Las horas pasaron hasta que quedó poco para limpiar, lo cual era la oportunidad perfecta para que Tengen y Tanjiro aprovecharan en ir a indagar que escondía la puerta.
Tomioka cumplió su palabra y siguió limpiando cerca de la enawa. Una vez que terminó se sentó en la misma y mantuvo la calma cuando una presencia se sentó a su lado.
—¡Qué maravilloso trabajo hicieron! —exclamó Kyojuro.
Tomioka estuvo a punto de hablar hasta comenzó a sentirse mareado. Su cabeza comenzó a dar vuelta y de un momento a otro su vista se nubló. Por impulso cerró los ojos fuertemente y luego los abrió, notando que la persona que tenía adelante no era Kyojuro, pero se parecía a él.
—¿Por qué aceptaste, Michikatsu? —habló el desconocido con un tono preocupado.
Estuvo a punto de preguntarle quien era hasta que su propia boca se abrió y emitió unas palabras que no pensó. Claramente, reconoció que ese no era su propio tono de voz.
—Ellos me votaron. Yo no lo decidí.
—... —Notó como el Rengoku frente suyo portaba un semblante triste.
El rubio tomo una de las manos del cuerpo en el que ahora estaba.
»Michikatsu, no me gustaría verte sufrir en ese sacrificio solo porque ellos te consideran apto. Tanto tú como yo sabemos que no eres apto.
—... ¿No soy apto?
—Sabes por qué no lo eres.
Tomioka se sorprendió cuando empujó al rubio y gritó:
—¡Sí, lo soy, soy igual de fuerte que Yoriichi!
—¡N-No! ¡Michikatsu, no me refería a eso!
De pronto, Tomioka sintió que era sacudido y tras una numerosa serie de parpadeos, volvió a la normalidad.
Kyojuro estaba sumamente preocupado, sujetándolo de los hombros y mirándolo con desconcierto.
—¡Comenzaste a hablar solo! —exclamó el menor quien no dudó en abrazar a Giyuu—. Pensé que estabas teniendo alguna alucinación.
Tomioka estaba absorto en sus pensamientos. Era la primera vez que le pasaba algo así donde estaba en el cuerpo de otra persona y que no conocía quienes eran los que hablaban. Estaba cien por ciento seguro de que el rubio debía ser algo de la familia Rengoku, pero, ¿quién era Michikatsu? ¿Quién era ese tal Yoriichi que fue mencionado?
No podía dejar de pensar en eso y por culpa de su distracción terminó rodeando el cuerpo adverso con sus brazos, correspondiendo el abrazo.
El cuerpo de Kyojuro era sumamente cálido, más que un cuerpo ordinario y tenía un olor bastante atrayente, le recordaba al sauce o roble cuando se quemaba a fuego lento. Estaba desconcertado de que su cuerpo le pidiera ese abrazo a su adverso.
¿Acaso tuvo miedo de lo que vio?
Tanjiro y Tengen aprovecharon la oportunidad cuando Shinjuro y Senjuro fueron a reescribir todo en la biblioteca. Eran conscientes que Kyojuro probablemente fue a vigilar si terminaron de limpiar todo; confiaban en que Giyuu lograría distraer al rubio mientras ellos se adentraban a ese lugar.
Caminaron con sigilo, tratando de no ser descubiertos en su andar hacia las puertas que poseían los dos kanjis del Kankagari.
Ambos se pararon frente a esas puertas, observando ambas con total inseguridad, hasta que comenzaron a retirar cada sello, pergamino, cadena y candado con la intención de no hacer ruido. Ambos estaban nerviosos mientras quitaban cada objeto, pero el temor empeoró cuando lograron quitar todo y la puerta se mostró entreabierta.
El mayor observó al menor y asintieron al mismo tiempo.
Uzui abrió la puerta lentamente e ingresó junto a Tanjiro, pero apenas pisaron el sitio, la puerta se cerró de golpe como si alguien hubiera pasado seguro en la misma.
Ambos se giraron y observaron la puerta, pero prefirieron ignorar para ver su entorno. El sitio desde afuera parecía vacío, pero por dentro era otra cosa. Todo era completamente rojo y la única luz era la de la vela que se encontraba posada en el soporte metálico, tal como lo observó Tanjiro.
Estuvieron a punto de retroceder cuando vieron la espalda del sujeto arrodillado frente a la vela, pero lo que los dejó sin aliento fue la enorme estantería frente a ese. Numerosos cráneos con pequeñas pertenencias se encontraban posados en el mueble.
Tanjiro intentó cubrir su nariz y aguantar las arcadas ante el horripilante olor a muerte. Había tantos olores en ese lugar: desdicha, terror, maldad, tristeza, muerte y más.
Por otro lado, Tengen, quien no podía oler lo mismo que Tanjiro, si quedó congelado en su parte al reconocer a la perfección la diadema que poseía uno de los cráneos. Claramente, era uno de las diademas de su clan shinobi. Efectivamente, era la diadema de su hermano menor.
Apretó fuertemente los puños e hizo sus dientes rechinar.
—Pensé que vendrían muertos —murmuró la grave voz del sujeto, quien comenzó a pararse mostrando su predominante altura. Era un poco más alto que Tengen.
—¡Tú! —exclamó Tengen.
—Normalmente, Douma prefiere dejarme los cuerpos para que yo pueda devorarlos. Renjuro siempre viene hacia mí para saciarme cuando ellos mueren.
Tengen no comprendía a quienes nombraba esa persona que no se dignaba a verlos de frente, pero Tanjiro recordó el nombre del sueño que tuvo.
—Renjuro, ¿es Rengoku Renjuro? Él estaba preocupado de que su amigo fuese sacrificado —comentó Tanjiro en voz alta para ser escuchado por el más alto.
—¿A qué te refieres, Kamado? —murmuró Tengen.
—¿Conoces a Renjuro?
—Estoy viviendo con su familia —respondió Tanjiro.
El extraño sujeto observó por encima de su propio hombro a los menores, mostrando que poseía seis ojos, dos hileras de tres ojos. Tanjiro no se inmutó porque ya lo vislumbró una vez, pero Tengen no dudo en mostrar una mueca de desagrado. Ese extraño ser mantuvo un semblante neutro hasta que una mueca de furia abordó su semblante.
—Yoriichi —musitó mientras veía a Tanjiro. Comenzó a girarse hasta quedar cara a cara con ellos.
—¿Yoriichi? —Tanjiro recordó con quien habló Renjuro.
—¿¡Quién es Yoriichi!? —interrogó Uzui.
—¡Yoriichi! ¡Traidor bendecido!
Tanjiro se mantuvo en su posición.
»Me sacrificaste porque era más débil que tú. Querías salvarte a ti mismo para vivir una vida normal, ¡mientras yo me hundía en la miseria! —vociferó la criatura—. ¡Pero ese hombre me otorgó el poder que necesitaba para acabar contigo!
Uzui se adelantó para ir hacia la puerta y comenzar a forcejear en la misma en busca de abrirla mientras ese monstruo se aproximaba hacia Tanjiro.
Kamada se mantuvo en su lugar sin musitar ni una sola palabra. No tenía temor de la criatura; al contrario, sentía pena, pero tampoco podía dejarse comer.
Cuando reaccionó ya fue demasiado tarde.
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Dulces Mentiras
Fanfiction«Yo solo pensé que eras alguien normal. Me equivoqué, semilla de Lucifer». Cada cierta cantidad de años, un grupo de personas son seleccionadas para tratar de acabar con la maldición que azotaba por completo a una familia. Las personas dispuestas a...
