|SIN EDITAR|
Todo ocurrió en un suspiro.
La escena se desenvolvió como si el tiempo se hubiese ralentizado. Apenas tuvo tiempo para pensar. Era la más cercana al escenario, la más cercana a donde los dos chicos se estaban presentando. Su mente no lo procesó, pero su cuerpo reaccionó. Instinto puro.
Se interpuso entre el hechizo y los dos jóvenes.
—¡MAMÁ!
Aquel grito resonó en el Gran Comedor. Los jadeos y gritos de todos los presentes hicieron eco, sumados a los insultos y protestas de aquel pelirrojo con la mirada llena de locura, quien luchaba contra el mismísimo jefe de Aurores y el patriarca de los Malfoy, quienes lo sostenían, siendo Blaise Zabini quien lo había desarmado.
—¡Suéltenme, malditos imbéciles! —rugió, furioso.
—¡Maldita sea, Weasley, cálmate! —exclamó Draco mientras reforzaba su agarre.
—Mamá, por favor, no... —entre los gritos del pelirrojo, se podían escuchar los lamentos de cierta pelirroja, quien estaba de rodillas, sosteniendo el cuerpo de una mujer castaña, rodeada por sus familiares y amigos.
—¡Hermana! —la voz de Daphne resonó.
Sobre la tarima yacía el cuerpo inerte de Astoria Greengrass, sostenida entre los brazos de su única hija, quien lloraba de manera desconsolada.
Nadie podía creer lo que estaba pasando. Los gritos furiosos de Ronald Weasley seguían resonando en el lugar.
—Chicos, vayan con sus hermanos y con Nix —dijo Hermione fríamente, mientras comenzaba a caminar hacia donde su esposo y su hermano sostenían al que alguna vez fue su amigo.
Serpens y Abraxas miraron al pelirrojo y a su madre al mismo tiempo, para luego hacer lo que la mujer les había pedido. Comenzaron a caminar a pasos lentos hacia donde sus hermanos estaban, con expresiones aterradas, siendo abrazados por sus respectivas parejas. Pero cuando los mellizos vieron a sus hermanos mayores, estos se separaron y corrieron hacia ellos, enterrando sus rostros en los pechos fuertes de estos.
—¡Malditos, suéltenme! —continuaba gritando el pelirrojo.
—Harry, quiero que tomes en custodia inmediatamente al señor Weasley y lo lleves al Ministerio para su juicio —dijo Hermione mientras se acercaba.
—Tú... maldita sangre sucia —gruñó con ira el pelirrojo, mirando fijamente a la castaña frente a él.
—Respétala, maldito pobretón —exclamó Draco mientras le daba una patada en la espinilla al pelirrojo, haciendo que este cayera de rodillas—. Estás ante la Ministra de Magia. Sé que no tienes modales ni clase, pero ella es quien te paga el sueldo, así que ten algo de vergüenza.
—Señor Weasley, está arrestado por homicidio y uso de hechizos prohibidos —declaró Harry.
—No diré que me arrepiento de que esa perra muriera. Pero a quienes quería ver como sucios cadáveres era a sus asquerosos hijos. A esa perra y a ese maldito maricón de mierda —dijo, mientras sonreía con arrogancia, orgulloso de sus actos.
—Será mejor que cierres la boca, Ronald —dijo Harry, apretando su agarre.
—Jajajaja... ¿Creen que estoy solo?
Cuando aquellas palabras salieron de su boca, todo se oscureció. Los cristales se rompieron en pedazos y las enormes puertas del Gran Comedor se abrieron de par en par.
Y todo volvió a ser un caos.
Gritos.
Maldiciones lanzadas.
Cuerpos inertes en el suelo.
—¡Mamá! —Hermione miró a sus hijos, ahijados y sobrinos en la tarima, con los mayores defendiendo a los menores, pero ella lo sabía. Por más habilidosos que fueran, no durarían mucho tiempo.
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Viaje al pasado |PAUSADA|
FanfictionSu viaje comenzó sin que nadie lo esperara. Fue un ataque por la espalda, alguien dando su vida por salvarlos, y alguien en lágrimas pidiéndoles que vivieran. - Solo hagan lo correcto.
