Capitulo 4

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Solo caminaba. Las calles estaban desordenadas y vacias, como si anteriormente haya pasado un estallido social. Ella reconocio que eran las calles de su pueblo natal. Pero todo se sentía extraño. Era de noche. El cielo estaba nublado con nubes negras y cargadas para una posible tormenta. Habia brisa y solo la típica basura de los asfaltos se movían impulsadas por la misma.

Rocio vio a alguien.

En la distancia se veía como una figura sombria, enana, diminuta. Pero al acercarse ella mas, logro reconocer cada vez mejor su forma. La figura la veía a ella. Era como si la estuviera esperando. Pudo reconocer su casa la cual se encontraba a un costado de el. Ese hombre no se iba a ningún lado, y ella continuaba avanzando. Antes de que se molestara en distinguir su rostro, Rocio escucho una voz criptica.

-¿Qué hiciste?-

La voz le transmitio un escalofrio en todo su cuerpo como una corriente eléctrica. Sonaba aterradora, profunda, fantasmagórica. ¿Vino de ese hombre parado frente a su casa? No. Vino de detrás suyo.

Quiso voltearse con miedo. Pero seguido de reconocer una boca animal sonriente y repleta de colmillos afilados como de tiburón desde la garganta hasta los labios, una patada muy dura le bloqueo la vista, impidiendo reconocerlo totalmente.

-Aaagghh-

En realidad era un libro lo que golpeo la frente de Rocio al haberse caído de la repisa de arriba. Pero este accidente le causo bastante dolor en la cabeza ya dañada. Un golpe que avivo nuevamente su herida. La pobre amnésica ansiaba que cicatrizara eso de una maldita vez. De todos modos, ya era la hora adecuada para levantarse de la cama.

-¿Qué paso, mi amor?-

Llego su madre preocupada de la cocina. Con solo ver la escena ya supo lo que paso.

-Uff, porquería. Te había dicho muchas veces que debias acomodar esos libros bien. No importa, ahora que estamos lo hare yo-

Rocio no quiso objetar nada y permitio a su madre actuar y refunfuñar como quisiera. Ella solo se sujetaba la cabeza, intentando calmar el dolor y acomodarse bien el casco de vendas blancas rodeando su cabeza.

-¿Qué dia es hoy?-

-Hoy es viernes-

-¿Deberia estar trabajando o algo?-

-No. Te dejaron días libres hasta que te recuperes la herida-

Rocio se veía desanimada, sentada en su cama y mirando el suelo.

-Voy a aburrirme de estar tanto tiempo aca-

-No es necesario que estes en cama. Podes venir a la cocina a que tomemos mate. Charlar un rato sobre tu memoria. Ver la televisión un poco. Incluso te diría que pudieras salir afuera a recorrer el pueblo, pero hace mucho frio. Espero que no comamos el asado de Cecilia fuera de su casa-

-Mama, ¿Ya puedo saber por que estoy asi?-

Su madre dejo de acomodar unos cuantos libros en la repisa y quiso sentarse a su lado para sonreírle con compasión.

-Se que estas ansiosa por saberlo. Pero será mejor que te lo contemos todos cuando nos reunamos en casa de Ceci, ¿si?-

-¿Por qué hay tanta vuelta con esto? ¿Qué me quieren ocultar?-

Los ojos de Rocio mostraban impotencia.

-No. Nada, querida. Es que no es fácil para nosotros decirte lo que paso-

No parecía tener sentido.

-¿Acaso yo mate a alguien?-

Su madre se vio perpleja.

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