01 - ¡Avada Kedavra!

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|Sin Editar|



Las luces hacían ver aún más mágico —si es que era posible— el castillo. Desde fuera del enorme salón podía escucharse la música; las decoraciones en los pasillos eran simplemente hermosas y elegantes.

—Hace mucho que no vengo a Hogwarts —dijo Hermione mientras miraba todo a su alrededor. Era como si regresara a su primer año, y por más que trató de ocultarlo en ese entonces, estaba maravillada y deslumbrada por todo aquello que era desconocido para ella.

—Hemos tenido la suerte de que nuestros hijos han sido lo suficientemente inteligentes, evitando de esa manera ser atrapados haciendo sus travesuras, ¿verdad, Serpens y Abraxas? —dijo el rubio mientras miraba a sus dos hijos mayores, los cuales comenzaron a silbar y a mirar a todos lados menos hacia sus progenitores.

—Papá, ¿cómo puedes levantarnos falsos? —dijo Abraxas, llevándose una mano al pecho y lanzándole una mirada 'herida' a su padre—. Nosotros siempre fuimos alumnos ejemplares, seguidores y respetuosos del reglamento del colegio —dramatizó el castaño.

—Además, la directora McGonagall nos odia —dijo el mayor, haciendo una mueca al mencionar el apellido de aquella bruja—. Con nosotros no pudo sacarnos del colegio, pero con los demás está a la espera de un error para poder expulsarlos —añadió Serpens, recordando sus años escolares, en los que tuvo que soportar la mirada de rencor y asco de la directora McGonagall hacia él, su hermano y sus amigos.

¿No se suponía que la directora Minerva McGonagall era una mujer sin prejuicios hacia las casas o el estatus de sangre?

Estaban seguros de que el principal motivo de odio de aquella imitación barata de Dolores Umbridge era por quiénes eran sus padres. Ya que, según ella: "Eran unos traidores y una peste que debía ser erradicada de la sociedad mágica."

Sí, la guerra mágica fue muy dolorosa.

¿Pero acaso fue la única que sufrió?

Muchos perdieron amigos y familiares. Algunos pensaban igual que ella, pero había quienes habían sufrido aún más... y no eran necesariamente del "bando de los buenos".

¿Nadie se había tomado la molestia de pensar en aquellos que se vieron obligados a unirse a las filas de ese loco psicópata? Aquella versión mágica del infame muggle Adolf Hitler, del cual su madre le había contado alguna vez, como una forma de comparar ambos mundos, dejando en claro que eran tan iguales como diferentes, siendo la mayor diferencia el uso de la magia.

¿Podrían imaginar siquiera a lo que eran sometidos, solo para convertirse en soldados perfectos en sus filas?

¿Pensar que un pequeño error podría costarles la vida de alguien que amaban?

Sí, los 'buenos' vivían con la angustia de los posibles ataques y de idear planes para sobrevivir batallas. Pero... ¿y los 'malos', que vivían con miedo cada maldito segundo de sus miserables vidas?

—¿Serpens? —el mencionado salió de sus pensamientos al escuchar la voz algo preocupada de su madre. El chico alzó la mirada; no se había dado cuenta de que la había bajado ni de que se había detenido—. ¿Hijo?

El chico soltó un largo suspiro antes de sonreír un poco.

—No te preocupes, mamá. Estoy bien —dijo, acercándose a la mujer y dejando un pequeño beso en su frente—. Solo me perdí en mis pensamientos.

Draco y Abraxas intercambiaron una mirada. No había sido necesario usar legeremancia para saber lo que el otro pensaba, pero podían imaginar qué rondaba por la mente del joven.

Draco se sintió conmovido... y culpable. Conmovido porque su hijo mayor lo comprendía y no lo juzgaba, pero culpable porque, a causa de su pasado, su familia tenía que vivir con miradas llenas de críticas.

Viaje al pasado |PAUSADA|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora