Tiempo de Lectura

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Capitulo 3.

El emblemático sonido de la puerta al abrirse dejo por enterado que la visita había llegado en la vieja casona de los Soto, aun así, nadie contestó el llamado de la maestra, quien buscaba sin rodeos a una señal de vida o algún habitante. La maestra Leah Flores sólo accedió en lo más profundo y oscuro del lugar recorriendo con un paraguas en mano, seguramente por protección ya que la forma en que lo sobreponía delante de si demandaba una postura de guerrera con su gran katana, entro y salio por cada cuarto del que se encontraba frente a sus ojos pero continuo sin hallar a la persona que la hizo salir de casa y dejar de lado a su querido gato gruñón Aon, camino con cautela dejando que sus pies siguieran una linea imaginaria que solo podía verla esta, tambaleo un poco al llegar al final de unos de los cientos pasillos que se integraba, pero en este oportunamente tenia salida a un jardín, al salir de el su nariz tropezó con un sin fin de aromas, dejo que sus sentidos la llevaran mas allá de su imaginación, donde las estrellas cantan y el cielo las abraza.

- ¡Maestra, por a qui! - Aquella chillona voz la hizo volver a la realidad, busco por el frondoso jardín y se dirigió donde era llamada. Prontamente ya ahí se sentó junto al muchacho que leia sumamente concentrado.
- Él es Alan. -A punto al muchacho quien levantó la vista del libro y la miro serio.
- Hola... -La maestra respondió con una sonrisa pero esta no fue bien recibida.
- Mire, mire. -Le enseñó entusiasmada a la maestra unos libros que tenia en su poder, los ojos de la robusta mujer brillaron intensamente al tener en su vista los ejemplares que poseía la niña en sus manos, ya podía verse entre las líneas de aquellas estrofas que la esperaban su ansiada lectura, Ana le entregó en las manos a su maestra el preciado tesoro de su amigo Alan, sus manos se tocaron y también sus miradas, que lo decían todo mientras le entregaba el libro.
La niña asistió y terminó con "ajá"que dibujaba una gran sonrisa en su alma.
- Tendrías que haberme preguntado antes de prestarlo -sentenció el muchacho que daba vuelta a la pagina.
- Lo siento Al, solo crei que estarías de acuerdo además tu ya lo leíste. -Él muchacho no dijo nada y solo continuó con su lectura. La maestra se sentía muy incómoda como para dirigir una palabra al muchacho de su lado, alborotó su sucio cabello y lo dejo caer por sus anchos hombros, el joven la miro con asco y continuo su lectura.
- Ana ¿y tus padres?
- Están en casa ¿que no los vio?
- No había nadie, Ana. -La sorprendida maestra dio por suponer que su alumna estaba loca, ignoró aquella suposición y creyó en una teoría mas acorde que mantenia sus pies en la realidad.
- Que extraño, nunca salen de casa, que importancia tiene ¿no?
- Está loca. -Él muchacho susurro para si mismo en voz alta, la maestra miro al joven que solo reía a carcajadas, pensó que aquel libro que leia probablemente era lo sufíciente gracioso para hacerlo reír de esa manera.
La maestra intento concentrace más allá de la portada he intentar integrarse junto a las letras impresas de cada página aún aquellos esfuerzo fueron en vano, su atención se dirigió a su bello alrededor en que se situaba, se levanto y camino hacia la huerta donde apreciaba el intenso aroma de las hortalizas.
- ¿Te gustan las verduras? -La imagen de la niña se apareció sorpresiva mente junto a la maestra, la nueva compañera de Leah estaba inquieta respecto a muchos ámbitos, la lleno de preguntas que así como algunas tenían respuestas otras no tenían sentido alguno.
- ¿Estas casada?
- No. -Respondió riendo la mujer mayor.
- ¿le gustaría tener hijos?
-Si, seria emocionante.
- ¿verano o invierno?
- Verano. -Ana se arrodillo en el suelo luego de dar un gran suspiro.
- ¿Porque verano?
- Te diré luego, tengo que marcharme.
- Está bien. -La niña se levanto con torpeza y terminó por caer al suelo húmedo, esta se quejaba y se acariciaba las piernas.
- ¿Estas bien? -Leah se apresuró a tomar la mano de la muchacha pero ella rechazo la ayuda y se apresuro a ponerse de pie.
- Si. -Dijo la niña limpiando su vestido el que quitaba cuidadosamente las hojas incrustadas en la tela.
Las dos se hicieron compañía por el camino para volver a la vieja estructura que llamaba hogar esta pequeña niña.

Al salir de ese lugar Leah creyó mejor no volver a encontrar una razón para entrar en la destruida casona de los Soto, merodeo con la última mirada perdida en el lugar antes de continuar el sendo solitario a su humilde hogar a la espera de Aon y un buen té de hierbas.

Teorema de NoetherDonde viven las historias. Descúbrelo ahora