Capítulo 3

482 94 17
                                        

Senjuro abrió las puertas y mostró una amplia habitación la cual tenía un extremo que daba hacia el patio trasero y el engawa del mismo. 

—Espero que les guste la habitación, iré por los futones para cada uno de ustedes. —comentó el pequeño Rengoku mientras veía lo asombrado que estaba Tengen y Tanjiro, ver aquello fue suficiente para que soltara una pequeña risa—. Siéntanse como en casa. —dijo mientras se retiraba para ir a buscar los futones. 

Era sorprendente ver una habitación tan grande y cuidada como la que tenían frente a sus ojos. Pensaban que esa estaría llena de polvo debido a que eran solo cuatro personas y suponían que no limpiarían tanto, pero se equivocaron. No existía ni una mancha en el lugar. 
Los tres se adentraron en la habitación notando que había varias estanterías de libros y pergaminos. Demasiados. 

—Seguramente se la pasan leyendo. —comentó Tengen mientras miraba todo su alrededor con determinación. No le gustaba en absoluto la habitación.
—No está mal leer. —comento Tomioka mientras veía hacia la puerta. 
—Tienen todo muy limpio, es increíble. —admiró Tanjiro con una sonrisa en su rostro. 

Por la puerta ingresó Senjuro trayendo a rastras los tres futones más las sabanas y almohadas. Tanjiro quien al notar el esfuerzo del menor fue inmediatamente a ayudarlo. 

—Permíteme, deben pesar mucho. —dijo Tanjiro dedicando una radiante sonrisa para el menor de los Rengoku. 

Las mejillas de Senjuro tomaron color al notar la sonrisa de Tanjiro mientras el asombro abordaba su semblante. De forma inmediata desvío la vista hacia abajo. 

—G-Gracias... —dijo de manera nerviosa.
—Permite que nosotros tendamos nuestras propias camas, después de todo venimos por trabajo. —musitó Tanjiro arrebatando con facilidad lo que traía Senjuro en manos.

Senjuro junto a Tengen observaron con asombro como Tanjiro en un abrir y cerrar de ojos prepararó los futones. 

—Y-Yo... —Senjuro no sabía qué decir. 
—Así es él. —respondió Tomioka quien miraba de modo expectante. 
—T-Tengan una buena noche... S-Sin embargo... Si escuchar algo por favor no salgan de su habitación. En la noche se escuchan ruidos, pero solo es el viento por los paneles de arroz. —dijo Senjuro y luego se retiró de forma apresurada, cerrando la puerta corrediza tras suyo.

Los tres observaron con asombro la reacción del menor y trataron de calmarse.

—Que extraño... —murmuró Tomioka.
—Seguramente está nervioso por ver personas, no lo culparía, vive en soledad con su hermano. —dijo Tengen.
—Tengo entendido que son tres. —comentó Tomioka.
—Es cierto, pero no lo vimos... Debe estar durmiendo, ya se está haciendo tarde. —dijo Tanjiro mientras terminaba de acomodar su propio futón. 

Los tres se acomodaron con el fin de poder dormir para despertarse temprano. De objetivo despertarse antes que los Rengoku para poder examinar todo el perímetro, en especial la puerta que se les prohibió.

—Buenas noches. —dijo Tanjiro acomodándose en su futón mientras recibía la respuesta de los dos mayores. 


(...) 


Las horas pasaron con calma. La noche era completamente silenciosa y calmada. No había ruido alguno como advirtió Senjuro o al menos fue así hasta que solo uno de ellos escuchó algo.
El sensible oído de Tengen logró captar un tenue sonido no muy lejos de donde estaban. De forma inmediata Uzui se sentó en el futón y observó hacia la puerta. 
Grata fue la sorpresa que se llevó al ver que Tanjiro también se despertó. 

—¿Qué haces despierto? —murmuró Tengen con molestia al ver a Tanjiro, pero se llevó una gran sorpresa al ver el semblante horrorizado de ese—. ¿Qué te pasa?

Tanjiro percibía un asqueroso olor a cadáver, a sangre descompuesta y al mismo tiempo a sangre fresca. 

