Capítulo 10

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Decidiste escapar al aeropuerto. No eres el tipo de persona capaz de enfrentar situaciones que requieran de tanto estrés. Así fue como terminaste en una sala enorme, repleta de personas y reperidos chillidos que simulaban ser los anuncios de los vuelos que salían, junto con una pequeña mochila contigo.

 Así fue como terminaste en una sala enorme, repleta de personas y reperidos chillidos que simulaban ser los anuncios de los vuelos que salían, junto con una pequeña mochila contigo

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No necesitabas montones de ropa, sino que con una remera, un pantalón y  aquellos calzones de la suerte que pocas veces había lavado con tal de manterles la magia.

Caminaste al mostrador con la intención de hacer el check in. Luego, te dirigís al baño con tal de asegurarte que el pequeño montoncito de dinero sigue encintado en tu pecho. El gesto que provocas no es muy agradable al pensar cómo te dolerá despegar todo eso, sabiendo que no eres la persona menos peluda del universo. Vaya mierda. Lo habías visto en una peli, el actor lo había logrado de maravilla, pero a ti tan solo parecería darte una sesión de depilación casera.

Suspiras y te das cuenta que no hay vuelta atrás. Salís de aquel cubículo que tan chico te queda y te diriges a lavarte las manos aunque ni siquiera te hubieses echado un gas. Salís y cuando ya decis encaminarte a los asientos de espera, escuchas salir una maldición como pocas de una voz particular.

-¡Por la mierda del mono!

Vaya... te preguntas si es que aquella mujer que no parecía llegar a su tercera década había tenido la oportunidad de ver la mierda de un mono. No es algo que te impirte de todos modos.

-Dejame ayudarte.

-No puedo creer que esto me suceda. ¡Demonios!

-Oye, tranquila -deseás tranquilizarla, pero no te es posible.

-No puedo no hacerlo, la verdad. Debo abordar en menos de quince minutos a mi avión.

Es ahí cuando notas las prendas que lleva puestas. Falda y chaqueta de un azul tan fuerte como el mar, una camisa blanca clásica y un pequeño gorrito del mismo azul que su pollera que reposaba sobre su cabello muy bien pintado. Ella era una azafata.

-Te ayudaré a guardar las cosas.

Zapatos, pantalones, pijamas... de todo hay en el piso, gracias a la maldita rueda rota que había generado la caída de la valija.

La morena no puede verte con más cariño luego de haberla ayudado. Y tu no puedes sentirte más halagado al ver que sus hermosos ojos te enfocan a ti.

-Miles de gracias.

-No es nada, en serio -tratás que tu voz suene un poco más gruesa de lo normal, pero los nervios no te dejan.

¿Qué necesidad de hacer funcionar las hormonas cuando estás en medio de un escape? ¡No podés controlarlas!

-Gracias igual... -notás que está esperando tu nombre así que se lo das y, de paso, le preguntas el suyo.

-Pamela. ¿Qué vuelo es el tuyo?

-El 2724.

-¡Vaya, si es el mismo que atenderé hoy! -wow, te sorprendes verdaderamente-. Deja que te atienda como corresponde.

-No lo sé...

Muchas son las cosas que debes pensar en el viaje como para permitir que te anden regalando cosas.

-Vamos, seguro viajas en clase económica. Conozco a quien te dejará pasar al V.I.P. Vamos, no seas tonto...

OPCIÓN A) Agradecés el detalle, pero decidís viajar en clase económica con tal de mantener atento a todo lo que te rodea y para tener oportunidad de pensar. Ir a capítulo 11.

OPCIÓN B) Aceptás la oferta, total un poco de distracción no te vendría mal. Ir a capítulo 12.

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