—¡Por favor! ¡No te la lleves! —gritó el hombre mientras corría hacia la engawa de su propia finca, observando como horror como aquella criatura de apariencia humana, pero de gran tamaño se llevaba entre sus brazos el cadáver de su esposa como si fuese un mero objeto—. ¡Sigo siendo fiel, siempre le entrego mi sangre a los tuyos! ¡Todos los días de mi vida hago el ritual de Kankagari junto a mis hijos que son solo unos niños! —exclamaba el humano entre lágrimas mientras rogaba—. ¡Por lo menos permíteme enterrar de manera digna a mi esposa fallecida! ¡No te la lleves!
El conocido como "Ojo negro de la Muerte" simplemente se giró para observarlo con seriedad. Esos seis ojos parecían examinarle el alma que sabía perfectamente a donde estaba condenada.
—¿Por qué debería dejarte el cuerpo de una mujer que murió por lepra? Necesito que vivas, no que enfermes. —dictó la criatura mientras se alejaba junto con sus dos compañeros los cuales se mofaban de la desesperación del humano.
Uno de esos sujetos poseía la forma de un joven musculoso con una piel bastante clara similar a un blanco brillante teñido de verde. Algunas de las líneas en su rostro se encontraban encorvadas, cruzando ambas cejas y ojos, y se extendían desde debajo de las orejas hasta las sienes; otra línea se extendía desde el centro de la línea del cabello hasta el puente de la nariz. Cabellos rosas... Pestañas rosas... Una apariencia peculiar.
El otro sujeto tenía la apariencia de un joven relativamente alto con una constitución atlética. Cabello negro increíblemente puntiagudo con dos flequillos hasta la barbilla. También tenía muchos patrones negros en forma de púas que enmarcaban su rostro.
Un horrible dolor abordó su pecho. Shinjuro tocó su propio pecho y se desplomó mientras veía como se llevaban el cuerpo sin vida de Ruka.
De pronto abrió sus ojos y encontró el mirar fucsia de un desconocido. Por error observó a los ojos del joven que tenía frente suyo y de manera inmediata intentó apartarse, pero un horrible dolor lo hizo gritar y quedarse en su lugar.
Uzui soltó con brutalidad la daga y la lanzó hacia un lado remoto de la habitación al ver como actuaba el mayor.
—¡Oye! —exclamó Uzui al ver como actuaba el viejo e intentó mantenerlo quieto en el futón—. ¡No te muevas así, tienes una brutal herida en tu cuello y una notoria anemia que hay que tratar a la antigua! —advirtió Tengen con tono preocupado.
La preocupación se hizo aún más notoria al ver como las lágrimas comenzaban a caer de los ojos del mayor el cual comenzaba a ahogarse en un deplorable hipo. La voz del mismo parecía ser furiosa, pero la triste situación no daba a entender eso.
—¡Aléjate, te he visto! ¡He visto a donde irás el día que mueras! ¡Vete de mi puta habitación! —exclamó Shinjuro.
—¿¡Eh!? —Uzui no entendía lo que decía el mayor hasta que recordó todo lo que le dijeron las demás personas del poblado y de pronto sintió temor.
¿Iba a morir allí mismo como murió su hermano mayor?
—Ja... —Uzui soltó la amarga risa mientras miraba con calma al mayor—. ¿Eso significa que me matarás?
La pregunta fue suficiente para dejar a Shinjuro perplejo.
¿Matarlo? ¿A qué se refería el desconocido?
—Yo jamás mataría a nadie a menos que esos amenacen a mis hijos... —admitió Shinjuro un poco más calmado mientras trataba de controlar su propia respiración. Era complicado.
—¿No me matarás? Pero acabas de ver donde iré... —Tengen ya no comprendía nada.
—... —Shinjuro guardó silencio mientras mostraba una mirada un poco más cansada—. Cuando cruzo la vista directamente a los ojos de las demás personas... Puedo ver a donde van a ir, pero no puedo ver el porqué son juzgadas de tal manera para ir a ese lugar... Vi belleza en ti, vi que el paraíso te esperará cuando mueras. Eso no lo vi jamás. Desde que nací jamás vi una persona que fuese guiada al paraíso... —admitió Shinjuro cerrando los ojos mientras las lágrimas seguían cayendo de sus ojos.
El asombro abordó en su totalidad el rostro del menor.
Jamás en su vida imaginó eso, mucho menos que Shinjuro no lo matara.
—Supongo que escuchaste lo que dicen las personas del pueblo... ¿No? —preguntó Shinjuro con cansancio y con una voz que cada vez iba perdiendo fuerza.
—... —Uzui aguardó silencio y simplemente asintió.
—Es una pena que todos ellos estén condenados al infierno... Siento tanta pena que por ello me ahogó en alcohol. —admitió Shinjuro mientras abría los ojos—. ¿Quién eres?
—Uzui Tengen, vine junto a unos compañeros para el trabajo. —admitió Tengen ante la mirada desaprobada de Shinjuro.
Lentamente, Shinjuro intentó negar con su cabeza.
—Sé que no vienes por eso. Nadie viene por ello... Sé que debes cargar una daga especial para matar a un demonio. —dijo Shinjuro y extendió su diestra—. Dámela. Acabaré con esto, ruego que huyas con mis hijos.
—¡Oye, no! —exclamó alarmado Uzui mientras abandonaba el origen de su misión—. ¡No te mataré, mucho menos en ese estado que estas, viejo!
—¿No me matarás? ¿Eres un cobarde?
—¿¡Eh!? ¿¡Cobarde!? ¡Si estuvieras bien ya estaría pateando tu trasero de manera extravagante! —Uzui se fue calmando—. Yo... —aguardó silenció por unos segundos. —Lo siento.
—Acepto tus disculpas.
Sin embargo, Uzui no se estaba disculpando por haber insultado a Shinjuro de esa manera, sino por casi acabar con el sujeto en su estado de debilidad.
—¿Qué fue lo que te atacó? —interrogó Tengen a Shinjuro.
—... No puedo decirte. Terminarías como los demás. —Shinjuro se negó a entrar en detalles.
—Tienes que decirlo, casi te mueres frente a todos.
—¿Frente a todos? —La atención de Rengoku se centró en el menor.
—Sí.
Shinjuro por poco sintió que se iba a hiperventilar. Sería la primera vez que sus hijos lo verían de esa manera frente a Hairou y Akaza.
—Lo siento... No quería que me vieran de esa manera. —dijo Shinjuro.
—Yo solo quiero unas explicaciones de algunas cosas, pero en especial una en concreto.
—¿Cuál sería?
—¿Te suena el apellido Uzui? Hace mucho mi hermano vino a trabajar aquí. Mismo rostro que yo, cabellos marrones, ojos del mismo color que los míos, pero serio.
—... —Shinjuro aguardó silencio y finalmente supo que responder.
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Dulces Mentiras
Fanfiction«Yo solo pensé que eras alguien normal. Me equivoqué, semilla de Lucifer». Cada cierta cantidad de años, un grupo de personas son seleccionadas para tratar de acabar con la maldición que azotaba por completo a una familia. Las personas dispuestas a...
