando y riéndose con una chica. De inmediato, Alicia se sintió como una idiota, porque le dieron muchas ganas de llorar y tuvo que salir corriendo del restaurante, pero Martin se percató de eso y la siguió, dejando sola a la chava con quién platicaba.
- Alicia, ¿Qué te pasó? ¿Te sientes mal? – dijo él al encontrarla sentada en la arena, en una parte más alejada de la playa.
- Perdón por dejar a los clientes del restaurante, pero necesito estar sola. – respondió ella tratando de contener las lágrimas.
- No te voy a dejar sola, es evidente que algo te pasa. Tal vez suene raro para ti, pero siento que te conozco de toda la vida, por eso estoy seguro de que no estás bien. – insistió Martin mientras se sentaba a su lado.
- Son tonterías, de verdad. – habló Alicia mirando al mar – Será mejor que regreses, seguro que tu novia te está esperando.
Martin se quedó callado por un momento, pensando en el tono de Alicia. ¿Acaso estaba celosa?
Él había sentido algo especial por la mujer que tenia a su lado desde que la vio en el mar, un sentimiento que crecía cada día que pasaba, pero no se atrevía a confesárselo porque no creía que una mujer tan bella por dentro y por fuera como ella se fijaría en un chico que apenas había salido de la adolescencia.
- Mabe no es mi novia. – dijo mientras analizaba la situación.
- ¿No? Bueno, no importa, igual te está esperando. Ve con ella, y por favor dile a tu madre que me sentí un poquito mal y regreso al rato. – expresó, aun sin mirarlo.
- Lo que pasa es que la persona que quiero a mi lado no me ve como un hombre.
Alicia, al escucharlo, empezó a darse cuenta de que quizás sus impresiones eran ciertas y el sentimiento era mutuo, aunque fuera una locura que algo así estuviera pasando.
- ¿Estás seguro de eso? – al fin ella volteó a mirarlo.
- No puedo más, Alicia. Necesito confesarte algo que mi corazón ya no quiere ocultar. – se animó a decir. Martin quería demostrarle que ya era un adulto, por lo que tenía que actuar como tal. – La única mujer que quiero como novia eres tú, Alicia. Estoy enamorado de ti y no me importa la edad ni lo que digan los demás, yo solo quiero estar contigo.
Alicia sintió su corazón acelerarse como nunca antes. Ahora ya tenía la confirmación, los dos se habían enamorado.
- Martin... no sé si mañana me voy a arrepentir, pero también necesito ser honesta. Yo también quiero estar contigo, no sé en que momento me enamoré, pero te amo. – confesó sonriendo, aunque tenia los ojos llenos de lágrimas por la mezcla de emociones que sentía.
Y así, con el mar como testigo, la pareja se dio su primer beso, lleno de ternura y amor.
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Trampas del destino
RomanceA veces cuando la soledad parece ser el único camino, el destino se encarga de demostrar que no todo es blanco y negro. ¿Podrán Alicia y Martin superar a los problemas del pasado y del presente?