—Siento... Olor a sangre. —dijo Tanjiro en un susurro y levantándose rápidamente de su futón provocó que Tomioka se despertara
—¿Qué sucede? —interrogó Tomioka en un susurro. 
—Dice que sintió olor a sangre. —explicó Tengen en un murmuro y allí los mayores también se levantaron.

Notaron que Tanjiro forcejeaba con la puerta y no la podía abrir. 

—Está cerrada. —susurró Tanjiro. 

En ese preciso momento Tengen captó el sonido de un gemido de dolor. Apartó con brusquedad a Kamado y de un tirón logró abrir la puerta, notando que esa estaba trancada con varios papeles, sellos de protección, cadenas y candados.

—¿¡Pero qué mierda!? —dijo en un murmuro y rápidamente se echó a correr junto a Tanjiro mientras Tomioka sin comprender mucho los seguía de atrás. 

Una vez que llegaron a las puertas donde sentían que provenía el olor y el sonido, los tres aguantaron las inmensas ganas de vomitar. 
El olor a cadáver era notoriamente fuerte y el olor a sangre fresca cada vez era mayor. 

Tomioka se adelantó a sus compañeros y mientras aguantaba la respiración abrió en par las puertas que daban a una habitación con vista hacia el patio. A simple vista se notaba que todo estaba desordenado y en el suelo había un hombre a medio vestir. 
Los tres notaron que en la engawa exterior a la habitación había un sujeto que soltó un brutal salto y corrió por los techos. 

—Iré por él, ustedes revisen si está vivo. —ordenó Tomioka mientras salía por el otro lado de la habitación y buscaba la manera de trepar hacia el techo.
—¡No me mandes! —gritó Tengen.
—¡Uzui! —exclamó Tanjiro una vez que se acercó al hombre—. ¡Está herido! 
—¿Qué está pasando? —interrogó una voz jovial desde el marco de la puerta de la habitación. Era Senjuro.
—¿Qué hacen en la habitación de Chichiue? —interrogó Kyojuro llegando tras de su hermano. 

Allí Kyojuro abandonó su típico semblante feliz al notar a su padre en el suelo.

—¡Chichiue! —exclamó horrorizado Senjuro. 

De pronto el techo de la finca se llenó de pasos. Con claridad escuchaban los pasos de Tomioka y de otras personas.

—Ellos todavía siguen aquí... —dijo Kyojuro mirando hacia el techo.
—¿Quiénes? —interrogó Tanjiro quien rápidamente fue apartado por Tengen. Estuvo a punto de replicar, pero observó lo que realizaba el mayor.

Tengen arrancó parte de su vestimenta para utilizarla como vendaje y cubrir la brutal herida que tenía el sujeto. Al notar a quien estaba auxiliando notó que era el tercero de los Rengoku.

—¿¡Qué mierda fue lo que vimos y escuchamos!? ¡Olimos como si hubiera un cadáver! —vociferó Tengen mientras cargaba al sujeto en brazos al estilo nupcial, notando que ese estaba inconsciente y demasiado pálido.
—Yo... —Senjuro no sabía como explicar lo que ocurría. 
—¿Qué fue eso? —interrogó Tanjiro observando a ambos hermanos.
—... —Kyojuro aguardó silencio hasta que su semblante tomó una gran seriedad—. Es parte de nuestra maldición. 

Tomioka logró bajar del techo, cayendo pesadamente en al engawa mientras respiraba de forma agitada. Su semblante mostraba un gran asombro, algo que para Tanjiro significaba que no estaba bien.

—Eso que iba en el techo... Era un cadáver caminante... Su olor, estoy seguro de que es de un cadáver, pero se veía extraño. —dijo Tomioka entre respiraciones.

El silencio abordó la habitación hasta que ambos hermanos se fueron corriendo en busca de un botiquín al escuchar los quejidos de dolor de su padre.

Ahora los tres guerreros sabían que dentro de los muros de la finca había más amenazas aparte de esos sujetos. 

Dulces MentirasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora