Capítulo 12

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-Acepto.

Sin más nada para decir, Pamela se dirige hasta la sala de abordaje y tu decides acompañarla. Se te permite el paso a pesar de no ser el horario, pues tienes privilegios propios de una azafata.

No hay filas, ni acumulación de personas excesivamente ruidosas. Tan solo vos y esa bonita morena a la cual pareciste agradarle.

Caminas por el pasillo que te permite la entrada al avión. Es enorme... realmente grande. Te sorprende, ya que nunca habías subido a uno de esa magnitud. El viaje iba a Tailandia, de seguro muchos irían a disfrutar de una buenas vacaciones. Vos no, claro está. Vos querés alejarte lo mayor posible con tal de poder descubrir quién es esa persona que se hace pasra por vos.

-Ey... ¿te apetece?

Un vaso con algo anaranjado dentro reposa en las manos de Pamela. Jugo. Lo tomas, después de todo estás sediento.

-Gracias.

-Seguime, la sección de alta clase está en la parte delantera.

El avión constaba de tres filas. Era notable que los asientos de esa parte eran desplegables, capaces de convertirse en cama con tan solo tocar un botón.

Pasamos por muchas filas. Nadie está ocupando su lugar debido al horario. O bueno, nadie a excepción del hombre que era capaz de visualizar adelante de todo. Llegamos hasta ahí para cuando Pamela habló.

-Martín.

-Pamela -asintió con la cabeza a modo de saludo y luego me mira-. ¿Quién es él?

No hay agrado en su voz.

-Oh, un amigo. Acaba de ayudarme con un incidente.

-Ya veo... -vuelve a observarme-. Espero que no sea tan amigo como yo.

-Martín -quiso cortarlo.

-¿Cuántos años tienes eh...?

Su rostro de Dios griego te intimida. Puedes notar cierto aire de tensión entre ambos, como si una relación se formara entre ellos. No querés problemas, así que decís lo primero que se te viene a la mente.

-17...

Mentira. Tenés 20, hoy los estás cumpliendo, pero con decir que solo eres un adolescente las cosas cambiarían. Pamela no podría estar contigo, eso simplemente... eso sería ilegal.

-Ya, solo eres un niño.

La molestia te embarga, pero no permitís que te exteriorice. Pamela y Martín comparten ciertos susurros que terminan en risas y miradas calientes. Luego, la chica me lleva al asiento del otro lado del pasillo y me invita a sentarme. Lo hago y los minutos no tardan en pasar desde allí.

La comodidad es simplemente asegurada. El sueño llega, y con él el planteo sobre que todo aquello que viviste haya sido una farsa. No podría ser posible...

Un pitido comienza a tintinear de forma permanente. ¡No puede dejarte dormir! No... no querés despertarte...

Sin más tu cuerpo se eleva para ver qué sucede y te sorprende con lo que te encontrás. Tu cuarto, la alarma resonando desde tu mesa de luz. Todo había sido un sueño extraño, un loca travesía propia del último libro que había leído. Vaya locura... resultas estar sano y salvo en casa.

Parpadeas confundido y cuando alzas la mirada casi caes de la silla cuando el pastel se estampa en tu cara.

—Feliz cumpleeeeeee.

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