Capítulo 4

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Uzui en ningún momento dejó de mirar el futón donde se encontraba durmiendo el sujeto de barba incipiente. El semblante que en un momento estuvo molesto por el horrible dolor ahora estaba apacible en la tela blanca de la almohada, del futón y de la sabana que lo cubría. La anemia que poseía el sujeto era algo notorio.

—¿Por qué tiene ese nivel de anemia? —interrogó Tengen mientras veía a los hijos el sujeto mantenerse arrodillados a un lado de la habitación.
—¡Uzui-san! —exclamó Tanjiro—. ¡No podemos exigirles que nos digan!
—¿¡Eh!? ¿¡Acaso tengo que recordarte que este viejo casi se murió!? —señaló al mayor de los Rengoku.

Tomioka ignoró las palabras de su compañero y decidió observar a ambos hermanos quienes se encontraban inquietos por el estado de salud de su padre.

—... Rengoku, cuando subí al techo vi a un sujeto de cabellos rosas y poca ropa correr por los techos. Fue notorio saber que por su color de piel no era humano. La sangre cubría todas sus manos, estoy seguro de que era de él. —señaló al Rengoku mayor.
—Chichiue siempre les otorga sangre todas las noches. —admitió Senjuro con temor.

La declaración del menor fue suficiente para que Uzui, Tomioka y Kamado se sorprendieran. No comprendían el motivo de otorgar esa enorme cantidad de sangre.

—¿Por qué quieren saber? —interrogó Kyojuro quien a pesar de la situación todavía mantenía un gran entusiasmo. 
—Porque tu padre parece tener un pie en la tumba y otro en tierra. —dijo Tomioka con frialdad, logrando que Kyojuro bajara la vista.
—... Es una tradición que viene de hace muchos años. Siempre estuvimos vinculados con esas criaturas gracias a un ancestro. —Kyojuro comentó parte de la información sin entrar en detalles. No se atrevía a revelar todo porque no quería toparse con la furia de su progenitor. 

La atención del hermano mayor se concentró en los ojos de Tomioka al momento en que su hombro fue tocado por ese.
A la perfección ver el semblante calmado de Tomioka le traía el grato recuerdo de su difunta madre. Observó perplejo al mayor y luego le dedicó una sonrisa de alegría.
Para Tomioka la sonrisa que le dedicaba Rengoku fue algo que llamó su atención por completo. En ningún momento se imaginaba que recibiría algo así por ese desconocido.

—... Eso que viste en el techo es un demonio. —admitió Kyojuro mientras veía a Tomioka hacia los ojos.
—¿Un demonio? —preguntó Tomioka mientras sus compañeros prestaban atención a la conversación.
—Sí. Un demonio. —respondió Kyojuro.
—Eso no es posible, los demonios no existen. —intervino Tengen.
—Sí existen, y si no crees entonces no diré nada. —admitió Kyojuro.
—Rengoku, sí tu padre está en ese deplorable estado, puede que tú y tu hermano terminen así. No me agrada la idea de verlos de esa forma. —admitió Tomioka ante un expectante Kyojuro.

Rengoku aguardó silencio por varios segundos hasta que finalmente habló.

—Hace mucho tiempo, un ancestro de la familia Rengoku conoció a un sujeto el cual era un devoto fiel. Ese devoto podía juzgar el destino de las personas luego de la muerte, pero no podía dictar el destino de aquellos que tenían el perdón aunque estuvieran manchados. Este devoto le enseñó al ancestro Rengoku a como ver si un alma podría limpiarse y a donde ser enviada, algo que hasta la actualidad mantenemos en el linaje Rengoku. Un día, otro devoto apareció, era el hermano gemelo del devoto fiel y este logró establecer una extraña relación con nuestro ancestro. Según los libros, dictan que ese sujeto era un demonio y para calmar su ser nuestro ancestro cada luna llena se cortaba en los brazos para alimentar a este ser. Rogó en sus escritos que aquellos descendientes suyos siguieran con todos los rituales que él escribió, entre todos este de alimentar a esos seres. 

El silencio reinó en la habitación al escuchar toda esa explicación, dejando a los tres aventureros con la duda de cuáles serían los demás rituales que todos ellos estaban sometidos. 
Allí Kyojuro irrumpió la paz del momento para volver a hablar.

—Chichiue no nos permitió realizar el ritual de sangre, pero al menos nosotros dos podemos realizar el de Kankagari. 
—¿Y ese ritual que es? —preguntó Tanjiro. 
—... No podemos decirte, Tanjiro-kun. —dijo Senjuro comenzando a abrazarse de su hermano—. Sería... Sería pecado si te lo decimos.
—No te preocupes Senjuro, lo entiendo,  y jamás te forzaría a contarme algo. —dijo Tanjiro con gentileza, provocando que el menor de los Rengoku esbozara una pequeña sonrisa y asintiera en señal de agradecimiento.

En eso, todos los presentes guardaron silencio al escuchar un quejido provenir del mayor de los Rengoku.

—Puedo quedarme aquí en lo que queda de la noche. —sugirió Tengen. 

Los hermanos no estaban seguros, pero para Kyojuro una simple mirada hacia Tomioka fue suficiente para decidir.
De forma lenta Kyojuro se levantó junto a su hermano y acompañado de Tomioka y Tanjiro decidieron retirarse de la habitación de su padre, dejando a Tengen solo con el mayor.
Al momento en que la puerta fue cerrada, Tengen sacó una de las dagas que la anciana le otorgó antes de partir a la Finca Rengoku.
Observó por momentos el dichoso objeto vislumbrando en el mismo su propio reflejo. Luego admiró al sujeto quien dormitaba de manera impasible aunque con una apariencia un poco demacrada por la anemia. 
Tenía una oportunidad para hacerlo, perfectamente podía incrustar la daga en la herida recién curada, hacerla mortal y culpar lo que había pasado con ese supuesto demonio.
Alzó su diestra sabiendo que podía acabar con la vida del sujeto de modo rápido.

Cerró fuertemente los ojos y sin más escuchó un quejido de dolor. 

Dulces MentirasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora