Con pasos cada vez más seguros, Rin, sintiéndose decidida, fijó su atención en vagar por aquella casa, tratando de toparse con alguien que pudiera brindarle un poco de información sobre lo que ocurría con ella, con lo que le ocurrió, con su vista, con su atacante.
"Esposo"
Negó con la cabeza, intentando inútilmente alejar sus pensamientos de aquél horrible ser humano. Pero no tuvo éxito. Una y otra vez podía recordar, sentir todavía, cada puño contra su carne, cada patada contra cada zona, no importante cual fuese. El dolor, el primer sentimiento que le acompañó, rápido y arrollador, seguidamente de la incertidumbre, la duda en si podría sobrevivir, y por último pero no menos letal, la resignación. Y es que ella, jamás pensó que podría rendirse con algo. Lo ocurrido con Danzō Shimura fue una revelación para ella, cruda y sagaz. Rin no era de hierro, la vida le había tratado bien, más que eso, ella se sentía la más afortunada criatura del mundo. Lo tenía todo: un padre amoroso, un maestro que funcionaba también como un padre, una amiga que le quería como una madre, y una mejor amiga que era como su hermana. Las personas de la aldea le querían, y quienes no, la respetaban. No pasaba penuria como otras muchachas de su misma edad y hasta menores.
Luego llegó Danzō, quien se atrevió a tratar de quitarle aquello que le caracterizaba:
vivacidad.
Rin detuvo sus pasos.
"Fue un hombre que intentó matarme, pero fue un hombre quien me salvó la vida, y no conforme con ello, él..."
— ¿Rin?
De inmediato, ella volcó su mirada al frente, sabiendo con perfección a quien le pertenecía aquella voz.
—Papá. —murmuró sintiéndose con ganas de llorar.
—Mi niña, ¿Qué haces aquí? ¿Qué ocurrió?
El hombre que le devolvía la mirada, era alguien grande, alto, bien mantenido, pero con los años corriendo por su persona; su cabello, sus ojos, su piel, todo esto gritaba la edad. Era su papá. Estaba allí. Sus pasos terminaron convirtiéndose en apresuradas zancadas, y en solo cuestión de segundos, sus brazos estaban envolviendo lo más que se podía del cuerpo de su padre, quien aún se encontraba en un estado de confusión.
"¿Qué hace Rin aquí?"
Ella no necesitó que alguien le dijera, que soltara lo que llevaba por dentro, lo que le atrofiaba en su pecho. Lloró al momento de sentir los brazos protectores de aquél hombre que había sido el primero en su vida. Ciertamente, ya se encontraba en casa.
―Tranquila, mi niña. ―murmuró con voz cargada de sentimiento. ―Ya estás a salvo. Ya estás en casa. —dijo, sintiendo que necesitaba decirlo, sintiendo que algo había ocurrido con ella.
Y mientras aún sus lágrimas escapaban, se escuchó un alboroto proveniente de afuera.
Gritos, exclamaciones, golpes.
El hombre soltó a su hija, temiendo que ocurriera lo de hace años, con el caso del chico Uchiha. Sin pronunciar palabra, sintiendo al tope la curiosidad, la ansiedad y el temor a lo desconocido, pero aún con precaución, ambos se acercaron a un ventanal cercano.
Personas agrupadas en un solo punto, una casona. Se oían las exclamaciones:
― ¡Debemos matarlo!
―Si le permitimos crecer, ¡Irá por nosotros!
― ¡Cazará a nuestros hijos!
― ¿No recuerdan lo que ocurrió con ese monstruo de los Uchiha?
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Siluetas [ObiRin]
FanfictionHacía un tiempo atrás, él fue un niño más. Alguien lleno de sueños y esperanzas como cualquier infante solitario y maltratado. Ahora... Solamente es el monstruo vengador por delante de un joven roto. ~~~~~~~~~~~ Un fanfic de ObiRin. [EN PROCESO DE M...
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