Capítulo 2

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Rengoku. Ese era el apellido de la familia maldita que todo el poblado decía.

Apenas recibieron todos los recursos para ir hacia esa finca fue suficiente para que se encaminaran a ese lugar. 
Por el trayecto del poblado a la finca las personas los miraban con demasiado temor, otros rezaban y otros les decían que por favor no fueran, que se marcharan. 

—¿Qué tiene de malo esa familia? —interrogó Kamado a un matrimonio de la zona. 
—Ellos dan mal augurio. Si te ven van a dictar cuál será tu destino en la otra vida. Cielo, limbo o infierno. —dijo el marido.
—El padre de familia siempre hablaba con voz misteriosa sobre ese tema, el hijo mayor con alegría y el menor lo insinuaba. Son tres seres malditos que dictan a donde irás. ¡Imagina ser bueno toda tu vida para que vengan ellos y te maldigan al inframundo! —exclamó la mujer horrorizada, temblando mientras se agarraba del brazo de su marido.

Para Tengen, Tanjiro y Giyuu todo esto era sumamente extraño. Era la primera vez que verían un ser que podía dictar en vida a donde irías a parar. 

—Todos aquí tocaremos madera y quemaremos benjuí en nombre de ustedes tres. Esperemos que salgan vivos si deciden huir. —admitió una anciana del pueblo que estaba allí.

Ninguno de los tres quedó calmado ante las palabras de los pobladores. Los dos mayores sentían que esos estaban o exagerando o sumamente aterrados por esos seres que dictaban el paraje. 
Siguieron el andar hacia la finca bajos las expectantes miradas de terror de las personas. El camino fue claramente incómodo, pero tuvieron que soportarlo.
Tras llegar a las grandes puertas de roble de la finca, tocaron del llamador y esperaron varios segundos hasta que una pequeña silueta entre abrió un poco las enormes puertas. El pequeño contrastaba claramente con el enorme tamaño de ellas.

—¿Q-Quién es? —interrogó la voz infantil. 
—¡Hola, mi nombre es Kamado Tanjiro, este es el señor Tomioka y este otro es Uzui! ¡Venimos por el puesto vacante de acompañantes! —respondió de manera alegre el joven calmado mientras que los dos mayores estaban algo más serios. 

La pequeña inseguridad del menor era notoria, pero allí decidió abrir los grandes portones para darle permiso a los tres mayores y así mostrar su propia apariencia. 
Unas cejas pobladas encima de unos altones y extraños ojos, pero lo más extraño eran los cabellos dorados que tenían dolor rojo y naranja en las puntas de algunos mechones. La melena ajena asimilaba a una flama.

—¡Vaya, es la primera vez que veo a alguien así! —exclamó Tengen mientras se acercaba al menor y lo examinaba de pies a cabeza.

El pequeño demostró su incomodidad al bajar la vista al suelo, algo que Tomioka notó e inmediatamente llamó la atención de Uzui.

—Lo asustas. —dijo con calma mientras observaba como el menor iba a cerrar los grandes portones.
—¿Cómo te llamas? —preguntó Tanjiro al pequeño rubio.
—Mi nombre es Rengoku Senjuro. —respondió el menor.

De pronto a la escena apareció un joven bastante similar al niño, solo que poseía un semblante alegre en su rostro mientras que la estruendosa voz se hacía presente. 

—¡Oh! ¿Acaso vienen por el puesto vacante? ¡Me presento, soy Rengoku Kyojuro! —vociferó el joven que se presentaba.

Los tres guerreros estaban perplejos ante el enorme parecido que tenían esos dos. Eran una réplica exacta. 

—Maldición, ¿acaso se clonan? —interrogó Tengen mientras veía a los dueños de la finca—. ¡Qué extravagante!
—No hay pruebas en contra de que no sean familiares... —comentó Tomioka. 
—¡Un gusto en conocerlo, Rengoku-san! ¡Estos son Tengen y Tomioka! —presentó Kamado.
—¡Un gusto, chicos! ¡Si me siguen al interior de la finca puedo explicarles unas pequeñas reglas y mostrarles la habitación que tendrán, aunque veo que vienen únicamente con lo puesto encima!
—Cielos... No planeábamos que hasta nos dieran morada. —comentó Uzui. 
—¡Somos muy hospitalarios aunque nadie nos visita! —comentó Kyojuro mientras caminaba por la engawa y guiaba a los demás. Tras todos ellos fue Senjuro.

Notaban a la perfección que el lugar esa sumamente enorme solo para tres personas. Era sumamente espacioso y tenía un amplio patio de entrenamiento. 

—¡Bueno! ¡La primera regla es que no entren a la habitación donde las puertas tienen los kanjis de Kankagari! ¡La segunda es que no molesten a la última habitación que da al patio trasero porque es la habitación de chichiue y ese no le agrada en absoluto las visitas! ¡Número tres, ustedes pueden utilizar todo lo que hay en la casa! ¡Y número cuatro, nosotros solo los llamaremos para lo que necesitemos, de ahí en más serán tratados como un igual! —exclamó el hermano mayor de los Rengoku y añadió—: ¿Entendido?
—Entendido. —respondieron los nuevos.

De pronto Senjuro fue quien se dedicó a guiar a los tres guerreros mientras Kyojuro frenaba su andar en el engawa y miraba el cielo. Ya casi se asomaba la noche. 
Caminó con parsimonia hacia las puertas de la habitación de su padre para informar:

—Chichiue, llegaron nuevos y casi es de noche. 

El silencio reinó por largos segundos mientras esperaba una respuesta hasta que finalmente la recibió.

—Tsk... Pon pergaminos en la puerta donde dormirán. Me encargaré de esos dos en la noche. —admitió el mayor con molesta. 
—¡Chichiue! —reclamó Kyojuro—. ¡Cuide su salud! ¡Déjeme ayudarlo en esta situación!
—¡Ya te dije que no! —vociferó el adulto mayor—. ¡Tu único deber es proteger a Senjuro, y hazlo! 
—Sí... Chichiue. —Tras decir eso Kyojuro se retiró y fue rumbo a donde su hermano guio a los jovenes. 

Shinjuro alzó la vista hacia el gran ventanal de su habitación y desde su posición vislumbró el cielo. 
Era notorio el estado demacrado que poseía. 
Mantuvo silencio hasta susurrar para el cielo:

—... Tasukete kudasai, Ruka.

Dulces MentirasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora